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martes, 18 de marzo de 2025

El País y la heladería

En 1969 los primos Luis Aversa y Juan Guarracino abrieron la heladería Freddo en la esquina de Callao y Pacheco de Melo, pleno Barrio Norte de Buenos Aires. Después abrieron algunas sucursales, siempre en Buenos Aires, en las que se mantenía la calidad artesanal de un producto excelente. 

Pero en estos 56 años pasaron cosas...

La historia de Freddo puede leerse en muchos sitios. Esto es de La Nación en 2018: 
En marzo de 1999, las familias Aversa y Guarracino vendieron Freddo a The Exxel Group por US$ 82,5 millones. El grupo de inversores liderado por el empresario Juan Navarro tomó fuerza también en la década del ‘90, y llegó a manejar 75 compañías. Al año siguiente, el Exxel Group comenzó a perder fuerza. 

Poco tiempo después, comenzó a desprenderse de algunas empresas. La primera fue Freddo, en 2001, que pasó a manos del Banco Galicia. En ese momento, el banco era el principal acreedor de Freddo, que acumulaba una deuda de US$30 millones. El plan de Galicia era comprar la cadena, levantarla y después venderla. 

Tres años después, apareció el comprador: Pegasus, el fondo creado por el exvicejefe de Gabinete, Mario Quintana, que la impulsó a nivel internacional. 
Hoy está en manos de diversos grupos de inversores -entre ellos Pegasus- pero vive una realidad distinta: la heladería decidió cerrar su fábrica en Balvanera y tercerizar su producción. Además se desprenderá de los 20 locales propios para convertirlos en franquicias. Así, el total de las 120 bocas de la marca quedará en manos de terceros.

El día que los primos vendieron, Freddo dejó de ser la mejor heladería de Buenos Aires y pasó a ser una marca. Los grupos que buscan rentabilidad y Exxel Group empezó a escatimar los ingredientes para ganar más. Los helados de Freddo ya no eran los mismos y la atención en las heladerías tampoco. Ni los cucuruchos ni las cucharitas se salvaron. Y para colmo aparecieron otras heladerías que aprovecharon la ocasión para quedarse con los exigente clientes porteños, los mejores tomadores de helados del mundo (en la Argentina los helados no se beben ni se comen, se toman).

La historia de Freddo se repite en la misma y en otras industrias y hoy parece que está pasando con El País de Madrid, en manos de un grupo que buscará la rentabilidad a costa de lo que sea. Esto es lo que se me ocurre cuando veo en las noticias de estos días que Joseph Oughourlian se ha hecho cargo de la presidencia de El País (ya lo era de Prisa), después de la renuncia de Antonio Caño en febrero pasado.

Subo la nota publicada ayer en El País con la firma de su nuevo presidente. Ahora hay que esperar a ver si es verdad que apuesta realmente por la libertad y la independencia en cambio de ordeñar al gobierno del PSOE; o quizá se está anticipándose a la caída de Pedro Sánchez; o va a ponerle agua al helado...

Mi compromiso con EL PAÍS: libertad editorial e independencia

Supone para mí un auténtico orgullo asumir la presidencia de EL PAÍS. Y no solo por lo que significa representar al líder de la prensa en el mundo de habla hispana, sino por los valores que lo adornan. Mi trayectoria tanto personal como profesional siempre ha estado muy vinculada a España y a Latinoamérica, por lo que cuando decidí invertir en Prisa casi nada me era desconocido dentro del Grupo, y mucho menos EL PAÍS.

La admiración que sentía entonces por su historia no ha hecho más que acrecentarse cuando he visto cómo se trabaja dentro del periódico. Desde la directora a todos los redactores y redactoras, pasando por el equipo de gestión, todo funciona como una maquinaria de precisión en EL PAÍS. Esa es la clave de su éxito ininterrumpido desde que el 4 de mayo de 1976, hace ya casi 50 años, su primer número viera la luz. Fue una aventura arriesgada, emprendida por un grupo de inversores y profesionales capitaneados por el inolvidable Jesús de Polanco, con quien todos estamos en deuda, yo el primero, por la magnífica obra que ha dejado en nuestras manos. Una obra que ahora ha de afrontar nuevos retos, como el de profundizar en el proceso de digitalización o la expansión por Latinoamérica. Cómo afrontemos y resolvamos ambos asuntos marcará el futuro de EL PAÍS. La cifra de 400.000 suscriptores que acabamos de rebasar es muy relevante, pero debemos seguir incrementándola, y para ello nuestro desempeño en los países latinoamericanos es crucial.

Desde mi nueva responsabilidad me comprometo a cimentar que EL PAÍS siga manteniendo esa trayectoria y, por supuesto, a preservar lo más valioso que tiene: su independencia y su libertad editorial. Algo que quedó perfectamente reflejado ya en los principios fundacionales del diario. En ellos se dice, entre otras cosas, que “EL PAÍS debe ser un periódico independiente, que no pertenezca ni sea portavoz de ningún partido, asociación o grupo político, financiero o cultural, y aunque deba defender la necesidad de la libre empresa, y aunque su economía dependa del mercado publicitario, el periódico rechazará todo condicionamiento procedente de grupos económicos de presión”.

