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lunes, 1 de mayo de 2023

Una profesión de próceres

El miércoles pasado asistí a una reunión de graduados de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral que trabajan de periodistas. Experiencia muy interesante, ya que se trataba de un diálogo entre ellos, coordinado por Fernando Ruiz, en el que exponían su visión del periodismo después de más o menos años de profesión. Sus dudas, sus temores, sus dilemas, sus preguntas... 

Hubo de todo porque todos hablaron y expusieron su visión sobre la propuesta de Fernando. Una vez más compruebo que lo más interesante resulta siempre verse con antiguos alumnos: a todos siento como propios a pesar de no conocer a algunos por no haber coincidido con ellos.

La reunión empezó con un disparador, un planteo sobre el estado actual de la profesión, presentado por Jerónimo Biderman Núñez, exalumno, profesor de la Universidad de San Isidro, de la que también es Vicerrector General y de Investigación y Extensión. Aparecía en ese estudio la credibilidad del periodismo en la Argentina de hoy, realmente baja por la grieta política, que todo lo contamina.

Me bastaba con asistir y aprender, pero al final de la mañana Fernando me pidió que dijera unas palabras sobre lo que había oído. Después de atender las dificultades, sobre todo económicas, por las que pasa la profesión, se me ocurrió recordarles que nuestra misión es cambiar el mundo con la verdad y no ganar dinero, entre otras cosas porque el mundo no se cambia con dinero y sí se cambia con la verdad. 

Periodismo es el arte de decir la verdad y no el arte de hacerse ricos. La verdad es la esencia de la profesión y jamás debemos renunciar a ella. El problema es que la verdad molesta. ¿A quiénes? A los mentirosos, a los cínicos con poder. Quizá por eso el periodismo siempre fue también una profesión de próceres que anotan en su carrera la persecución, la cárcel y a veces la muerte.

Y en el periodismo, como en todas las artes, no gana dinero el que busca ganar dinero sino el que dice la verdad, aunque moleste al poder.

domingo, 26 de junio de 2022

Periodismo y poesía *

El sábado 18 de junio el Papa Francisco mantuvo una reunión con las autoridades de la Sociedad de San Pablo que estaban reunidas en Roma y pidieron esa audiencia para recibir la bendición y los consejos del Santo Padre. La Sociedad de San Pablo, también llamados Paulinos, es una familia de instituciones eclesiásticas que tienen por fin difundir el cristianismo a través de los medios la comunicación social. Fue fundada en 1914 por el padre Santiago Alberione en Alba, Italia.

La reunión tuvo lugar en la renacentista Sala del Consistorio del Palacio Apostólico y, nada más comenzar, pasó algo que pocas veces pasa y que es siempre digno de mención. Cuando le trajeron el discurso, el Papa se lo devolvió y dijo en italiano a los presentes: aquí está el discurso que tengo que pronunciar... Pero, ¿por qué perder el tiempo diciendo esto cuando ustedes lo pueden leer después? Y empezó a improvisar un discurso que no tiene una palabra de más y que es a todas luces su pensamiento, sin los filtros del speechwriter.

Ahí Francisco dijo lo que piensa de los periodistas y de los medios de comunicación, tanto que esa charla improvisada debería ser el preámbulo de la constitución de cualquier escuela de periodismo, sea de inspiración cristiana o no cristiana y también anticristiana. Por suerte y gracias a Dios –y aunque no les guste a los feligreses de Maradona y de Messi– Jorge Bergoglio llegará a ser el argentino más influyente en la historia de la humanidad y no es de balde cada palabra que dice, aunque todavía no tengamos ni una pizca de la perspectiva histórica que habrá cuando estas cosas se valoren de verdad.

Según la traducción oficial de la Santa Sede, en uno de los párrafos que quería destacar Francisco dijo, entre otras cosas: lo primero que comunica un comunicador es a sí mismo, sin quererlo, quizá, pero es él mismo. Este habla de este tema, pero es importante cómo habla: claro, transparente; es él mismo que habla. Esto es originalidad. En este sentido, los comunicadores son poetas.

El periodismo es un arte y su verdad es la verdad de las artes. Lo decía hace unas semanas en este mismo espacio cuando El Territorio cumplía 97 años. Insistía entonces, como hace tiempo, que nuestra verdad es tan verdad como la de los científicos o de los jueces, y ahora agrego la verdad de las religiones. Decía el medievalista alemán-norteamericano Ernst Kantorowicz (1895-1963), que hay tres profesiones que visten toga para significar que solo rinden cuenta a Dios de las verdades que sostienen: los jueces, los universitarios y los sacerdotes.

Los periodistas no usamos toga y rendimos cuenta a los hombres y a sus leyes de lo que sostenemos, pero lo que sostenemos siempre tiene que respetar la realidad, los hechos; y en ese respeto consiste la verdad. Nuestro modo de buscar la verdad es asintótico, no llegamos nunca definitivamente a ella, pero tenemos obligación de acercarnos aunque eso suponga involucrarnos con lo que pasa, mojarnos con las lágrimas de los que sufren, mancharnos con la sangre de los heridos y también celebrar con los que festejan sus triunfos. Tampoco llega a la verdad absoluta nada que busque un ser humano, pero debe acercarse todo lo que pueda a la realidad si quiere decir la verdad más cabalmente. Eso es propio de la pintura, la música, la literatura, el teatro o la poesía... y también del periodismo. Y es la razón por la que las escuelas de periodismo deberían integrarse en las facultades de letras de las universidades a las que pertenezcan.

Como en cualquier arte, la obra se parece al artista como el hijo a sus padres: nada más certero ni más justo. Y también dice Francisco que el periodismo es una vocación, y por ser una vocación no es tanto un estudio o una carrera como un llamado a servir a la verdad.

