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viernes, 1 de febrero de 2019

Un fuerte de malvaviscos sobre canicas


Comparto dos notas sobre los despidos en BuzzFeed y Huffington Post, una del 26 de enero en Slate (Jeremy Littau) y otra de ayer en The New York Times (Farhad Manjoo).

Le copio la del NYT (mi propia versión en castellano) antes de que levanten el muro de pago. En inglés se titula Why the Latest Layoffs Are Devastating to Democracy.

Los despidos en BuzzFeed anuncian un futuro amargo para los medios digitales

Trabajar en los medios digitales es como intentar construir un fuerte con malvaviscos, sobre cimientos de canicas en un país gobernado por robots hostiles, caprichosos y tiránicos. He trabajado en este sector casi veinte años y, aun en las mejores épocas, mi experiencia ha estado marcada por la aprensión y el ajetreo, el tipo de carrera que nadie les recomendaría a sus hijos porque sin duda hay mejores opciones, menos volátiles y más duraderas —como la minería de bitcoin, tal vez—.

Así que sería fácil caer en la tentación de no darle gran importancia a la reciente avalancha de despidos en los medios y calificarlos de desafortunados pero sin mayor trascendencia. BuzzFeed despidió la semana pasada a doscientos empleados, entre ellos decenas de periodistas. Alrededor de ochocientas personas perderán su empleo en la división de medios de la empresa de teléfonos Verizon, propietaria de Yahoo, HuffPost, TechCrunch y muchas otras “marcas de contenidos”. Por su parte, Gannett, el otrora poderoso imperio de periódicos propietario de USA Today y cientos de otros más pequeños, despedirá a cuatrocientas personas.

Lo cierto es que sería un error catalogar estos recortes como la turbulencia normal del mar agitado de los medios digitales. Más bien, son una señal de que se avecina un fenómeno devastador.

Quizá los problemas de cada empresa se deban a razones muy distintas, pero si el baño de sangre se analiza desde una perspectiva de conjunto, los síntomas apuntan a la misma patología subyacente en el mercado: la incapacidad del sector de publicidad digital de darles espacio significativo a otras empresas además de los grandes monopolios.

En medio de una época de prosperidad económica en que se registran niveles históricos de interés en las noticias por todo el mundo, los recortes de la semana pasada anuncian un destino amargo inminente que se aproxima en cámara lenta y dará pie a una emergencia democrática cuyo fin no se vislumbra.

Consideremos lo siguiente: nos encontramos en el centro de una persistente guerra global de información. Pasamos la vida en tecnologías que siembran desconfianza y falsedad, que dejan poco espacio a los matices y complicaciones, que nos dividen en grupos ignorantes y quejumbrosos. Es una era que debería ser perfecta para los periodistas y su profesión que, a pesar de los frecuentes errores, es el mejor antídoto conocido contra el sofocante diluvio de rumores y deshonestidad.

Por cierto tiempo pareció que podríamos hacer justo eso. Durante los últimos cinco años vivimos una temporada de innovaciones atrevidas y optimistas en los medios. Además del aumento en suscripciones por el efecto Trump, los inversionistas en primeras fases y los gigantes del cable y las telecomunicaciones trajeron nuevos recursos. Las grandes marcas, interesadas en atraer a los millenials, comenzaron a invertir un poco en publicidad y luego generosamente, lo que provocó una explosión cámbrica de nuevos sitios noticiosos, nuevos formatos y nuevos modelos de negocio. Por su parte, los consumidores comenzaron a abrir sus carteras para apoyar al periodismo, y así cambiaron la suerte del New York Times.

Muchos miembros de la industria se mantienen optimistas de cara al futuro. Se han redoblado los esfuerzos para lograr suscripciones, hay una gran demanda de podcasts y videos de calidad superior, y están de regreso las empresas de medios más pequeñas y calculadas, como la diminuta pero redituable empresa emergente de Bill Simmons, The Ringer. También hay que considerar las aportaciones de los multimillonarios digitales; La Escuela Superior de Periodismo Craig Newmark; el Washington Post de Jeff Bezos; Atlantic Magazine de Laurene Powell-Jobs y Time de Marc Benioff.

Con todo, basta una mirada rápida a los detalles de los despidos de la semana pasada para desechar cualquier motivo de optimismo.