Durante sus casi 50 años de vida, la libertad editorial ha sido el pilar sobre el que se ha construido este diario, que ha sido testigo y, a veces, protagonista de los acontecimientos más relevantes de la historia reciente. En este periodo, EL PAÍS se ha ganado a pulso la confianza de los lectores y de la sociedad gracias a su continuo ejercicio de independencia que, además, ha reforzado con mecanismos de gobernanza interna tales como el Estatuto de la Redacción o el Libro de Estilo, la Biblia de nuestros profesionales.

Esa defensa de la libertad editorial y de la independencia por encima de cualquier cosa ha colocado a nuestra cabecera en situaciones críticas, tal y como sucedió, por ejemplo, la noche del 23 de febrero de 1981. EL PAÍS fue el único diario español que sacó el periódico a la calle oponiéndose al intento de golpe de Estado, con su histórico titular de portada: “Golpe de Estado. El País, con la Constitución”.

La demostrada firmeza del Grupo Prisa a la hora de preservar y defender sus principios y sus valores también le ha provocado muy duros enfrentamientos con gobiernos y partidos políticos de todas las ideologías. Conviene en este punto echar la vista atrás para recordar cómo el Ejecutivo del Partido Popular presidido por José María Aznar emprendió una auténtica cruzada contra Prisa que estuvo a punto de mandar a la cárcel al entonces presidente del Grupo, Jesús de Polanco, y a su consejero delegado, Juan Luis Cebrián.

Los grupos de comunicación libres y que cumplen escrupulosamente con su función de vigilancia social acaban por convertirse en molestos para los centros de poder, sean del cariz que sean.

Una sociedad sana, democrática, necesita unos medios de comunicación fuertes e independientes que defiendan los derechos y las libertades de los ciudadanos, más allá de intereses políticos o económicos. Una necesidad que ahora se ha puesto más de manifiesto que nunca para tratar de contrarrestar el aluvión de las fake news, de los excesos que se producen en una sociedad que vive enajenada por la crispación que nace de la polarización política y cultural. Pero, sobre todo, para responder a las injerencias gubernamentales que cada día se hacen más evidentes en todo el mundo y que van en contra de la buena praxis democrática.

En este contexto, sería inaceptable que, cuando estamos recordando que hace ya 50 años murió el dictador Francisco Franco, alguien cayera en la tentación de tratar de adueñarse de un medio de comunicación independiente desde el poder, bien directamente, bien utilizando alguna empresa estatal como instrumento.

EL PAÍS lleva casi medio siglo defendiendo la democracia, las libertades y los derechos humanos. Y yo me comprometo a que seguirá adelante con esta misión. Hoy es más necesario que nunca que mantengamos firmes nuestros valores y nuestra cerrada defensa del periodismo de calidad, pese a las presiones de todo tipo que contaminan el ejercicio de una labor honesta y profesional, basada en la libertad editorial y en la independencia. Porque, en definitiva, y recordando la frase tantas veces atribuida a George Orwell: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.

Hay de todo en los medios españoles de estos días, pero me quedo con esta columna filosa de Arcadi Espada publicada hoy mismo en El Mundo:

Pero si es 'Lily', con cuatro páginas de hierro sanchista 
El presidente de El País, Joseph Oughourlian, acusó ayer al presidente del país de tratar de apoderarse de su empresa. Este párrafo inequívoco de un artículo publicado en el diario, que se adhería, además, a las celebraciones vigentes: «Sería inaceptable que, cuando estamos recordando que hace ya 50 años murió el dictador Francisco Franco, alguien cayera en la tentación de tratar de adueñarse de un medio de comunicación independiente desde el poder, bien directamente, bien utilizando alguna empresa estatal como instrumento». Dada la magnitud técnica y el riesgo ético de la iniciativa presidencial cabría esperar que detrás hubiera una sólida necesidad ideológica. Una urgencia apocalíptica. La certeza de que el periódico había caído en manos de usurpadores, de la estirpe de Antonio Caño y otros periodistas fumigados. 
Pero no hay nada de eso. Dirigido desde hace años por una locutora ágrafa, el periódico que fue -y en el que hasta su sectarismo indeleble era útil e intelectualmente excitante- se ha convertido en una suerte de Lily para adolescentas, con cuatro páginas de hierro, de obligada inserción diaria y redactadas por cualquier terminal del llamado sanchismo, tan polifacético. El cesarismo del presidente del Gobierno está de sobras descrito. Y es posible que, como escribía profético, en tiempos, el difunto Montalbán, la lucha final pudiera darse entre sanchistas y ultrasanchistas. Pero aun con tales ponderaciones resulta impensable que el entrometimiento del presidente en el accionariado del periódico obedezca a una discusión política. El artículo de Oughourlian, legítimamente escrito en defensa propia y de su dinero, tiene un aparte retórico que no puede sostenerse. Y es que El País se haya ganado, como dice, «la confianza de los lectores y de la sociedad gracias a su continuo ejercicio de independencia». ¡Quia la independencia! Es desde la ausencia absoluta y constatable de ese rasgo de carácter como deben juzgarse las intenciones del presidente Sánchez. Su voluntad de control del periódico es una extensión particularmente obscena de una política patrimonializadora donde solo cuentan el poder y, contante, sonante y tajante, el dinero. Y no responde a otro plan que el descrito famosamente por aquel Natalio Rivas, cuando en una de sus visitas a su Órgiva caciquil logró desatar el paroxismo de sus partidarios, que una y otra vez le gritaban: «Natalico, ¡colócanos a todos!». 
Sin más titular, entradilla ni cuerpo del artículo.

