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lunes, 2 de diciembre de 2013

Pérez-Reverte sobre los diarios, internet y el futuro

La muerte de Pepe Monerri provocó esta catarata de tuits de Arturo Pérez-Reverte sobre el periodismo, los diarios, el papel, internet, el futuro... El orden es de abajo para arriba mientras siga sin saber cómo ponerlos al derecho, pero da igual. Muchos son respuestas a contertulios que intervienen en su charla dominguera vía Twitter del bar de Lola.


sábado, 25 de julio de 2009

La magia, las historias y la exclusiva

En el post de anteayer me jugué por la magia de las historias, animado por la comprobación empírica de las preferencias de los lectores en la web del diario. Por un comentario de FA entiendo que puede parecer contradictorio con la misión de los periódicos ¿Se debe dar prioridad a lo que piden los lectores: crónica roja, historias mágicas, farándula...?

Ni el periódico ni el periodismo dependen de los caprichos del público, como no dependen de los del poder. Es al revés. Los periódicos y el periodismo forman opinión con el fin -sagrado- de mejorar nuestras sociedades. Y lo hacen con historias, con magia, con crónica roja, con política y economía, con análisis y opinión, con farándula y deportes, con primicias y exclusivas.

Las primicias fueron apenas un episodio en la historia de los diarios. Hace mucho tiempo que han dejado el lugar de las noticias a otros medios mucho más inmediatos. Pero puede ser que la confusión entre primicias y exclusivas haya extraviado la misión del periodismo desde el tiempo en que eran fenómenos muy parecidos.

Quizá atraigan menos la política y los políticos que las historias mágicas, pero es parte esencial de la misión de un periódico informar de los actos de gobierno y de los negocios del poder. Y vaya si hay exclusivas e historias increíbles en las secciones de política de los diarios que no se conforman con las ruedas de prensa. En el resto de las secciones nos hemos acostumbrado más todavía a las gacetillas, a los calendiarios y a lo que trae el día. Muy mal. Hay historias apasionantes para descubrir en la vida del ciudadano más gris. Y detrás de esas historias hay grandes verdades que conmueven al lector más insensible.

Cuando alguien en la redacción dice que no ocurren cosas, es que no sabe buscarlas (no lo llamo periodista porque no lo es).

Trabajo práctico: Lea una historia de Jorge Fernández Díaz en La Nación de Buenos Aires. Hay para elegir: La mujer que entró y salió del infierno; El exorcista de la calle 6; El chico que tenía dos nombres y dos madres; Rescatando al sargento Villegas. También se puede escoger entre las de Manuel Rivas, Oriana Fallacci, Jorge Edwards, Arturo Pérez-Reverte, Ryszard Kapuściński, Miguel Maura, Thomas French, Mariano José de Larra, Tom Wolfe, Truman Capote, Andrew Graham-Yooll, Gabriel García Márquez, Ignacio Ezcurra, Francisco Febres Cordero y mil periodistas más. Después imagine que esas historias se publican en el periódico y un día o una semana o un año después aparecen en la web. Más: que la web anuncia esas historias para que los lectores las busquen en el diario.

El negocio del periodismo (1), en Paper Papers, 13/2/09

martes, 23 de junio de 2009

El Bato, Goebbels y los consultores

Periodista no es el que escribe bien, pero debe escribir bien. Y el periodista que escribe bien es mejor periodista. Pero eso no quiere decir que todo el que escribe bien sea buen periodista (o periodista, a secas). Ni siquiera es buen periodista el que está en la trinchera. Ni la valentía ni el miedo son señales de buen periodismo como tampoco ser buenos compañeros y mejores colegas. Bueno es el periodista que se involucra con la realidad y se empeña en mejorarla. Lo demás es un invento.

He dejado pasar el tiempo para opinar sobre el post más comentado de esta casa. Sobre el Bato, a quien no conozco más que de ver su cara dolorida en la TVE cuando todos éramos más jóvenes. Allí iba montado en una lancha rápida de la Guardia Civil por el Estrecho en busca de africanos. No se le oía por el ruido de los motores y el agua salpicaba el lente de la camára. Y yo pensaba -no conocía su nombre- que era Míster Figuretti: cada vez que aparecía en la tele, el protagonista era él. Los mauritanos o los croatas estaban siempre en segundo plano.

Aclaro que me han gustado mucho casi todas las aventuras del capitán Alatriste y que disfruté con Cabo Trafalgar, que terminé de leer allí mismo, en el faro del Cabo. Ahí brindé con fino del mejor por todos los muertos en la batalla y por Horacio Nelson. Y también confieso que la taberna que encontré en Madrid ha bajado en varios puntos mi gusto por la literatura malhablada del Gran Bato (supongo que lo mismo me ocurriría con el Gran Gabo si me encontrara en Aracataca una picantería de Aureliano Buendía con el copyright de GGM).

La historia de Figuretti me viene justo para despachar algo que tengo hace un tiempo en la punta de la lengua y que espera el momento oportuno para decirlo con calma.

No es buen periodista quien solo escribe bien. Y no es buen maestro el profesor de retórica de Goebbels, aunque enseñe a hablar como Demóstenes.

Tampoco es buen consultor el que da consejos magníficos... a los tiranos. El que enseña periodismo (que no lo es) a los que usan sus medios para dominar a los indefensos, para engañar a los pobres, para corromper a los inocentes y para conseguir votos de los incautos.

Conozco algunos que no aceptan jamás estos trabajos como no aceptarían escribir a favor o en contra de lo que les diga el jefe. Otros conozco que lo hacen sin más problema que cobrarle a jeques, déspotas y concubinos del poder... que no siempre es tan fácil, por cierto.