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domingo, 1 de febrero de 2026

Bernardo Neustadt por Marcelo Longobardi

Lo encontré en YouTube y lo subo porque creo que vale la pena. Son las impresiones y experiencias de Marcelo Longobardi sobre Bernandro Neustadt. Confieso que coinido bastante. Me interesó una idea que creo que hay que tener en cuenta cuando se sube a alguien a los canales de streaming: hay periodistas que tienen el carisma de llenar la pantalla.

viernes, 4 de abril de 2025

Opinión publicada

No es una buena idea llamar cuarto poder al periodismo y tampoco jugar a que somos hermanos de los políticos. No tenemos más poder que el de los artistas o los deportistas: siempre algunos sobresalen, pero son pocos comparados con la inmensa mayoría de sufridos plumíferos. Y de los políticos mejor estar tan lejos como de la peste, pero tengo que admitir que por algo se dicen estas cosas.

Lo que pasó es que durante unos cuantos años los periodistas fuimos los altavoces del poder. Quizá por eso los políticos, tanto en el poder como en la oposición, se dedicaron afanosamente a seducirnos. Y no solo el poder político: la seducción pasó a todos los que necesitaran mejorar la opinión del púbico sobre sus personas, sus productos o sus servicios.

Al final, la publicidad retorció sus propios argumentos y la mesa del poder se equilibró con medios de ocasión que vivían más de la amistad con el poder que de la preferencia de las audiencias. Es que descubrieron que a los políticos no les importan tanto las audiencias como el equilibrio del arco político/ideológico en el ring del poder. Pero ese peso era pura ficción, que les sirvió –y quizá todavía les sirve– en sus luchas internas pero no cuando hay que pedir votos a los ciudadanos.

Las redes sociales han arreglado bastante este desequilibrio y esta ficción, y eso explica lo que está pasando en las democracias de verdad de todo el mundo.

A ver si me explico.

Pasó que la opinión pública no eran la opinión pública sino la opinión publicada. Quiero decir que los periodistas y los medios que la publicaban, no siempre –o casi nunca– eran un reflejo de las mayorías sino de sus patrocinadores.

No estoy señalando ahora a esos patrocinadores, pero baste con saber que el poder político y económico –gobiernos y organizaciones de todo tipo– corrompieron a muchos medios o sencillamente pagaron, a veces con publicidad y otras con dinero contante y sonante, a falsos periodistas y a muchos medios necesitados de esas subvenciones. Más todavía: el negocio de algunos medios que aparecieron en los últimos años no es el periodismo sino esas subvenciones. Y digo falsos periodistas porque no creo que quien venda su pluma merezca el noble nombre de quienes respetan a rajatabla la verdad.


El resultado fue la opinión publicada, esa expresión que le gustaba a don Bernardo Neustadt, seguramente porque conocía el fenómeno de primera mano aunque no llegó a conocer el efecto democratizador de las redes sociales. Hoy, con poco o nada de dinero se puede llegar a un público de miles de millones, y con un peso específico real, sobre todo para los políticos: el de los votos de esas audiencias.

El sistema es perverso y el negocio, circular. Tiene que demostrar a la vez la necesidad de manipulación de la opinión pública y la imposibilidad de conseguirlo, porque en cuanto lo consiga se acaba el negocio. Hay que sospechar que allá arriba es puro negocio y que podría darse cualquiera sea la ideología: socialismo existencial, progresismo woke, nacional populismo o anarco capitalismo. Digo allá arriba porque debajo hay una pléyade de eternos adolescentes –idiotas útiles diría Lenín– trabajando gratis para los que ganan millones: no hay negocio más pingüe que el poder.

Algunos han calificado esta situación como el fin del periodismo. Yo creo que es el principio de un periodismo sin adjetivos, porque lo que se está muriendo es la industria que usó al periodismo para enriquecerse. Se muere el pseudoperiodismo, el corrupto, el ensobrado, el subvencionado o como lo quieran llamar, que no es periodismo porque no sirve a la verdad.

viernes, 8 de junio de 2018

La hamburguesa de Daniel Hadad y mil historias más


Larga entrevista de ayer a Daniel Hadad. Es la primera de un ciclo de charlas organizado por la revista Barcelona de Buenos Aires.

sábado, 14 de junio de 2008

El fracaso de Neustadt

"Que decidan si esto para ellos es un negocio o una misión. Si es una misión, que no se asusten, que también te da plata".