* Publicado en El Territorio en 26 de junio de 2022

martes, 7 de junio de 2022

Periodistas de copetín *

Hoy en la Argentina se celebra el Día del Periodista en conmemoración del primer número de La Gazeta de Buenos Aires, fundado por Mariano Moreno el 7 de junio de 1810 para difundir las políticas de la Junta que asumió el 25 de mayo luego de destituir al virrey. Lo del Día del Periodista fue una idea del Primer Congreso de Periodistas argentinos que se celebró en Córdoba en 1938. El 31 de mayo de 1942 se fundó en Posadas el Círculo de Periodistas de Misiones, en una reunión que tuvo lugar en la sede del diario La Tarde y que, como es costumbre entre los periodistas, terminó con un vermú en la confitería Tokio. Los reunidos aquel 31 de mayo decidieron, además, celebrar el inminente Día del Periodista con una buena cena; y al cumplirse un año de su fundación, empezaron la celebración en la tardecita el 6 de junio de 1943 con un cóctel en la confitería La Palma y esperaron el 7 con una cena en el restaurante Cervantes de Posadas. Esas celebraciones están confirmando que eran buenos periodistas: es parte de nuestro código genético, pero no es la única.

Periodista es una persona que ve historias donde los demás no ven nada. Esa puede ser una descripción bastante cabal de un periodista, pero hay más. El periodismo es la pasión por la verdad urgente, esa que comparaba la semana pasada con el aire para respirar. Y por ser urgente explicaba que la verdad del periodismo es siempre una verdad cruda, en proceso, sin terminar. Quiero decir que la verdad de los periodistas es una obligación como la de los jueces o la de los científicos, pero tiene otro ritmo, otra cadencia... y puede que nunca lleguemos a la verdad total, definitiva, a la que tampoco llegan los jueces o los científicos, por lo menos en este mundo.

El modo de acercarse a la verdad de los periodistas es el de las artes y no el de las ciencias, aunque muchas veces se sirva de métodos científicos para alcanzarla. ¿Y cómo se acerca a la verdad un artista? Por el camino indirecto de la metáfora, de la proporcionalidad y la analogía. ¿Quién dice la verdad más cabalmente? ¿Gabriel García Márquez o Louis Pasteur? ¿Pablo Picasso o Marie Curie? ¿Wolfgang Amadeus Mozart o Albert Einstein? Todos los grandes artistas dicen verdades que quedarían sin decir si ellos no las dijeran. Son verdades tan grandes, tan puras, tan relevantes... que tienen la fuerza de conformar más nuestra sociedad que miles de tesis científicas.

El periodismo tiene siempre el deber de buscar la verdad y de hacerla pública. Esas dos obligaciones –que también son pasiones– definen y describen nuestra profesión. Pero lo que la diferencia de otras profesiones que también buscan la verdad es que nosotros la buscamos para publicarla a los cuatro vientos. Esta condición es la que nos pone tantas veces del otro lado de los que tienen cosas que esconder o de los que prefieren que no se sepa lo que hacen. También la que nos convierte en desalmados, sobre todo a los que todavía trabajamos en medios que se imprimen en una tira de papel, porque no solo publicamos la verdad: la imprimimos para que quede allí para siempre. Creo que esa condición de la prensa gráfica no se perderá nunca y que aunque un día dejen de venderse periódicos, imprimiremos uno, lo rubricaremos como notarios de la actualidad y quedará guardado en un lugar seguro, como los protocolos de una escribanía.

No hay profesión más humana ni más cercana a los dramas de la gente, pero también es una profesión de Zeligs, porque los periodistas nos mimetizamos con nuestros interlocutores. Es una desgracia que pasemos más tiempo cerca del poder que con quienes necesitan que los amparemos de los abusos de los poderosos. Es que no somos inmunes a las mieles lícitas del poder; y tampoco a la corrupción, al dinero, a los privilegios y prebendas del poder mal entendido.

Un periodista que vende su pluma, primero vendió su alma... y ese día dejó de ser periodista.

Publicado en El Territorio el 5 de junio de 2022

miércoles, 30 de septiembre de 2020

El futuro del periodismo es el de nuestros bisabuelos

Les comparto mi intervención en el webinar organizado por la Sociedad Interamericana de la Prensa en el mes de junio de este año en el que no pasó nada (fue grabado el 29 de abril).

viernes, 3 de julio de 2020

El periodismo de hoy en la Argentina, por Jorge Lanata

Intervención de Jorge Lanata en el programa Ya somos grandes, de Diego Leuco, anoche por TN.

domingo, 8 de septiembre de 2019

El Gran Carlos, un profesional colosal y formidable


Tenía que ser el corazón, claro, el asesino de Carlos Pérez de Rozas. Es lo que todos evocan a raíz de su muerte, el 10 de agosto de este año, cuando regresaba a Barcelona de un viaje con Carme, su mujer, y unos amigos. Es un recuerdo justo. Él lo entregaba todo —se entregaba él mismo— con una pasión, energía y entusiasmo inigualables. Inolvidables. Da igual dónde: en medio de un cierre en La Vanguardia, el rediseño de un diario en Bucarest, la reorganización de una radio en Lima, con los estudiantes en clase —su debilidad—, en la tele hablando del Barça o en casa viendo las Grandes Ligas de béisbol, o en una llamada por teléfono, a cualquier hora, por si habías visto que Daniel Berehulak o Samuel Aranda habían publicado un reportaje gráfico colosal en un diario extraordinario que no te podías perder por nada de mundo, o porque ven que tenemos que encajar una imagen increíble en una presentación magnífica que sin ti no saldrá.

Era un hombre desmesurado, exuberante, excesivo en la amistad, el buen humor, el gozo de la vida. Alguien más grande que la vida misma, como dicen en inglés. No necesitaba mucho para dejar marca.