martes, 27 de junio de 2017

El desplazamiento del eje comercial


Lea esta columna de Arcadi Espada en El Mundo de hoy. Los periodistas de diarios siempre hemos dedicado la mayor parte de nuestro esfuerzo a los títulos y sobre todo a los de la portada. Sabemos hace muchos años que la inmensa mayoría de los lectores solo ve fotos y lee títulos y que los que llegan al final de la nota son unos próceres que merecen monumentos en nuestras plazas. Pero como dice Espada, los títulos ahora no se cobran, son gratis, no porque cambió la ética de la profesión sino porque cambió el eje del negocio comercial del periodismo. Va el final:
Los periodistas deben asumir que la noticia y, más dolorosamente aún, la noticia exclusiva puede seguir siendo eje moral de la comunidad de lectores, pero ya no es el eje comercial. El eje comercial se ha desplazado, probablemente, del qué al cómo. Todos los elementos no automáticamente replicables del periódico, éticos pero también estéticos, es decir, lo que en términos generales puede llamarse la experiencia de lectura de un periódico, son los que van a caracterizar los únicos proyectos periodísticamente viables.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Pedro J. Ramírez se despega de El Mundo (acto enésimo)


Ya lo sabe: el domingo no apareció la columna de Pedro J. Ramírez en el diario El Mundo. Está aquí, en el sitio del autor. Lo curioso es que no era contra el diario sino contra el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Esta fue la señal de ruptura definitiva, que usted puede leer aquí y aquí. Aquí también, pero agrega la noticia que pretenden que no funde medio alguno en los próximos quince meses... que es el próximo paso y el próximo medio y quizá hasta la muerte del diario El Mundo. Ahora lea esto, es de Arcadi Espada y lo publica... El Mundo.Y esta de hoy, también de Alberto Lardiés en VozPópuli. Mientras, Ramírez habla estos días sin pelos en la lengua desde sus cuentas de Twitter y de Facebook.

lunes, 15 de julio de 2013

Pobre de mí sin un periódico en la mano


Ayer, con el Pobre de mí, terminaron las fiestas de San Fermín en Pamplona y las muletas de mozo de Arcadi Espada (foto EFE).

sábado, 7 de julio de 2012

Muleta de mozo



Enumera en pasado Arcadi Espada entre las utilidades de los periódicos la muleta de mozo de Fermín. Esta es, en el encierro de esta mañana en la calle de la Estafeta de Pamplona (foto EFE). Gracias CZC.

sábado, 30 de junio de 2012

Qué fueron los diarios


Detrás de este texto de Arcadi Espada hay un libro del que venimos hablando con El Gran Carlos desde hace dos años. Mientras hablamos, Espada escribe:
Recuerda.  
Los periódicos aliviaron tu pecho del frío cuando bajabas a tumba abierta el Galibier. Protegieron tu vida de loza en las mudanzas. Limpiaron tu culo. Conservaron el calor de tus castañas. Descapullaron tus calçots. Envolvieron tus plátanos. Doblaron el espinazo de tus arenques. Hechos un puño, se llevaron la humedad de tus zapatos viejos y evitaron la joroba de los nuevos. Fueron el mejor lienzo de los lienzos que intentaste. Fueron pajaritos y barcos, en tierra. Fueron el fuego del hogar. Madera. La única transparencia eficaz de tus cristales. Damero del suelo mojado de tu madre cuando tardaba en secar. Valieron de antorcha y de ahí viene, fucking fackel!, Karl Kraus. Fueron sábanas de mendigo. Suelo de jaulas de animal. Anónimos cajetines tipográficos para secuestros o mensajes de amor. Fueron muleta de mozos, Fermín. Gorro de Napoleón. Capucha bajo la lluvia. Filtro solar de aquel padre que se vestía por los pies y se dormía por la cabeza. Fueron proyectiles masticados desde los cañones Bic. Troceados y encolados se hicieron carne de marionetas. Cuidaron de muebles, enchufes e interruptores en el zafarrancho del gotelé. Fueron máscara de tus juegos de fantasma. Disimularon: el ojo del detective en la esquina, tu revista porno en el autobús. Sirvieron para darte aires: abanico y estatus de tipo de interés por el paseo. Doblados, duros, empalmados, abrieron botellas de cerveza. A punto estuvieron de dejar a España sin moscas. Fueron la objetividad de la mesa coja. El último escaparate de las crisis del comercio. Noble ataúd de las mondas de patatas. El forro de la basura. Fueron estiércol. Fueron balón. Fueron peso: las primeras monedas que ganaste en el trapero. Fueron acero para los cristales que temblaban por las bombas. Libreta de notas. Fueron el estudio de Joan Brossa, su cielo y su suelo. Fueron falsos billetes en la maleta del gángster. Secaron tinta, flores, pezones de vacas, insectos. Generaron electricidad: el puro bruto papel, digo, sin necesidad de que fuera leído. Fueron tu escondite cuando llorabas. 
Fueron.
A uno le ha gustado mucho más lo de Arcadi Espada que este viejo post que enumera las razones para considerar al periódico mejor que internet.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Manifiesto para periodistas sencillos