Los recortes de Gannett representan la aniquilación casi definitiva de los periódicos locales, una institución cuyo papel indispensable para la democracia reconocen incluso los más férreos detractores de los medios convencionales. El cierre de Gannett parece muy próximo; en este momento, la empresa batalla con una adquisición hostil de un fondo muy discreto, cuya única experiencia demostrada es arrebatarles a las publicaciones sus últimas fuentes de ganancias.

En cuanto a los problemas de Verizon, se trata de un gigante que intentó derrotar a Google y Facebook. Cuando Tim Armstrong estaba en la empresa de teléfonos, esta compró Yahoo y otras marcas de medios por considerarlos peones útiles en su guerra estratégica contra los gigantes de internet. Por razones similares, Comcast también ha invertido dinero en empresas emergentes del sector de medios.

Sin embargo, Verizon descubrió rápidamente que Facebook y Google son invencibles. Cuando la nueva administración se hizo cargo el año pasado, comenzó a deshacerse de los medios de noticias para adquirir otros activos capaces de generar dinero con más facilidad.

Los despidos de BuzzFeed son el peor indicador. Quizá nuestra impresión del sitio sea que solo publica listas tontas y encuestas inútiles. Por mi parte, lo considero un innovador experimental incansable: es el sitio que nos dio The Dress y publicó The Dossier, la empresa que le puso el ejemplo al resto de la industria para que reconociera la seriedad y precisión del mundo digital.

Más que nadie en los medios, el fundador de BuzzFeed, Jonah Peretti, le apostó a un esquema de simbiosis con las plataformas tecnológicas. Comprendió que los gigantes tecnológicos seguirían creciendo, pero no consideró esto un defecto, sino que lo aceptó como una de sus características. Tuvo la visión para imaginar que si creaba contenido para sus algoritmos, BuzzFeed podría crecer (y generar dinero) junto con ellos.

Como mínimo, los despidos son una señal del trágico fracaso del razonamiento de Peretti. Google y Facebook no tienen ningún incentivo económico para aceptar esa simbiosis; cualquier cosa que BuzzFeed pueda ofrecerles, también lo pueden hacer las multitudes conectadas en línea dispuestas a crear contenidos sin recibir pago alguno.

Entonces, ¿qué les queda a los medios? Nada.

Son pocas las publicaciones que pueden sobrevivir tan solo con sus suscripciones; todavía menos las que algún multimillonario decide salvar. La industria de los medios digitales necesita encontrar la forma de dar servicio a las masas y al mismo tiempo generar ganancias. Y si ni siquiera BuzzFeed la encontró, me parece que estamos perdidos.

jueves, 27 de febrero de 2014

1 WhatsApp = 76 Washington Post = 82,25 Huffington Post


La noticia es que Facebook pagó 19 mil millones de dólares por WhatsApp. Las cosas no son tan así porque depende del valor de las acciones de Facebook, pero la cifra dice mucho si la comparamos con lo que pagó Jeff Bezos por The Washington Post (250 millones) y AOL por The Huffington Post (231 millones).

Lo recuerda -exagerando- Jorge Fontevecchia en este artículo de Perfil del sábado pasado. El dibujo del dinosaurio no se entiende, pero queda lindo. Me atrevo a corregir a Fontevecchia: producir contenidos periodísticos sigue siendo una actividad promisoria. Lo que no es promisorio ni es negocio es copiar lo mismo que otros dicen, que es lo que hace la mayoría de los que pierden audiencia en estos tiempos de copypasters.

Aquí Mark Zuckerberg explica la compra de WhatsApp.

martes, 3 de septiembre de 2013

Periódicos con nombre y apellido


Me gustó la idea. Imagínese en la Argentina un weekly que se llame Lanata o en España uno que se llame Pedrojota. Hildebrandt en sus trece o Hildebrandt a secas es el periódico de César Augusto Hildebrandt Pérez-Treviño, de quien se dicen las peores y las mejores cosas. Pasa siempre y no me meto en este lío. No sé nada más que me gusta la idea del weekly con nombre y apellido. Bueno, algo tiene de eso The Huffington Post.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Esto es lo que hay

La portada del HuffPo edición EEUU, ahora mismo:


La portada del HuffPo edición España, ahora mismo:


Periodismo vs periodismo cañí. Una idea para el HuffPo español, aplicable uno de estos días: copien la portada de su hermano estadounidense con los desahucios.

lunes, 13 de agosto de 2012

Huffington TV

Nos guste a no nos guste, una vez más una inmigrante esta haciendo historia en los medios norteamericanos hoy como hace 100 años Αριάννα Στασινόπουλος habla con un acento parecido al que tendría Joseph Pulitzer. Como siempre, quienes están innovando son los outsiders. Una vez más se cumple la paradoja de Faraday, profetizada por Marshall McLuhan y Quentin Fiore en El medio es el masaje.