Un amigo de The New York Times, director de arte, a quien pedía a menudo páginas del diario para las clases y conferencias, responde así a la noticia de esta muerte: "A pesar de que nunca nos vimos personalmente, siento que lo conocía bien. Se notaba que era un hombre muy apasionado". En unos mensajes aparentemente formales, Carlos, que no sabía una pizca de inglés, había conectado perfectamente con el amigo americano, un hombre muy reservado que sólo habla inglés. Uno de los becarios del congreso que la Society for News Design celebró en Barcelona, gracias al esfuerzo de Carlos, entre otros, recordaba que, cada día, el Gran Carlos le decía: ¡Eres el más grande! ¡Sin ti no habría congreso! Han pasado 19 años y aquel becario ha tenido y tiene cargos importantes, pero lo único que recuerda del congreso es a Carlos.



Rápido como un rayo

Hay miles de anécdotas así. Literalmente miles. Carlos Pérez de Rozas era así —y aun nos quedamos cortos. Pero toda esa pasión y energía, esa intensidad vital, sólo era la capa que cubría a la persona y al profesional. Porque era un profesional extraordinario: estaba muy al día del pan y la mantequilla del periodismo, su cultura —sobre todo la visual— era amplia y magnífica, se esforzaba por ser un buen creativo, era extremamente ordenado y sabía hacer que los otros añadieran aquello que se exigía a él: rigor, atención al detalle, intensidad. Era rápido como el rayo —era difícil seguirle el ritmo— y también sabía cuándo hacía falta dejar cocer un poco más una idea o un proyecto. En su casa tenía, organizados como una legión romana, medio millar de libros sobre su profesión. Los había leído todos. Los consultaba con frecuencia.

No era solo simpatía. Detrás de El Gran Carlos —así aparece en decenas de entradas de este blog—, había trabajo, esfuerzo, empuje, estudio. Sin ese capital profesional, esa sabiduría artesana, su prodigioso encanto personal habría quedado en una máscara de colores y en su tarjeta no figurarían (además del trabajo de fotoperiodista con su padre y sus tíos en el estudio Pérez de Rozas) Destino, Diario de Barcelona, El Periódico —que contribuyó a fundar—, El País, La Vanguardia y dos docenas de diarios de Europa y América que rediseñó con Toni Cases.

Entre todos ellos sobresale el diseño de El Periódico de 1978 con Fermín Vílchez. Ambos dieron cuerpo gráfico y presencia visual a un innovador híbrido de diario popular de calidad, un proyecto editorial del editor Antonio Asensio y del director Antonio Franco, su gran, gran, gran amigo de siempre. También el rediseño de La Vanguardia de 1989, que él coordinó, es uno de los casos mundiales más logrados de aquella época de oro de los diarios de papel, pues abrió una alternativa gráfica a la escuela alemana de periodismo visual, entonces representada por el omnipresente El País, imitado en todo el mundo.




Un maestro legendario

Más allá de proyectos concretos, Carlos fue toda su vida un gran maestro allá donde iba. Enseñar era su verdadera pasión. Sus clases y conferencias o sus sesiones de trabajo en la redacción, eran emocionantes y quedaban grabadas a fuego. Lo que las hace legendarias, sin embargo, es que Carlos sabía ver cosas que nadie más veía en un grupo de fotos ordinarias, en unas páginas cualquiera, en una historia breve, en unos gráficos sencillos. Hacía saltar a todo el mundo de la silla, sí. Pero deslumbraba y atraía porque sabía mucho, porque era un profesional como un templo y sabía transmitirlo. Enamoraba porque tenía sustancia —y la aliñaba con su atención a la vida y a la gente porque sabía amar a las personas y al trabajo.

La amistad de Carlos podía parecer sencilla. Siempre dispuesto a prestar su atención, era bienhumorado e imaginativo, compartía los honores y sabía cómo hacerlo pasar bien a cualquiera. Pero también era una tarea: las peleas y conflictos lo trastornaban, quería lealtad, era muy insistente y podía hacer perder el oremus a cualquiera con su afán de encontrar en todo y todos una cara positiva o con sus maniobras de distracción en el debate de lo que fuera.

"Pensábamos que sería eterno", dice una amiga al compartir la noticia. Claro que lo es. Carlos Pérez de Rozas es colosal, formidable y eterno.

Fotos: El Gran Carlos, con Antonio Franco, en un Gimnàstic de Tarragona-Elche, enero de 2012. El Gran Carlos, entre Rafael de Ribot (i) y Toni Piqué en el aeropuerto de Lima, noviembre de 2009. La mesa de trabajo del Gran Carlos, julio de 2008.

El original de esta entrada se publicó en ElNacional.cat.

domingo, 14 de julio de 2019

Alberto Fernández y el periodismo


La nota de hoy (empieza en la portada y ocupa casi toda la contraportada) vale la pena para documentar la relación de Alberto Fernández (candidatos a presidente de la Nación) con la prensa y los periodistas. Aquí queda.

miércoles, 6 de febrero de 2019

No hay malas historias, hay malos periodistas

Jorge Lanata y Pablo Rossi (que reemplaza por unos días a Marcelo Longobardi) hablaron esta mañana en Radio Mitre sobre el programa Hora 25 que hará Lanata este año en televisión. Terminó en una conversación pública genial sobre periodismo y periodistas en la Argentina de hoy. Intervine también Willy Kohan.

sábado, 20 de enero de 2018

La extinción del periodismo

Tengo que decir algo, de nuevo, sobre las escuelas de periodismo, pensaba mientras leía esta nota del boletín de la Universidad de Navarra. Es que lo que dice Antonio Caño es tan cierto como que las universidades hemos perdido la prerrogativa de formar el ser de los que buscan la verdad urgente y la no tan urgente. Peor todavía: cambiamos nuestras viejas escuelas de periodismo por facultades de comunicación y nos dedicamos a preparar el ser de los manipuladores de la realidad que son los comunicólogos, los relacionistas públicos, los marketineros políticos, los publicitarios, los lobbistas, los prenseros y los de asuntos corporativos. Le paso la nota tal como salió, pero también lo corrijo a Antonio Caño: lo que está en vías de extinción es El País, no el periodismo.