Tim Radford se ha jubilado. Después de editar millones de frases en las secciones de Ciencia, Cartas al Director y Cultura de The Guardian y en las revistas de Elsevier, el veterano periodista ha publicado este manifiesto que uno ha traducido lo mejor posible porque es una pena perdérserlo por no saber inglés. Si saben es mejor que lean el original. Es más divertido y, bueno… ¡es el original!
1. Cuando te sientes a escribir habrá una sola persona importante en tu vida. Se trata de alguien a quien jamás verás llamado lector.
2. No escribes para impresionar al científico al que acabas de entrevistar, ni al profesor que fue decisivo para tu graduación, ni al editor estúpido que te rechazó o a esa persona tan atractiva que acabas de conocer en la fiesta y sabía que eras periodista (o a su madre). Escribes para impresionar a alguien que está colgado de la barra del metro entre las estaciones de Parsons Green y Putney y que dejaría de leerte en un milisegundo si pudiera hacer algo mejor.
3. Así pues, la primera frase de tu artículo será la más importante en su vida y luego la segunda y la tercera. Porque, a pesar de que tú –empleado, apóstol o apologista– te sientas obligado a escribir, nunca nadie está obligado a leer.
4. El periodismo es importante. Pero uno nunca debe engreírse con esa importancia. Nada mejor que la pomposidad para llevar al lector a cambiar tu pieza por el crucigrama o los resultados hípicos. Por tanto, las palabras simples, las ideas claras y las frases cortas son de vital importancia. Y también un toque irreverente.
5. Una frase que merecería ser grabada en la funda de tu computador: “Nadie se quejará jamás si escribes algo fácil de entender.”
6. Otra cosa que debes recordar cada vez que te sientes ante el teclado: “Nadie tiene por qué leer esta mierda”.
7. En caso de duda, asume que el lector no sabe nada. Sin embargo, nunca cometas el error de suponer que es estúpido. El error clásico en periodismo es sobreestimar lo que el lector sabe y subestimar su inteligencia.
8. La vida es complicada, pero el periodismo no puede ser complicado. Precisamente porque asuntos como la medicina, la política, la contabilidad o las ordenanzas de Mornington Crescent son complicados, los lectores recurren a The Guardian, o a la BBC, o a The Lancet. Porque tienen la esperanza de que se los expliquen de forma sencilla.
9. O sea, si un asunto está tan enredado como un plato de espaguetis, tu texto consiste en un solo espagueti cuidadosamente extraído del plato. Lo ideal sería que además llevara adherida salsa de aceite, ajo y tomate. El lector agradecerá que le hayas dado una parte simple y no todo el enredo del plato. Porque (a) el lector sabe que la vida es complicada y agradece que alguien le explique con claridad al menos un fragmento, y (b) porque nadie lee informaciones que sugieren algo como “lo que sigue es inexplicablemente complicado...”
10. Por lo tanto, una regla básica es esta: una información solo debe contener una gran historia. Si te sientes aguerrido para lidiar con cuatro grandes asuntos de una historia, haz que el entrelazamiento de esos asuntos sea el argumento de tu información. Puedes agregar algún elemento picante pero solo si no te aparta del único argumento narrativo que hayas elegido.
11. Una observación. Ni se te ocurra empezar a escribir hasta que no hayas decidido cuál será tu argumento y no puedas decirlo en una sola frase. Pregúntate luego si tu madre escucharía esa frase durante más de un microsegundo antes de dedicarse de nuevo a la plancha. Porque cuando quieras venderle un artículo a tu editor recibirás ese mismo nivel de atención. Así que ten mucho cuidado con esa frase. Además, esa frase será a menudo –no siempre, pero muchas veces– la primera frase de tu artículo.
12. Siempre hay una primera frase –una introducción, una entrada…– ideal para cualquier artículo. Pensar en ella antes de empezar a escribir ayuda de verdad: descubrirás que las siguientes frases se escriben casi solas y muy rápidamente. Esto no significa que seas simplista, facilón, superficial o pícaro. Ni tampoco un superdotado. Solo significa que has dado con la entrada idónea.
13. Un periodista no debe sentirse insultado si lo llaman “simplista”, “facilón”, “superficial” o “pícaro”. Cuando paga por un periódico, el comprador desea que la información le llegue con facilidad y rapidez, sin notas ni referencias oscuras o aclaraciones a pie de página.
14. "Sensacional" o "trivial" no son insultos para un periodista. Uno lee lo que lee –teatro isabelino, novelas rusas, cómics franceses, novela negra americana…– porque algo en esas obras apela a su sentido de la emoción, del humor, del romance o de la ironía. El buen periodismo debe ofrecer sensación de humor, de emoción, de intensidad o acidez. “Trivial” es el insulto favorito de los estudiosos. Pero incluso ellos se interesaron por su objeto de estudio porque se sintieron atraídos por algo brillante, llamativo y, en efecto, trivial.
15. Las palabras tienen significado. Debes respetarlo. Ve a la raíz [be radical]: búscalos en el diccionario, averigua de dónde vienen. Luego, utilízalos de forma adecuada. [No hagas alarde de autoridad porque eso puede demostrar tu ignorancia. No te metas por un camino complicado sin preguntarte antes cómo piensas recorrerlo (el original es un juego de palabras y significados que pillo pero no sé traducir bien)].