Es el mensaje de Bernardo Neustadt a las nuevas generaciones de periodistas. Está en La Nación de hoy y es el extracto de una entrevista que le hizo Tamar Terzakyan -una estudiante de Comunicación de la Universidad Austral- dos días antes de su muerte. En ese texto Neustadt afirma entre líneas que hizo el dinero por tener un ideal. Primero intentó cambiar el mundo y después ganó dinero.

Siempre pensé que es así, pero no que siempre se gana dinero con los ideales en periodismo. Las causasa justas se ganan cuando de pelean, aunque se pierdan. Y perderlas no da dinero. Neustadt no solo tenía banderas, además tenía rating. Y es paradójico que él mismo confiese que fracasó. Se convirtió en multimillonario por sus ideales, pero no consiguió ninguno de sus objetivos.

El error de Bernardo fue guardarse el dinero que ganó. Quizá si lo usaba, igual que al rating, para conseguir los fines que se había propuesto, hubiera cambiado un poco la Argentina.

Cambiar el mundo, en Paper Papers, 22/4/07
Cambiar la realidad, en Paper Papers, 19/4/07
El código genético de los diarios, en Paper Papers, 5/11/06
Informar es producir hechos, en Paper Papers, 12/10/06

lunes, 9 de junio de 2008

El periodismo te elige

Dos comentarios sobre Bernardo Neustadt. El primero es un texto de Mariano Grondona, publicada en La Nación de ayer como columna (supongo que es la oración que leyó en su entierro). La otra es la columna de hoy en Crítica de Jorge Lanata. Las dos son fuertes y diferentes pero solo juntas describen cabalemente a Bernardo Neustadt. Igual tienen algo en común cuando se refieren al periodismo genético.

"...la loca pasión del periodismo lo habitó desde que tuvo uso de razón hasta su última hora. Todos aquellos que han sido llamados a ejercer el periodismo la han conocido. También sabemos que Bernardo, más que poseerla, estaba poseído por ella"

"Ese viejo temeroso que murió tenía carisma y un gran poder de comunicación. No lo usó para la gente sino para el poder. Pensó que estaba bien así, pero ¿quién no piensa que lo que uno hace siempre es lo correcto?"

El Centro Bernardo Neustadt, en Paper Papers, 7/6/08
Pregunta inducida, en Paper Papers, 6/6/08
Hoy no se cayó ningún avión, en Paper Papers, 2/6/08

sábado, 7 de junio de 2008

El Centro Bernardo Neustadt

Murió Bernardo Neustadt. Después de almorzar en su casa de Martínez, de un paro cardíaco, como todo el mundo. Hace unos días asistí a la presentación de su libro Escribir sobre el agua en la plaza Lavalle de Buenos Aires. Estaba como siempre. El encuentro me hizo recordar alguna ocasión en la que me enfrenté con las preguntas con respuesta inducida de don Bernardo: Hoy no se cayó ningún avión. Neustadt había nacido en Rumania el 9 de enero de 1925 y emigró a la Argentina con sus padres cuando tenía seis meses. A los 14 años ingresó en el diario El Mundo. En 1964 fundó la revista Todo y en 1965 el semanario Extra. En 1975 publicó la revista de economía y negocios Creer. Junto al periodista Mariano Grondona, realizó durante 30 años el programa semanal Tiempo Nuevo. Y en radio fue el conductor de numerosos programas: En privado, El clan del aire, Belgrano Show, Nuevo día, De vuelta, Prohibido para hombres y Despertando con Bernardo Neustadt. Fundó junto a Santiago Pont Lezica, FM Milenium en 1998. Su último post en el sitio bernardoneustadt.org es de ayer y en él se despide hasta el lunes. Hay que remarcar la puntería de Neustadt: murió en el día del periodista.