“En dos años la mitad de las noticias que consumiremos serán falsas”

“Es obligación del periodista crear lectores críticos y luchar contra el sectarismo político”, afirmó el director de El País en la Universidad

"El periodismo es más necesario que nunca pero paradójicamente estamos en peligro de extinción”, ha afirmado Antonio Caño, director de El País, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. “Se calcula que en menos de dos años la mitad de las noticias que consumirán los ciudadanos serán falsas”, aseguró. Fake news, posverdad… se trata, en su opinión, de un fenómeno posible por la tecnología y que se produce por desestabilizar o simplemente por entretenimiento. Según dijo, es necesario que los gobernantes actúen contra esto y que los periodistas luchemos contra el sectarismo que genera lectores pasivos dispuestos a creer todo. “Nuestra obligación es crear lectores críticos que sean capaces de defenderse de esta tendencia creciente”.

En su conferencia “El futuro del periodismo”, que impartió ante un aula repleta de alumnos y profesionales de la Facultad de Comunicación, señaló no hay que confundir periodismo de calidad con aburrido y que la búsqueda de la verdad hoy es más necesaria que nunca: “Los medios de comunicación solventes y referentes son a los que acuden los ciudadanos para estar bien informados”.

En este sentido, se refirió a la alianza con plataformas tecnológicas para combatir estos intentos de desestabilización. “Los grandes medios trabajamos con plataformas como Facebook y Google para combatirlo. Ahora esta alianza es imprescindible”.

Los medios, vehículo para el diálogo en democracia

Antonio Caño subrayó que los medios han perdido credibilidad por un exceso de sectarismo político. Esta debilidad, a su juicio, es una buena noticia para los políticos que recelan de la transparencia, pero “es necesario ser conscientes del daño que esto genera para la democracia”. “Los medios debemos actuar como vehículos para el diálogo y la discusión, pero desgraciadamente esto no ocurre de manera suficiente”.

“Hay que admitir sin tapujos que los periódicos hoy somos más débiles que en el pasado”, destacó Antonio Caño en la Universidad de Navarra. “El papel se muere sin acabar de morirse y el digital aumenta sin seguir teniendo un modelo alternativo claro”.

Sin embargo, el director de
El País confía en la supervivencia del periodismo, “sobre todo el de calidad”, unido a los avances tecnológicos. “Rechazar el cambio es condenarse a morir”, insistió. “Más del 70% de los actuales lectores de El País leen las noticias a través del teléfono móvil. Mantendremos el papel todo lo posible pero nuestro reto es hacer el periódico digital con la misma calidad”.

"Nosotros estamos y estaremos donde estén nuestros lectores. No trabajo para hacer un periódico rentable pero la rentabilidad es una garantía para poder trabajar en libertad", concluyó.

viernes, 6 de octubre de 2017

Periodismo gonzo y otros adjetivos inútiles


Llaman gonzo en argot irlandés de los bajos fondos al último hombre que queda en pie en un maratón de alcohol, y eso en Irlanda es mucho decir... Parece que de ahí sacó Hunter Thompson la expresión gonzo journalism. Periodismo gonzo sería en castellano, pero el problema de estos adjetivos sin sentido es que no significan nada y nos dejan igual que antes hasta que alguien explica el significado de la palabra inventada y luego hay que acordarse de qué quería decir. Estaría mucho mejor decirle periodismo encubierto y todos en paz.

Ahora imaginemos a un periodista que decide cubrir un maratón de aguardiente o de comer choripanes como un tragaldabas para contar a su audiencia qué se siente, pero en carne propia. Bueno, resulta que para eso tiene que llegar hasta el final y ganar el maratón. Quizá por eso dice Hunter Thompson que “para ser gonzo se necesita el talento de un maestro periodista, la mirada de un artista o un fotógrafo, y las bolas bien plantadas de un actor”.

Se trata de ser el protagonista de la historia que se relata. Involucrarse, pero no ser uno más sino el que lleva la voz cantante y sin que esto choque con la condición esencial del periodismo que es el rigor informativo... El gonzo es una subespecie del Nuevo Periodismo que inventó Tom Wolfe, pero además del viejo Wolfe lo ejerció con maestría Truman Capote y lo sigue haciendo Gay Talese, bastante mayorcito también: relatar hechos puros y duros con todos los recursos de la novela. Pero la idea central de Thompson no es el relato sino el protagonismo; el relato viene después. A los 27 años escribió Hell’s Angels después de haberse infiltrado en una banda de motoqueros violentos durante un año entero. Y parece que cuando los motoqueros se enteraron casi lo matan a patadas.


El Nuevo Periodismo no plantea ningún problema ético, ya que está más relacionado con el estilo de escritura y con el contexto de los hechos que se relatan. Las coberturas se realizan a la luz del día y todo el mundo lo sabe... hasta que Gay Talese escribió El motel del voyeur, la historia real del propietario de un motel en Colorado que espiaba a sus huéspedes. Es cierto que Talese publicó sus crónicas muchos años después de los hechos, cuando el hotel ya había cerrado y no quedaba nada del edificio ni de los artilugios que usaba el voyeur para mirar desde el cielo raso a sus pasajeros hacer las cosas más increíbles y anotarlas meticulosamente en un cuaderno.

El problema del periodismo gonzo es que lo ejerce un encubierto metido en tribus que pretenden mantener sus actividades en secreto por ser bastante ilegales. Precisamente por eso los tribunales les han dado la razón ya en varias ocasiones y siempre que se trate de deschavar actividades delictivas. Así que puede dormir tranquilo, ya que mientras no esté haciendo macanas no se le va a meter ningún gonzo en su casa.