16. La regla dice que debes huir de los clichés como de la peste. Excepto cuando das con el cliché adecuado. Te sorprendería lo útil que es un buen cliché usado con criterio. Porque en el periodismo no siempre tienes que ser tan inteligente, pero siempre tienes que ser muy rápido.
17. Las metáforas son buenísimas. Eso sí, no las elijas disparatadas y nunca, nunca las mezcles. En The Guardian, los copy-editors [en los diarios británicos los llaman “sub[editor]s”] concedían el premio “Piraña Amordazada”, una especie de Oscar de la incompetencia que toma el nombre de un reportero de laboral, que advirtió al mundo que “los gatos monteses del congreso del Sindicato se ocultan en la maleza, dispuestos a saltar como pirañas si no son amordazados”. George Orwell informa de un diputado que dijo: “el pulpo fascista calzado con botas [jackbooted] ha entonado el canto del cisne”.
18. Ojo con hacerse el enrollado, el buena onda. Cuando Moisés ordenó a sus comandantes que degollaran a todos los madianitas no lo hizo para demostrar que él era muy duro. Cuando advirtió al Faraón que dejara ir a su pueblo no le dijo: “colega, déjanos sitio, ¿no?” y el Faraón tampoco respondió: “ni de coña, tío”. El habla de taberna o de café tiene su propio ritmo, su propio lenguaje corporal, sus propias señales. El habla de la página de diario no tiene acento, no hay tono de voz que señalice la ironía, la comedia o la broma. Debe ser directo, claro y vívido. Y para eso es preciso que respete la gramática oficial.
19. Cuidado con las palabras largas y absurdas, con la jerga. Esto es doblemente importante si eres periodista científico, pues de vez en cuando tendrás que manejar palabras que no utiliza ningún ser humano normal: fenotipo, mitocondria, inflación cósmica, campana de Gauss, isostasia… Así que no es necesario que, además, digas “radiante” y “dichoso” en lugar de “brillante” y “feliz”.
20. Es mejor el inglés que el latín [la lengua ordinaria que la culta]. No extermines, mata. No salives, que se te caiga la baba. No incineres, quema. Moisés no le dijo al Faraón: “La consecuencia de no liberar a cierto grupo étnico podría dar lugar en última instancia a algún tipo de manifestación de las algas en la principal cuenca hidrográfica, con resultados imprevisibles para la flora y la fauna, que podrían afectar al consumo humano.” No. Le dijo: "las aguas del río se convertirán en sangre, los peces que hay en él morirán y el río apestará.”
21. La gente siempre respondemos a lo que nos es próximo. Los ciudadanos del sur de Londres deberían preocuparse más por la reforma económica en Surinam que del próximo resultado del Millwall [un equipo de fútbol del sureste de Londres], pero la mayoría no lo hace. Acéptalo. El 24 de noviembre de 1963, el Hull Daily Mail me mandó buscar un ángulo local sobre el asesinato del presidente Kennedy. Hasta que no encontré este arranque: "Los ciudadanos de Hull estaban ayer de luto...", no me dejaron seguir explicando todo lo que había pasado en Dallas.
22. Lee. Lee un montón de cosas diferentes. La Biblia del Rey Jaime y Dickens y los poemas de Shelley y Marvel Comics y novelas de Chester Himes y Dashiell Hammett. Fíjate en las maravillas que puedes hacer con las palabras. Mira la forma en que esos autores evocan mundos enteros en apenas media página.
23. Cuidado con los definitivos. El último caballo en el abrevadero de Surrey quizá no sea el último en el de Godalming. Casi siempre hay alguien que es más grande, más rápido, más viejo, más precoz, más rico o más nauseabundo que el candidato a quien acabas de calificar con ese superlativo. Ahórrate la molestia. Escribir “uno de los primeros...” te sacará del apuro. Si no puedes, sigue la norma: escribe “según el Libro Guinness de los Récords...”, "según la lista de los más ricos del Sunday Times..." y así.
24. Hay cosas que el buen gusto y la ley no permiten escribir. Mis favoritos son “Asesino absuelto” y (en un reportaje sobre una obra de teatro sobre la Pascua de Resurrección) “Paul Myers, que interpretó a Jesucristo, fue la estrella del espectáculo.” Examina qué textos son de mal gusto y cuáles te pueden costar hasta medio millón de libras por palabra.
25. Los periodistas tienen una responsabilidad que no es sólo legal. Por tanto, busca la verdad. Si es difícil de alcanzar, y a menudo lo es, por lo menos busca la imparcialidad y sé consciente de que la historia siempre tiene otras caras. Cuidado con las apelaciones a la objetividad. Son las más sospechosas entre todas. Puedes informar que la Royal Society dice que la modificación genética es una buena cosa y que el uranio empobrecido es casi inofensivo. Pero debes recordar que quienes inventaron la modificación genética fueron incorporados inmediatamente a la Royal Society por miembros de esa entidad que entraron porque sabían cómo enriquecer barras de combustible de uranio y empobrecer el sobrante. Parafraseando a Mandy Rice-Davies, diríamos: "¿qué otra cosa podían hacer, no?".