Neustadt era uno de los testigos de mis ganas de fundar un Centro de Estudios de Medios en Buenos Aires. Siempre pensé que sería un magnífico sponsor del Centro ya que, sin sucesores directos y con mucho dinero (dos rarezas del periodismo) podía contribuir con su patrimonio a la creación de un fondo que sirviera para solventar una institución dedicada al estudio del periodismo. Mi idea repetida era que la gente conoce a Joseph Pulitzer por los premios más que por su historia y a Nelson Poynter por el Instituto de Estudios de Medios de St. Petersburg (Florida) que lleva su nombre. Nadie los recuerda como polémicos, santos o corruptos ni como grandes operadores de sus propias ideas.

Esteban López del Pino, ex alumno mio de la Universidad Austral, conocía esos sueños con nombre y apellido y organizó una reunión a la que además me acompañó. Así que caí a la casa de don Bernardo con la idea de convertirlo de un plumazo en Centro de Estudios de Medios y arreglarle su fama para siempre. Estaba seguro de que, si conseguía viajar con él al Poynter, lo convencería. Pero Neustadt salió con su agenda de siempre y terminamos hablando de sus proyecto y no de los míos. Así nació y murió, mirando al Río de la Plata desde el ventanal de su casa colgada en la barranca y entre mis desvelos por mejorar el periodismo argentino, el Centro Bernardo Neustadt de Estudios de Medios.

viernes, 6 de junio de 2008

Pregunta inducida

La hace Infobae.com hoy y la promociona Radio 10 de Buenos Aires: ¿Cree usted que las polémicas fotomultas servirán para ordenar el caos de tránsito de la Ciudad de Buenos Aires?. Es como las típicas preguntas de Bernardo Neustadt: ¿No le parece que esta situación desatrosa nos va a llevar al caos?

Está clara la intención editorial contra una decisión del intendente-gobernador de la ciudad de Buenos Aires. Y es evidente el apriete, para decirlo en criollo.

Hoy no se cayó ningún avión, en Paper Papers, 2/6/08

lunes, 2 de junio de 2008

Hoy no se cayó ningún avión

El martes pasado asistí en Buenos Aires a la presentación de Escribir sobre el agua, el nuevo libro de Bernardo Neustadt. Neustadt es un conocido periodista argentino, medio retirado, que ya va para los 83 años. El acto se hizo al aire libre, en la plaza Lavalle, enfrente de la Sinagoga del rabino Sergio Bergman. Por amenaza de bomba debió suspenderse la presentación más formal que se iba a realizar en una conocida librería de la ciudad. Habrán asistido unas 80 a 100 personas (en su apogeo cuatro millones veían los programas de Neustadt).

Alguien me preguntó en los prolegómenos del acto qué pensaba de Neustadt y el periodismo. Ensayé entonces una explicación que trato de fijar ahora. Hay periodistas que se convierten en empresas. Eso era Neustadt al final de su carrera en la televisión argentina: toda una empresa periodística en una sola persona física. Pero Neustadt se volvió, además, operador de sus propias convicciones, como los viejos editores que ponían diarios para difundir sus ideales y peleaban a muerte por ellos. En la historia reciente argentina Neustadt conseguía objetivos que nadie lograba y lo hacía de cara al público.

Hablar con Neustadt fue siempre muy difícil si no se tenía sintonía con sus ideas. Una vez me llamó para entrevistarme en un programa de radio. Estábamos cruzados varios periodistas y recuerdo que se me entumeció el brazo de sostener el teléfono. En un momento me preguntó por las buenas noticias que no aparecen en los diarios y remató con la muletilla que solía repetir por esos tiempos: "hoy cien mil vuelos llegaron a destino, no se cayó ningún avión y no es noticia. La noticia es cuando se cae un avión ¡qué barbaridad! ¿Usted no titularía que hoy no se cayó ningún avión?" Le contesté que no y le expliqué que era una lección elemental de periodismo. Precisamente porque los aviones no se caen hay noticia cuando se cae uno. Seguir ese criterio convertiría al diario en una basura: todos los días tenía que publicar que no se cayó ningún avión, que no se murió el presidente y que no se incendió una fábrica de juguetes... No le gustó y no me llamó más.