Pasa que el periodismo cambia con la sociedad y también cambian sus estándares, sin embargo no creo que sea legítimo usar recursos de los servicios de inteligencia –mucho menos si son ilegales– para meterse en la vida de los demás, aunque los demás sean delincuentes: para eso está la policía. Prefiero la idea del periodismo border que se inventó Emilio Fernández Cicco, un pibe de Lobos (Buenos Aires) que hasta ahora ha curtido de porno star, sparring de la Hiena Barrios, enterrador en el cementerio de la Chacarita y cosas parecidas para publicar sus historias. Está en las librerías Yo fui porno star y otras crónicas de lujuria y demencia, que se parece mucho al título del uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937) Cuentos de amor, de locura y de muerte, que al fin y al cabo era bastante border. Gabriel García Márquez escribió con estilo y recursos de novela el Relato de un náufrago, la Crónica de una muerte anunciada y la Noticia de un secuestro. ¿Le parece poco como aporte de nuestro continente al Nuevo Periodismo, al border, o al gonzo? Y hay muchísimos más, en el Ecuador, en la Argentina y en toda nuestra Améric a mestiza. No estamos inventando nada nuevo.

Todos los periodistas tenemos algo de gonzo y de border y también de delincuente y de policía... y de voyeur y de todo. Además somos artistas y –varones o mujeres– tenemos lo que hay que tener, además de un bolígrafo, una cámara de fotos, un micrófono o una computadora. Somos periodistas y punto.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Periodistas de huracanes

Genial nota de Sopan Deb en The New York Times sobre los reporteros de TV que cubren huracanes. Todos sabemos que antes y después estaban tomando copetines en hoteles cinco estrellas.
As Winds Rise, So Does Debate Over Derring-Do of TV Storm Reporters
Mike Seidel, a meteorologist for the Weather Channel, fighting fierce winds and flooded streets in Miami on Sunday. Credit Erik S. Lesser/European Pressphoto Agency 

Early Sunday morning, Bill Weir, a veteran CNN correspondent, was talking to the anchor Chris Cuomo in the middle of a live shot in Key Largo, Fla. He could barely stand up straight in the lashing winds of Hurricane Irma. At one point, he was nearly blown over by a gust.

As video of the incident spread on social media, criticism mounted. “Why do these news networks feel the need to put these reporters out there?” read one tweet. Another said: “This is not safe. Lead by example.”

Others pointed out that reporters were standing in conditions that they were advising residents to stay out of. Even Mr. Cuomo acknowledged the criticism: “There is a strong argument to be made that standing in a storm is not a smart thing to do.”

Mr. Weir was one of many television journalists facing potentially unsafe conditions in covering the hurricane. Hours later, over at MSNBC, the correspondent Mariana Atencio stood on a boulevard in Miami and pointed to a large tree that had fallen across the street, as other trees bowed in the wind alongside her, raising the question of whether her team was in danger. And around noon, Kyung Lah, a reporter for CNN, said on the air from Miami Beach, “If I didn’t have this steel railing, I’d be flying.”

The tradition of television crews standing in the middle of a dangerous storm goes back decades, reflecting the hunger to be on the scene for a nationally significant event. But the news value of dangerous stand-ups — in which a correspondent is seen in the field talking to the camera — is increasingly being questioned, particularly with the rise of social media. Some critics wondered whether they are unnecessary and overly sensational spectacles, especially in cases where correspondents are struggling to deliver information.

But those same field reporters insist that the visuals from the storms are essential in persuading people to take hurricane threats seriously and getting them to leave the area. At the same time, veteran reporters say they take every precaution to stay out of life-threatening situations. On CNN, John Berman, in Miami, described flying debris nearby and took pains to say that he didn’t believe he was in serious danger.

“It’s blowing in the other direction, just so you know,” he said.

One MSNBC studio anchor, Ali Velshi, addressed the issue directly, saying before 10 a.m. that he wanted to pause the coverage: “I want to take a quick break. I want to reset. I want to find out that our reporters are safe.”

The custom of reporters broadcasting live from hurricanes began with Dan Rather, the former CBS News anchor, in 1961. Working for KHOU in Houston, he broadcast the first live radar image of a hurricane — Hurricane Carla — on television and took to the streets to show the conditions firsthand. CBS took the broadcast live, giving viewers around the country their first look at the threat posed by such a storm. Pictures of Mr. Rather wading through waist-high water propelled his rise to network anchor.

Today, this kind of reporting seems routine. And as it has become more common, reporters have become more aware of the criticism and have tried to justify this approach, as Sam Champion, a weather contributor for MSNBC, did on the air on Sunday.

“Everyone says, ‘Well, look, if you’re standing out in the storm, Sam, then how come I can’t stand out in the storm?’” Mr. Champion said. “And what I’m going to tell you is we do this so you can see what it’s like outside.”

Reporters, at both the national and local level, echoed that reasoning.

“I think it’s a fair question: Why would you have reporters standing potentially in harm’s way who are telling people to do exactly the opposite?” Mark Strassmann, a CBS News correspondent who has covered hurricanes for 25 years, said in an interview shortly after taking part in a live special from Miami.

“Part of that is that television is all about visual proof,” he said. “You want to persuade people that what they’re seeing is real and matters to them. And if they can see me standing out there getting knocked around, it’ll convince them that they should not do the same thing.”

Local reporters have fewer resources than network correspondents and this could lead them to brave some particularly unsafe conditions. In a Facebook post on Aug. 25, Jacque Masse, a reporter for 12News in Beaumont, Tex., said she covered Hurricane Harvey by herself, acting as an “M.M.J.” — industry jargon for “multimedia journalist,” or a solo television news reporter. She was her own camerawoman, producer and editor. The station came under withering criticism from industry watchers.

“Sending a single M.M.J. to cover a hurricane is not only one of the cheapest moves we’ve ever seen, it was dangerous,” said an article on FTV Live, a website that covers television news. In those cases, reporters said, they have to know when to say no to their bosses.

“Somewhere it’s been ingrained in our minds that there’s a million people that would love to have your job, so if you won’t do it, someone else will,” said Hayley Minogue, a reporter for WKRG, a CBS affiliate in Mobile, Ala., who was covering her first major hurricane from Jacksonville, Fla. “So you get pressured into doing stuff for that, but that’s not really my attitude.” Ms. Minogue added that her own station had never pressured her in that way.