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Cómo el diario Público (Portgual) trata con las fuentes anónimas, via Ponto Media.
6 ways journalists can clean their copy, commit fewer errors, en Poynter.
Los 10 mandamientos de Gay Talese, en Arcadia.com

miércoles, 4 de abril de 2012

Reinhard Gäde (1937-2012)

Reinhard Gäde, entonces
Usted quizá no lo sabe pero este hombre, que murió el pasado sábado, influyó en su vida. Se lo voy a explicar.

Estas eran las portadas de los diarios que vestían los quioscos de Madrid el 4 de mayo de 1976, menos de un año después de la muerte del dictador Francisco Franco (no están a escala pero todos eran tabloides de diversas medidas):

Los tres de la izquierda son matutinos. Los de la derecha, vespertinos.

Ese mismo día, hacia las seis de la tarde, con mucho retraso, apareció en esos quioscos un nuevo diario. "Para la gente que piensa", decía su publicidad. Era este:


Compárelo con el resto de sus colegas madrileños de quiosco, de los que sólo sobrevive ABC. Esa presencia gráfica impresiona ¿verdad? Pues su autor es Reinhard Gäde, junto a sus escuderos Julio Alonso, fallecido en febrero de 2009, y Fermín Vílchez.

El modelo gráfico de El País, tan germánico, tuvo un impacto colosal. En años sucesivos sería copiado más o menos irreflexivamente por casi toda la prensa española. Tan dominante era su influencia que el último estándar de ocho columnas en pasar a tabloide, Diario de Navarra, explicaba a sus lectores que adquiría "el mismo tamaño que El País" y que su gráfica sería "como El País". Esto ocurría… ¡en 1984!, ocho años después de la aparición del diario madrileño.

El visual de Gäde se había convertido en referencia. La única hasta que el 3 de octubre de 1989 apareció un paradigma gráfico diferente: La Vanguardia rediseñada por Walter Bernard y Milton Glaser.

El diseño de El País respondía a un propósito editorial preciso y no a un esquema de producción o a un afán estético. En uno de los memorandos elaborados por los promotores del diario unos meses antes del lanzamiento, bajo el epígrafe "1.-Prioridad de la información", se lee:
En un medio en el que la prensa ha sido manipulada y dirigida durante varias décadas, puede no ser ociosa la afirmación siguiente: el propósito de un periódico como el que queremos hacer consiste en informar a sus lectores. Proponer este punto de partida en Londres o en París produciría tanta perplejidad como afirmar la existencia del Támesis o del Sena. Pero no es una precaución gratuita en una latitud en la que, todavía en fecha reciente, 1971, el ministro de Información sostenía que la misión de la prensa era la de ser un instrumento al servicio de los intereses del Estado.
Gäde dio a ese propósito encarnadura visual y a él sujetó su arte y su técnica, a las que consideraba caras de la misma moneda. Nuestro hombre, un báltico de Lübeck, había estudiado artes gráficas en la férrea e industrial Essen y estaba muy influido por la Bauhaus, cuyo principio inspirador es bien conocido: la forma sigue a la función.

En esta misma línea, otra fuerte inspiración de Gäde fue Stanley Morison, el tipógrafo británico que diseñó la letra Times para The Times. Para Morison, "la tipografía es el medio eficaz para conseguir un fin esencialmente utilitario y sólo accidentalmente estético, ya que el goce visual de las formas constituye rara vez la aspiración principal del lector. Por tanto, es equivocada cualquier disposición del material de imprenta que, sea por la causa que sea, produzca el efecto de interponerse entre el autor y el lector".