martes, 21 de junio de 2011

Huffington Post v The New York Times: no hay más preguntas


Lea la pieza que explica por qué las comparaciones entre el PuffHo y el NYT no tienen sentido. Uno se pregunta ¿qué medio le parece que dispone de la mejor audiencia? Sí, exacto: audiencia como consumidores.

martes, 19 de abril de 2011

Papanatismo

Dígame si es o no papanatismo titular que el Mail Online superó en marzo a The Huffington Post en usuarios únicos –por una miaja: 39,6M de uno por 38,4M del otro– mientras que The New York Times, el medio con más usuarios únicos, pasó de 44 millones a 62 millones de ídem en ese mes. Pues nada. Dale que dale con el PuffHo. ¿Sumar 18 millones de usuarios en treinta días no da para titular? ¿Me estoy perdiendo algo? [Mouse over los puntos en las líneas para ver los datos]

lunes, 11 de abril de 2011

Los cuatro tipos de compañías de Internet

Dice Duff McDonald en su coso en Fortune-CNN que en Internet hay cuatro tipos de empresas:
Companies that make a product that's fun to use, but have never earned a dime from me and probably never will. Members: Facebook, Twitter, and Pandora. 
Companies that do more than sell advertisers information about you, but whose valuations still seem beyond the pale. Members: Groupon, LinkedIn. 
Companies that sell the lamest of products to customers I cannot even fathom.
Members: Zynga. 
Companies that use slave labor and then sell the results. Members: Huffington Post, AOL.
Para perezosos del inglés, RM* ha hecho en elpais.com una simpática traducción:
Las empresas de la nueva era de Internet se dividen en aquellas que han creado un servicio útil, divertido y fácil de usar, pero que no me han sacado ni probablemente me sacarán nunca un céntimo, como las redes sociales Facebook, Twitter o Pandora; las que viven de vender mi información a los anunciantes, como la red de perfiles profesionales LinkedIn o la cadena de vales de descuento Groupon; las que comercializan productos chungos como Zynga, creadora del popular videojuego FarmVille, y las que usan el trabajo esclavo como la web de noticias online Huffington Post o su compradora AOL.

viernes, 1 de abril de 2011

Los empleados del NYT pagarán por ver The Huffington Post


Esta mujer es increíble... Está cargando a Su Majestad Imperial The New York Times, como si fueran los tontitos del negocio.

Supongo que es una broma del April Fools' Day, el equivalente al Día de los Inocentes, que se celebra hoy en los Estados Unidos.

jueves, 10 de marzo de 2011

No lo extraño

Extraño mi cámara de fotos. La usaba mucho, pero terminó sus días en un arroyo sin nombre de las sierras de Córdoba.

No echo de menos, en cambio, el iPad que acabo de vender. El dinero me vendrá justo para comprar la nueva cámara. Buen negocio.

De lo que tenía en mi iPad solo extraño un poco el sudoku en The Daily. Había llegado a resolverlo en unos siete minutos.

The Daily me sorprendió por su dependencia del papel. Es un diario de papel, pero en iPad: un contrasentido. No es para leer noticias sino para leer el diario, como La Nación o The New York Times en papel. Cualquiera le gana en actualidad, pero también en comentarios, análisis, exclusivas, reportajes... Tiene buenas notas y buen diseño. También están bien resueltas las secciones. Pero nada de eso alcanza como para extrañarlos. Lo siento.

Un diario que necesita una conexión a internet pero que no se actualiza... Para eso tengo internet en la misma tableta y puedo ver el NYT, El País, The Huffington Post, Perfil o Clarín o lo que quiera, con los comentarios y análisis que me gustan.

The Daily es un hijo híbrido de los diarios e internet, pero no es el futuro de los diarios.

Sigamos probando mientras elijo mi nueva cámara de fotos.

domingo, 13 de febrero de 2011

U$ 1,16 el usuario único

Vamos a hacer la cuenta rápido y sin mucho detalle, pero estoy seguro de que es buena:

Divida los 315 millones de dólares que acaba de pagar AOL por los 270 millones de usuarios únicos del Huffington Post:

U$ 1,16

Eso vale, hasta ahora, el usuario único mensual.