Whitney Burbank, a reporter for WPBF, the ABC affiliate in West Palm Beach, Fla., said that she had not been pressured, either.

“I’m looking at a tree that’s fallen through a concrete wall that’s covering half of a major road,” Ms. Burbank said after her 10th live appearance of the day. She described harrowing conditions that at times forced her crew to huddle inside their satellite truck. But, she said, her bosses place a premium on her team’s safety.

“My employers are pretty careful if something is unsafe,” Ms. Burbank said. “They don’t want you to do it. They don’t want you to do a crazy live shot in the middle of a tornado. If it’s too windy to go out, they’re going to say, ‘Don’t do it.’”

sábado, 26 de agosto de 2017

Cuando el argot de las redacciones aleja las audiencias


Apareció en The Economist con el título Journalese (el argot de las redacciones).
Journalese
The many pitfalls of language as used by journalists
EVERY trade is also a tribe, and journalists are no exception. One way that tribes, from teens to programmers, signal membership of the group is through language. Hacks do the same. They write “hed” for headline, “lede” or “intro” for the first sentence in a story, “graf” for “paragraph”, “nut graf” for the core paragraph that gives the story’s main idea. The last line is always the “kicker”. 
But journalists should not be obscure. After all, the whole point of the job is to make things clear to readers. Yet readers are often baffled by the first words they see in a newspaper: headlines. In Britain, a broad range of national newspapers compete on nearly every news-stand. So the tabloids, in particular, put a premium on getting as many short, emotion-grabbing words in the biggest font possible on front page—often at the expense of making sense. A recent headline in the Sun, Britain’s bestselling tabloid, declaring “LOVE ISLE SEX DRUG SHOCK” did not carry any information about who did what to whom; note the lack of a verb. But it did include just about as many jolts to the British id as are possible in five words. Rupert Murdoch, the Sun’s owner, is often considered the father of the modern tabloid, so it is no surprise that his New York tabloid, the Post, copies this style. Possibly the most New York headline ever was “MOB COP SEX FURY”. 
Even where headline-writers are more sober, as in the broadsheets, they try to get as many content-rich words in as they can. Keeping the font big means omitting many of those little function words: “the”, “a”, “and”, prepositions and the like. But these words, despite their small size, have an outsize importance: they convey the who-did-what-to-whom of the content words by providing structure and context. Omitting too many of them gives rise to headlines like “Services For Man Who Refused To Hate Thursday In Atlanta”, raising the question of who exactly does hate Thursday in Atlanta, or “Patrick Stewart Surprises Fan With Life-Threatening Illness”, which would seem a pretty cruel thing for Mr Stewart to do, if read with a certain tilt of the head. 
In the main text, journalists tend to the opposite sin. Instead of being obscure, they make prose feel so drearily familiar that the reader wonders if the paper came out last month—or even last year. A satirical piece in the Washington Post covered the white-nationalist marches in Virginia as though written by a hack foreign correspondent, describing “tribal politics” and “flashpoints” in which the “Trump regime” sided with the “ethnic majority”. Good editors have a list of clichés that they strike from their pages with zeal. 
Only a journalist finds “fresh” a fresh synonym for “new”, so that the reader hears of “fresh clashes” or “fresh elections”, or in one grisly example, “fresh bodies” washing up weeks after a tsunami. Only in the papers do time periods “see” this or that: March saw major demonstrations, April saw fresh clashes, and so on. Overused words like landmark, historic, crisis, watershed, make-or-break and the like give the impression that the writer does not trust the facts themselves to convey any drama. The inexperienced writer may find these clichés and overused words rushing to the fingertips. It is tempting to write like many of the journalists you have read, to show that you have mastered the way it is usually done. 
Whereas this might work on a lazy editor, it is no road to distinction. George Orwell once wrote: “Never use a metaphor, simile or other figure of speech which you are used to seeing in print.” Where most writers find themselves talking about people rushing to something “like moths to a flame”, Orwell had them doing so “like bluebottles to a dead cat”. Though known best as a novelist and essayist, he was also a master chronicler of the things he saw as a journalist. 
Orwell’s concern was not just stylistic. It was that hackneyed writing betrays rushed, automatic thinking, rather than slow and critical reflection. Of course, it is hard to be reflective when working to a deadline. Every newspaper, including this one, will feature some verbiage that is the equivalent of the ubiquitous flat-pack Ikea furniture, chosen not because it inspires, but because it is quick to assemble and gets the job done. Yet crafting fresh language, for all the time and effort it takes, is the first step in producing stories that will not only be published, but be read with pleasure. Tribal language may be useful for insiders, but most outsiders just find it annoying.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Los siete problemas de los periodistas

Les dejo como reflexión de fin de año esta columna de Delia Rodríguez publicada el 14 de diciembre en eldiario.es. Léala con calma. Al periodismo lo que le ocurre es internet, que ha sacado lo peor de los medios y ha provocado siete problemas a los periodistas:

1. El tráfico.

2. No hacer las cuentas.

3. La credibilidad.

4. El poder.
El poder es, de hecho, el cuarto problema. A los directivos lo único que les interesa es la política, entendida como cercanía al poder y como forma de influir en él. En España los medios no son un contrapoder, son un poder (aunque cada vez más débil), no aspiran a controlarlo, sino a cenar con él. Mantienen un doble discurso en el que por la vía de los hechos son establishment, pero por la de la narrativa defienden una épica trasnochada y machista llena de máquinas de escribir, humo de tabaco, señores en tirantes, watergates y blanco y negro. Ojalá algún día un nuevo medio nazca diciendo la verdad: “Vamos a seguir haciendo lo mismo de siempre, solo que en internet que es más barato, niña, instálame el Twitter”. A diferencia de lo que ocurre en otros lugares del mundo, el problema en España no son las presiones, las amenazas, la asfixia económica, sino que ni siquiera son necesarias. El acto de valentía cotidiano no consiste en enfrentarse al Estado, a la Iglesia, a las empresas, sino en decidir no publicar el bulo de que Adele ha perdido 68 kilos. Todo en un oficio que aspiraba a ser justo lo contrario.
5. Escribir para uno mismo.