Los que conocieron a Gäde dicen que era muy, pero que muy estricto al respecto. El diseño debía ser transparente. De ahí todos los criterios básicos de confección que estableció: el texto debe leerse continuadamente, sin ser jamás interrumpido por otros elementos gráficos (fotos, sumarios, destacados…); el diario no debe gritar (36 puntos era el cuerpo máximo de titulares) y su tono debe ser dialogante; modularidad; jerarquización asociada a formatos fijos; elementos fijos de navegación, etcétera. Todo lo que hoy es normal.

En fin, Gäde fue el primer Director de Arte que merece ser llamado tal en la prensa española. Definió ese oficio, hizo escuela y, sobre todo, su patronaje gráfico concretó el modo de hacer y de ver los diarios que es aún hoy la forma mental que tiene ese objeto en tres generaciones de lectores. Imponente.

Fermín Vílchez tiene todo muy explicado en su imprescindible "Historia gráfica de la prensa diaria española 1758-1976". Él ha escrito para Esta Casa unas líneas sobre su maestro Gäde. Aquí van:
El alemán Reinhard Gäde (1937-2012) es y será siempre el precursor del moderno diseño periodístico español. El concepto gráfico que plasmó en El País supuso una gran transformación, por no decir revolución, en la apariencia de los rotativos editados en España hasta 1976, año de aparición de la cabecera madrileña. No cabe duda alguna, para cualquier investigador del periodismo, que existe un antes y un después de El País en la historia de la forma gráfica de los diarios impresos, y que con Gäde comienza la etapa más esplendorosa de la confección de los periódicos cotidianos. Etapa que todavía perdura pese a la crisis de los medios de papel. Ahora que Reinhard nos ha dejado definitivamente y sus cenizas han sido esparcidas en el mar que rodea a Peñíscola –su segunda residencia después de Chinchón–, es el momento de no olvidar su trabajo en El País, donde sobresalieron la funcionalidad, la elegancia y la legibilidad, aparte de los elementos estéticos. Hoy, casi 36 años más tarde, el diseño que inventó Gäde para El País sigue siendo un magnífico y modélico ejemplo del buen hacer en la concepción y realización de un periódico.
El País no ha hecho, hasta hoy, mucha justicia a Gäde. No son pocos los colegas que han lamentado el mezquino obituario que el diario dedicó a quien le dio figura, presencia y vestido. Creo que lo corregirán pero… qué pena.

En recuerdo de Reinhard Gäde, Director de Arte. Darío Valcárcel, en Política Exterior, 02/04/12
El alemán que diseñó El País, de Fermín Vílchez, en El País, 03/04/12
La belleza gris. Arcadi Espada, en El Mundo por dentro y por fuera, 03/04/12
El alemán. Javier Errea, en Erreadas, 04/04/12
Reinhard Gäde, en Encajabaja, 10/04/12

sábado, 17 de julio de 2010

No periodistas, no party

"Se acabó el periodismo de papel, pero no el papel del periodismo", era uno de los eslóganes del diario digital Factual, lanzado en noviembre de 2009. Arcadi Espada, que fue su promotor y primer director, dimitió en enero de 2010. Le sucedieron otros tres directores. El pasado jueves, Factual bajó la persiana. Empezaron con 20 periodistas y han acabado ocho –incluidos tres becarios/pasantes.

El pasado día 8, Estrella Digital –otro nativo digital– anunció que reducía su plantilla de 18 periodistas a uno más varios colaboradores, cifra que la empresa "considera suficiente para continuar con la actividad y mantener el periódico digital en la red". Entre noviembre de 2009 y mayo de 2010 otros trece empleados abandonaron el medio sabiendo la que les esperaba. Estrella Digital sigue abierto y la empresa asegura que tiene planes para remontar el medio.

¿Sin periodistas?

Con motivo del cierre de Soitu, decía Esta Casa que esas desapariciones no son fallas:
[…] Son pasos necesarios de una industria que nace y debe despegarse de su madre. Hasta que no se reinvente el medio sufrirán estos dolores de parto. Después solo quedará el parecido en algunos nombres, del mismo modo que la industria de los automóviles todavía muestra señales de los coches tirados/jalados por caballos.

Ese paso es necesario y alguien lo tiene que dar. Es el precio de la transición y lo pagan los pioneros ansiosos.
¿Sin periodistas?

A todos los más de 166 diarios de papel de EEUU cerrados desde 2008 a hoy les pasó algo parecido: les faltaron periodistas. Y no me refiero al número: les faltó periodismo. Sin periodismo no hay negocio. Esos cierres destruyeron 35.000 puestos de trabajo.

¿Sobran periodistas? Quizá. A uno le parece que, sobre todo, sobran empresarios como los de Factual, Soitu y Estrella Digital.

jueves, 28 de enero de 2010

Espada era la de Damocles

La noticia pasó inadvertida detrás del iPad que sostenía ayer Steve Jobs en San Francisco. Arcadi Espada se fue de Factual y dejó huérfano el proyecto de periodismo de autor antes de probarse el traje. Ahora Factual será como el Bulli pero sin Ferran Adrià.