Consultores en M&A y due-diligencers, tomen nota.

lunes, 27 de septiembre de 2010

El pago, garantía de credibilidad

Dije ayer en un tuit alrededor de #cafeperiodismo: "Modelo de negocio [para el periodismo en línea]: habrá más pago por contenidos que nunca. Ya lo hay y lo habrá más".

Es y será así. Se pagará lo que se ha pagado siempre: la credibilidad, que es lo que hace valioso al periodismo y el concepto alrededor del cual éste se define como actividad profesional, consistente, según JLO*, en "buscar la verdad, servir a la gente, controlar al poder y representar la realidad". Brillante. Añado: esas cuatro tareas, si no están cimentadas en la credibilidad, siempre serán fullerías de tahúr, discursos de chamán, promesa de político. Luz, quizá, pero de fluorescente.

Precisamente su credibilidad es lo que otorga un relativo éxito a Capital Bikeshare, un negocio de bicing que opera en Washington DC. Lo cuenta este reportaje, que llega via la atenta FS*.

El bicing es complicado. En Edmonton, Canadá, arrancó en 2005. Tres años después ya habían robado el 95% de las bicis. En París se inauguró en 2007. Hoy, la mayoría de las 20.000 bicis necesitan reparación o han sido sustraídas. Y así. Un desastre. La propiedad compartida, los bienes comunitarios, etc… no van. Al menos en el sector de la bici.

Sin embargo, Capital Bikeshare funciona. Los usuarios se comportan. Y se ayudan unos a otros. ¿Por qué los usuarios se fían de Capital Bikeshare y Capital Bikeshare se fía de sus usuarios? ¿Cómo logran establecer esa relación de credibilidad donde otros han fracasado? Fácil: apoyándose en la recomendación social, aplicando tecnología y, sobre todo, cobrando. Co-bran-do. Vean:
The bike share programs […] follow a subscription model and use electronic tracking to deter theft. […]
And like most share programs, a credit card is required for collateral. There may also be membership fees and escalating usage charges. (The first 30 minutes are generally free.) So, while it may be sharing, its success is based on technology — and a deposit.
El reportaje, del NYT (¡claro!), cita también a SnapGoods, Share Some Sugar, NeighborGoods, Netflix, Zipcar y Pandora. Todas estas empresas siguen estrategias parecidas.

Digo que hay algo –bastante– de esas compañías que le sirve al periodismo. Al fin y al cabo, sus negocios se basan, como el del periodismo, en ofrecer acceso y sharing más que en la compraventa y el producto –o bien: su producto es, en realidad, el acceso y la posibilidad de compartir y no el objeto ni la transacción a través del cual aquello se realiza (la bici, el diario impreso, el auto, la música…).

Si se entiende esto, que parece tan sencillo y no lo es, se entiende que el pago es una formidable garantía de la credibilidad de los contenidos. Quizá la mejor. Más que la recomendación social, que, en general, no es más que mero consenso demoscópico o algorítimico. ¿Pagamos por el consenso cuantitativo? No. Pagamos la credibilidad que se deriva de relaciones humanas.

Haga esta prueba: en la cita de arriba cambie bike por news y share programs por news services y verá cómo le cuadra todo.

Dicho de otro modo: lo que valga la pena será aquello que sea de pago. Por eso sólo podrán cobrar por contenidos los medios que sean creíbles. Por eso habrá más pago por contenidos.

En efecto, todo eso nos acarreará enormes disgustos. Engaños. Trampas. Fraudes. Decepciones. Y así. Uno puede reaccionar como Michael Douglas en Un Día de Furia. Pero lo mejor será dejar de pagar por el producto o servicio o proveedor deficiente, fraudulento o incompetente. Desaparecerán cuando se pase la moda y cuando, inevitablemente, cometan errores que los hagan… increíbles. ¿Cuánto le va a durar al Huffington Post, por ejemplo, su sistema, esas decenas de pasantes metidos en cabinitas, sometidos a la tiranía de los datos del tráfico, que aparecen continuamente en sus terminales obligándoles a cocinar y recocinar sus contenidos en función del número de usuarios?

Se lo diré de otro modo: nadie pagaría por el contenido del HuffPo. No tendrían ni medio usuario si no fuera Gratis Total, si no fuera por el esnobismo de muchas de sus luminarias blogueras que escriben por pura moda, si no fuera porque sus contenidos los pagan otros y el HuffPo los cita –el eufemismo que usan para "copiar y pegar"– masivamente. Ya pueden trasladar contenidos del Times o del Guardian a su sitio. Todos los que quieran. Lo que no pueden trasladar es la credibilidad del Times o del Guardian.