6. Desconexión con las audiencias.

7. Desinterés por el talento

De los lectores dice Delia:
Nadie puede exigirles que sostengan una industria desconcertada.
y agrega
...tienen otros dos problemas. El primero, que los lectores fieles que quedan caigan en la tentación de convertirse en fans, olvidándose de que no siempre es bueno que te den exactamente lo que esperas y que incluso el mejor de los medios necesita una reprimenda de vez en cuando. El segundo, el peligro de que usen los contenidos periodísticos para automedicarse: administrarse a conveniencia una dosis de ira, alegría o tristeza lista para contagiar a los demás en redes sociales, arrastrándonos a todos en una espiral viral de emociones colectivas cuando lo que mejor nos sentaría a todos, periodistas, lectores y periodismo, es romper ese ciclo con un poco más de cerebro.
Encontré la columna gracias a otra de Diego Salazar en Perú 21 y que también recomiendo como reflexión de fin de año.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

El estado del periodismo y las portadas de Time


La revista Time ha elegido a Donald Trump, el Presidente de los Estados Desunidos de América, como Personaje del Año. Ellos sabrán porque para ser personaje del año no hay que ser ni bueno ni malo, solo hay que ser personaje, pero lo que pasa es que falta casi un mes para que termine 2016...

Para tener una idea del estado del periodismo en los Estados Unidos y el mundo, les paso las portadas de la edición americana de Time en las que apareció Trump a lo largo del año.


Sobre una idea de Alejo Schapire

viernes, 14 de octubre de 2016

Tres generaciones perdidas


Me entero por esta columna de Vicente Lozano en El Mundo de Madrid de la aparición de Journalism’s Lost Generation: The Un-doing of U.S. Newspaper Newsrooms, de Scott Reinardy, profesor de periodismo en la Universidad de Kansas. El libro es una colección de entrevistas a periodistas de redacciones norteamericanas, realizadas durante su año sabático en 2014. Aquí una entrevista sobre sus hallazgos que publica hoy la Columbia Journalism Review.

Les paso, editadas, las tres generaciones perdidas que cita Lozano, tal como las describe Reinardy en la entrevista:
1. One are certainly those who lost their job and perhaps their profession in the layoffs and the cuts. 
2. The second, I think, are the older journalists. The culture has changed so drastically and the workload—the way newspapers cut their staff but continue to try to produce at the same rate they previously had. And then adding in the technology: “We want you to shoot videos or take photos or post online.” And the social media aspects: “You’ve got to tweet X amount per day, you have to blog X amount.” That culture has changed dramatically, so the older generation is feeling, certainly, some loss. 
3. And then the younger generation is coming in and not really sure of the direction or the culture of the newspaper; they’re trying to figure it out. They come in with different perspectives. They can handle the multimedia and the social media, but then we have to talk about quality and depth of reporting. Are they just being driven to get more clicks and not worried about doing that second or third or fourth interview to make the content better? I’m not sure. And I’m not sure that generation—in talking with people—they’re not getting a lot of guidance from the older generation because the older generation is just too darned busy to instill some of the qualities and the mission that had previously been established.
***
So you have several generations that are trying to find their ways, and it’s challenging. And you have a gap in there as well. There are journalists between 35 and 45 who are leaving the profession—primarily women. There’s a generation gap that certainly changes the dimension of what the newsroom looks like and what the news looks like, quite frankly. 

lunes, 6 de abril de 2015

El papel nos hace cada día más débiles


En una reunión de editores de periódicos nos explicaba una vez más un consultor que los diarios dejarán de existir, por lo menos tal como los conocemos. Después de un día de deliberaciones sobre el fin de la prensa en papel nadie dijo que nuestro negocio no es comprar papel, imprimir papel, transportar papel y vender papel, que fue de lo que hablamos durante todo un día esos editores reunidos en simpática camaradería.

Nuestro negocio es el periodismo y ese negocio seguirá existiendo, fortalecido si consigue ser independiente de los poderes y debilitado si no lo consigue y lo que más debilita frente al poder político es el papel. Por desgracia casi todos los dueños de periódicos ya no son periodistas y entienden con mucha dificultad el silogismo que explica el corazón del negocio.

A pesar de los agoreros anuncios de los consultores que lanzan anzuelos en las reuniones de editores, en la Argentina hoy se editan más diarios que hace 20 años. En Buenos Aires sigue habiendo 17 y en Posadas, Misiones, hay cuatro. Los números de Posadas son mágicos porque probablemente la circulación sumada de los cuatro equivale a la histórica de El Territorio, el único diario cuando había uno solo en 1982. Claro que hay que calcular que la población se ha duplicado en este tiempo y que en el resto del país y sobre todo en el Gran Buenos Aires la circulación ha bajado notablemente a medida que el número de cabeceras y la población han crecido. En estos últimos 20 años ha habido más nacimientos que defunciones en la prensa de Buenos Aires, y los muertos fueron recién nacidos: Crítica de Jorge Lanata y Libre de Editorial Perfil.

El fenómeno es fácil de explicar: tal como están las cosas el negocio de la mayoría de esos diarios es la publicidad del estado (o del gobierno) y no la circulación. Es que cuando el negocio es la publicidad del estado la circulación es carísima. A fin de 2015 cambiará el gobierno nacional y posiblemente los que hoy gobiernan la Argentina sean parte de la oposición. Entonces los diarios hoy afines al kirchnerismo aparecerán en las reuniones con el resto de la industria y reclamarán igualdad de trato en la pauta publicitaria, exenciones impositivas y declaraciones de patrimonio cultural de la humanidad. Y hasta puede ocurrir que el próximo gobierno llegue con su propia PPP (prensa proveedora del poder) y aparezcan cinco o seis nuevos diarios en Buenos Aires que se quedarán con esa pauta en desmedro de todos los demás, tengan la circulación que tengan.