Dice Espada:
Este es el último ejemplar de Factual que llevará mi firma. Las razones se resumen en dos: el recorte que pretende aplicar la empresa al presupuesto de funcionamiento y sus discrepancias con el modelo y la orientación del periódico. Todo aquel que invierte su dinero en un negocio tiene derecho a ejercer su control sobre él. Del mismo modo también lo tengo yo a proteger el sentido de un modelo periodístico en el que he trabajado durante los dos últimos años. Este tiempo impide que Factual pueda ser considerado una breve experiencia personal. Su gestación y desarrollo ha sido además una experiencia intelectual muy emocionante. Gran parte del premio que me llevo se debe al trabajo, duro, cómplice y bienhumorado, de unos periodistas ejemplares que han escrito algunas líneas (pocas, desdichadamente) de lo que debe ser un periódico de su tiempo. Fuera de los archivos, nada hay más triste y desencajado que un periódico de ayer. Una palabra más, para los lectores. Factual ha logrado crear en muy poco tiempo una comunidad. Una comunidad, además, de miles de lectores que pagan, en una modalidad u otra, por sus contenidos, y que también en este sentido diseñan el único periodismo posible de nuestro tiempo. A todo ellos los convocó Factual a partir de un contrato detallado. Por lo que a mí respecta lamento no estar ya en condiciones de poder garantizar su cumplimiento. (sigue)
Dice la redacción:
Los redactores de Factual queremos, con esta nota, expresar nuestra sorpresa y nuestro más sincero pesar por la decisión que ha tomado nuestro director, Arcadi Espada. Fue él quien convocó a todos los miembros de este equipo con razones claras, contundentes, apasionantes: hacer un diario cuya vocación fuera mostrar los hechos de la actualidad -¡periodismo!- y que además ofreciera al lector un lugar bello y cálido. Creemos que en este cortísimo tiempo, así ha sido. Por eso nos pesa especialmente que posibles discrepancias entre la empresa editora y Espada nos priven de su dirección. En este momento, lo único que sabemos es que los editores de Factual tienen pensado seguir adelante con el periódico. A la espera de sus decisiones, sólo podemos agradecer a Arcadi Espada la confianza que generosamente ha depositado en nosotros y, por encima de todo, la existencia de Factual.
Dice la Empresa:
Arcadi Espada ha decidido dimitir irrevocablemente como Director de Factual. Las decisiones son libres, se asumen pero no por ello han de ser queridas. Ésta no lo es por parte del grupo editorial de Factual. Para Arcadi no tenemos más que agradecimientos. Agradecemos su dedicación, su empeño, que haya puesto parte de su inteligencia en el proyecto, su participación imprescindible en el lanzamiento , su capacidad para hacer del trabajo duro una ilusión, en fin. Arcadi ha dimitido y Factual, segurirá y espera seguir contando con su colaboración. No entraremos en los motivos de su decisión, pero el proyecto Factual segurirá contando con él y con todos los que unieron sus esfuerzos para crear una cabecera con la intención que fuera la referencia de un periodismo nuevo. Muchos caminos angostos se van ensanchado paulatinamente, tomando decisiones que, aunque sean en mayor o menor medida criticados, se adoptan con el único objetivo de consolidar un proyecto inicial, y en ese empeño seguirá dedicada la editorial, para cumplir el compromiso con sus lectores y amigos. La nueva dirección del diario la asumirá Juan Carlos Girauta . Este cambio conlleva nuevos desafios e innovadores planteamientos en la estrategía y enfoque del diario.
Digo yo:
El futuro se nos está muriendo antes de tiempo -ya pasó con Soitu.es- mientras la muerte de los diarios que sobran reanima los que quedan vivos. Solo lamento que se haya ido Cristina Fallaras (me gusta como escribe)

viernes, 27 de noviembre de 2009

¿Compraría un traje sin probarlo?

En las librerías dejan tocar los libros y hasta leerlos completos antes de comprarlos. No hay perfumerías sin testers ni verduleros que no calen la sandía... Hasta en la última fiambrería palpamos y olemos el camembert para probar su punto y en el restaurante más cuchincho probamos el vino antes de beberlo. En las casas de electrónica todo se puede ensayar, medir, golpear...

Se me van las ganas de comprar cuando no hay ganas de vender, por eso evito comprar en los quioscos que no permiten hojear diarios y revistas.

Pero ahora Arcadi Espada pretende que le paguemos 50 euros para suscribirnos al diario Factual que todavía no existe. Claro que esa suma da privilegios: ser Fundador, como el brandy y ¡vistar la redacción! pero solo en los primeros 100 días desde de la aparición de Factual (aclaro que cualquier redacción del mundo se visita gratis y cuando se te da la gana).

Lo del traje sin probarlo y comprar los libros después de leerlos lo aprendí en una escena de la película 84 Charing Cross Road, (Nunca la vi, siempre la amé en España; Nunca te vi, siempre te amé en la Argentina), de David Hugh Jones, con Anne Bancroft y Anthony Hopkins, basada en la novela de James Roose Evans y en la librería Marks & Co. de esa dirección de Londres.

¿Será que Espada no vio ni leyó 84 Charing Cross Road?