Sí, amigos y amigas. Por eso triunfará el pago. ¿Conoce otro sistema que comprometa al cliente y al proveedor, que les haga compartir responsabilidades y cumplir obligaciones protegidas por la ley y la justicia, que permita al proveedor mejorar su servicio, etc.? Yo tampoco.

Y después de todo ¿cómo se gana dinero aquí? Ahora mismo no lo sé. Pero una cosa es segura: hoy lo ganan los que cobran por sus contenidos. Los otros, los de las innumerables teorías sobre nuevas economías (la del enlace, la de la abundancia, la de las relaciones, etc.), el Todo Gratis & Todo Abierto & Pago Emocional & Patrañas Variadas… todos esos aún no han logrado explicar cómo se hace dinero en esos entornos ni lo han hecho ellos. La verdad, lo tienen difícil, porque esas economías son falsas como moneda de plomo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Futurólogos del periodismo

Videogalería de El País sobre el periodismo del futuro.

Véalos a Jeff Jarvis, Alan Rusbridger, Jim Vandehei, Rosental Calmon Alves y Arianna Huffington. Algunas de estas entrevistas tienen varios meses y ya se las mostramos en Paper Papers. Buena idea de El País de mostrarlas juntas.

El periodismo del futuro es el de siempre. Lo dicen todos ellos de un modo u otro. Esta vez me gusta lo que dice Jeff Jarvis, pero puedo cambiar de opinión.

Eso de periodismo digital en esta casa no nos gusta mucho.

Lo encontré gracias a un tweet de José Crettaz.

martes, 10 de agosto de 2010

Modern Maturity

Esta es la revista que más ejemplares vende en los Estados Unidos (llegó a pasar los 35 millones). AARP por American Association of Retired Persons, con 23.721.626, es la sucesora de Modern Maturity, según los datos de circulación del primer semestre de 2010, publicados por The Huffington Post.

La AARP es una organización sin fines de lucro, que atiende las necesidades e intereses de los mayores de 50 años; aunque quedó en la sigla, ya no es necesario estar retirado para ser miembro de la AARP (se pronuncia con las letras separadas: ei-ei-er-pi). Fue fundada en 1958 por una profesora jubilada, Ethel Percy Andrus, y se fusionó en 1982 con la National Retired Teachers Association, que había fundado también Andrus en 1947.

La segunda, con 7.644.011, es Better Homes; la tercera, Reader's Digest, con 6.112.811. La primera revista de noticias gráficas es People, en el puesto 10º, con 3.553.420 ejemplares. Recién en el 11º, con 3.312.484 ejemplares, aparece Time.

No sé qué estamos haciendo.

domingo, 11 de julio de 2010

Ajustarse y sobrevivir

Me quedo con este párrafo de Arianna Huffington:
Estoy suscrita a siete periódicos, no creo que vayan a desaparecer: los mejores se ajustarán y sobrevivirán.
Sobrevivir es un verbo precario, pero lo acepto. La entrevista de Joseba Elola, que publica hoy El País de Madrid, empieza una nueva serie que promete vernos cara a cara y en castellano con Jeff Jarvis, Bill Keller y Jim Vandehei.

Claro, léalo antes en Paper Papers. Aquí o aquí o donde quiera.

Habrá menos diarios, pero mejores. Con más periodistas y menos data entries. No hay que preguntarle nada al pulpo Paul para aventurar que no van a ser de los actuales los dueños de esos periódicos en un futuro no muy lejano.

jueves, 20 de mayo de 2010

La brutal escalada del HuffPo 2007-2010


Si el contenido más sustancial de The Huffington Post consiste en reempaquetar lo que otros hacen y publican (y pagan), me pregunto por qué K no esos otros no editan como el HuffPo y botan la suya a la basura. Pero seguro que la cosa no es por ahí. Sería una estupidez. Hay que seguir pensando.

Via, gracias a El Editor Independiente

martes, 9 de marzo de 2010

Aprenda a elegir portadas


Portadas más vendidas de cada cabecera en 2009



Y las menos vendidas de las mismas cabeceras

Via The Huffington Post. Siempre los famosos han vendido más muertos que vivos.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Google no regala nada ni teme nada (HuffPo sí)

Google entra en razón. El pulso que ha librado contra las empresas generadoras de contenido (EGC, antes conocidas como prensa) no le sale a cuenta. Ayer, su Senior Business Product Manager, Josh Cohen, anunció que limitará a cinco el número de noticias y artículos a que los usuarios pueden acceder de forma gratuita en Google News y en el buscador. Y que, como buen partner, facilitará a las EGC sus políticas de cobro por contenidos.