El papel está echando a perder al periodismo porque lo ha vuelto débil frente a los poderes. Y por esa vía será cada día más débil. El futuro de los periódicos puede tener que ver con la teoría de la evolución, con la supervivencia del más fuerte o del que se adapta mejor al cambio y otros lugares comunes que dicen los consultores en las reuniones de editores.

El futuro del periodismo, en cambio, tiene que ver con la independencia y la libertad para buscar la verdad y contarla. Y el papel se está volviendo el peor enemigo de esa libertad.

viernes, 13 de febrero de 2015

El mejor libro sobre periodismo según David Carr


The New York Times preguntó a algunos de sus periodistas cuál era el mejor libro sobre su profesión que habían leído. Esta es la respuesta de Carr, la respuesta de un reportero:
“In the hours after the attacks of Sept. 11, I was at the corner of Church and Chambers. Building 7 was on fire and then fell. A wall of debris and smoke came rushing up the street, and I dove under a car. I found myself looking into the eyes of a pigeon there and having an interspecies moment. ‘Are we O.K.? Is the world ending? Are we, um, birds of a feather?’ When the moment and wall of crud passed and I collected myself, I noticed a copy of Strunk and White’s ‘The Elements of Style,’ the ur-text of our profession, under the car. It was marked in ink as a Port Authority copy, and I knew it had blown out of their offices at the World Trade Center. I observe none of its edicts — I am a turgid, digressive writer — but love its aspiration and clarity. I put it under glass still containing the dust of that day along with a copy of something I wrote for New York magazine that was the only decent thing I wrote out of all that confusion and mayhem. I treasure its presence in my home even as I leave its advice under glass.”
Aquí se lo puede bajar (pdf).

lunes, 9 de febrero de 2015

Gracias a Dios hay periodistas


Probablemente no haga falta que le describa la situación o le repita la descripción del domingo pasado. Se la recuerdo en pocas palabras: después de la muerte más que dudosa del fiscal Alberto Nisman, la opinión pública argentina se debate en un despiole fenomenal de información verdadera y falsa, entreverada en una galleta que cada día será más difícil de desenredar. La expresión más cabal fue la de la Presidenta cuando dijo que aunque no tenía pruebas tampoco tenía dudas. Así pensamos casi todos, porque cada uno tiene una hipótesis que le cuadra los hechos a la perfección, pero en realidad nadie sabe nada de nada. Mientras unos tratan de averiguar algo, otros riegan la cancha para embarrarla y complicar nada menos que el bien supremo de la verdad.

Tanto es así que se ha relevado al principal espía del país del secreto que impone su profesión desde que empezó a trabajar para los servicios de inteligencia hasta que lo echaron en diciembre pasado. El hombre puede contar todo lo que sabe y parece que sabe todo, desde la cantidad de whisky que trasegaba el general Galtieri al talle de camisa del suicida que reventó la Amia. El tipo tiene filmadas las trampas de todos los funcionarios desde 1972 y podría develar los episodios más jugosos de la política argentina durante los últimos 43 años. En el gobierno nacional –como en una película de Bourne- hace tiempo que tratan de neutralizar al espía que por saber demasiado se les empezó a escapar de las manos. Primero fue la designación de Milani al frente del Ejército, luego los cambios drásticos en la Secretaría de Inteligencia y ahora abren la caja de los truenos y liberan a Jaime Stiusso (o como se llame) del secreto al que lo obligaba la ley para que pueda decir lo que se le dé la gana… pero el problema es que nunca sabremos si es verdad o mentira lo que dice.

Parece que lo que menos importa es averiguar la verdad y lo que sí importa es adaptarla a las conveniencias de unos o de otros. Lo que pasa es que esa no va a ser la verdad sino una versión caprichosa, interesada, de lo que pasó. Al final -y digan lo que digan los jueces- ganará la que se imponga en la opinión pública. Y a eso lo saben los dos lados de la grieta.

Pero en el medio están los periodistas. Déjeme que le cuente una vez más que son una especie rara de personas modificadas genéticamente para buscar la verdad. Y hoy más que nunca la verdad de lo que pasa está en sus manos, en su capacidad para buscarla cueste lo que cueste y lleve el tiempo que lleve. Es que la verdad es un bien superior, pero también escaso y difícil, al que se llega con mucho trabajo, mayor constancia, equilibrada coherencia y también bastante coraje.

Como pasa en algunas profesiones que mantienen cierta relación con el poder, hay algunos -a veces muchos- que parecen periodistas. Peor no se equivoque: son otra cosa, generalmente a sueldo del embarrador de la cancha o de una fuente interesada en modificar la verdad, que es lo mismo que mentir. Hay muchos modos de descubrirlos y usted ya los conoce. Les cree a unos y descree de otros, aunque sean entretenidos, porque todos sabemos distinguir el entretenimiento de la información.

Por eso, porque la verdad está difícil de conseguir en estos tiempos de la Argentina. Porque el poder embarra la cancha siempre a su favor para conseguir más poder. Porque la impunidad es tan normal como andar vestidos. Porque quienes pueden sustraerse a las sentencias se friegan en la Justicia. Porque el cinismo y los sofistas se han instalado en la Argentina como en la Grecia de Diógenes, quiero decir que gracias a Dios, ahora hay periodistas.

NOTA: esta columna se publicó ayer en El Territorio de Posadas, Argentina.

sábado, 17 de enero de 2015

Consejos para escribir bien

El consejo #0 es saber inglés :)


Via... no me acuerdo. Era un tuit de un ciudadano britànico :(

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La nueva edad de oro de los periódicos

Lo que piensa Perdo J. Ramírez sobre la prensa de papel y sobre el oficio de los periodistas. Está en la contraportada de Heraldo de Aragón de hoy y lo encontré gracias a un tuit de Julio Pardo.


Aquí la entrevista completa.