Aparentemente, sería el efecto de las muy serias advertencias de Rupert Murdoch y otros editores, para quienes Google se lucraba a su costa. Ladrones, cleptómanos, parásitos, vampiros… etc.

Eso es verdad. También lo es que las EGC no han sabido sacar partido de un agregador de tráfico tan eficaz y de escala tan superlativa como Google. Y parece que aún no lo ha descubierto nadie.

Al final, Google sabe que su gran negocio es la publicidad, de donde proceden más del 95% de sus beneficios, y no las búsquedas. Claro, los pontífices 3.0 aún prefieren verlo como el buscador de Mountain View, que encaja más con su charleta sobre la economía de la abundancia, la gratuidad universal, el ciudadano periodista, la larga cola, la viralidad sin fronteras, etc. Menos mal que no dirigen Google.

Google sabe que la publicidad pide tráfico. Y el tráfico pide contenidos. Esa es la cadena y opera en esa dirección. Eric Schmidt tiene bien claro que la búsqueda, la clasificación, el recuento, la taxonomía, etc… no son nada si no hay contenido y contenido editado (periodismo, juegos, frivolerías, series de tv, cine, música, libros, agendas…), no datos crudos.

Google también sabe que en ese pulso con las EGC se juega un valor decisivo en el mundo digital: la reputación. Ni cien mil nubes de servidores pueden recomponer una credibilidad destruida. Así que ha decidido vivir conforme a su lema –Don't Be Evil– y colaborar con quienes le preceden en la cadena alimenticia digital. No sea que le huyan a Bing.

El hecho de que una noticia de este calibre la firme Cohen, suave y amable, y no Schmidt, chulesco y vacilón, da idea de cómo se han cuidado los detalles en Mountain View para que el anuncio sea creíble en lugar de parecer otra trampa.

De este modo, Google ayuda a las EGC a hacer negocios como se han hecho siempre: cubriendo los costes (salarios, sobre todo, claro) de editar unos contenidos de cuya calidad y eficiencia depende el negocio publicitario, de donde proceden los beneficios. O de modos nuevos, como el que propone Journalism Online. Cada cual en su sitio.

Google no regala nada –los contenidos no son suyos– y tampoco tiene nada que temer, especialmente a largo plazo, de unas EGC saneadas. Al contrario: mejor y más contenido –ciudadano o no– llevará más tráfico…

Sí, es lo mismo de siempre. ¿Creían que el mundo digital tenía una economía diferente a la analógica? Pues no se dejen engañar más. La base de todo es la misma: los contenidos. El recurso escaso es el de siempre: capacidad de edición. Los beneficios vienen de donde solían: de la publicidad. Y la distribución, que es de lo que hablan los gurús (ondas, cables y cacharritos), es lo que menos importa: cada vez más barata, cada vez más en manos de la gente, cada vez más invisible. Y habrá excepciones extraordinarias a todo esto, por suerte (los gurús tienen que vivir de algo ¿no les parece?).

Quienes están temblando son agregadores como Huffington Post, a los que la propuesta de Google obligará a pagar o abonarse para recibir contenidos que hacen y pagan otros. Se acabó el cuento chino de la economía del enlace para vivir a costa de terceros. Después del show de Arianna ayer en la FTC ("Es hora de que los medios tradicionales dejen de lloriquear")… menudo susto se habrá llevado esta mañana.

La corte de Google, con sus bufones y marquesas, está extrañamente callada hoy. Uno supone que buscan hospital donde ingresar la Revolución Digital, etc. Ánimo, chicos. Son sólo negocios.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Huffington 0 - Döpfner 5

Arianna Huffington fue barrida de la pista por Matthias Döpfner, Presidente y CEO de Axel Springer, en presencia de la divísima Christine Ockrent, que los moderaba en Monaco Media Forum. MK*, presente en la cosa, me escribe este resumen:
Döpfner wiped the floor with her. "If you want to give beer away, then fine. But brew your own. Don't give mine away." (Döpfner fregó el suelo con ella. Si quieres repartir cerveza gratis, perfecto. Pero fabrica la tuya propia, no repartas la mía).
…y los alemanes de cerveza saben un rato.

No se pierdan el debate. Saquen tiempo este fin de semana.