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domingo, 11 de junio de 2023

Periodismo y punto*

El post anterior subí el artículo que publicó Infobae con motivo del Día del Periodista. Es de Fernando Ruiz, gran profesor de Periodismo y Democracia en la Universidad Austral, que también fue presidente de FOPEA (Foro de Periodismo Argentino) y es miembro de la Academia Nacional de Periodismo. Se llama El periodismo y las medias verdades (todavía es gratis). Se lo resumo en algunas frases: Decimos medias verdades porque estamos demasiado preocupados por el poder y cubrimos mucho más la política que las consecuencias de la política. Ponemos más énfasis en la defensa de los derechos civiles y políticos que en los derechos sociales. Nuestra práctica de monitorear al poder nos lleva a entablar diálogos cerrados con las elites del poder y perdemos conexión con quienes sufren la injusticia social. El periodismo está cambiando y crece el consenso en la profesión acerca de que la construcción democrática tiene que ser integral. Ese nuevo periodismo debería llamarse periodismo de inclusión.

No soy partidario de ponerle adjetivos a la profesión, pero le recuerdo algunos relacionados con el área de cobertura del profesional, como periodismo deportivo, político, económico, turístico, religioso, policial, agropecuario, de espectáculos... También están los ideológicos, como periodismo militante, independiente, cívico, ciudadano... El periodismo de investigación y el de datos son una tontería que supone que el periodismo a secas no investiga o que sus datos son borrosos. Algo parecido pasa con los periodismos de género o lenguaje: periodismo de opinión, de crítica, de panel, comentarista, gráfico, radial, digital, televisivo, fotoperiodismo... Y dejo para el final los adjetivos para los vendeplumas, como el booked journalism del mundo anglosajón (el que paga por las primicias); pero habría más, como periodismo mercenario, faldero, ensobrado, chupamedias, pelotillas, lamebotas, chivo, quiosco, chapuza... bueno, mejor no sigamos.

No deberíamos llamar periodismo al que viene con adjetivos que rebajan la calidad de su verdad o su respeto por la realidad, porque esa calidad y ese respeto son esenciales a la profesión. Por eso mismo basta y sobra con el periodismo a secas, sin más vueltas ni adjetivos. Aclaro que el que tiene que ver con el área de cobertura casi siempre es temporal, ya que pasamos de una sección a otra y se acaba el adjetivo, así que tampoco por ahí.

Volviendo al artículo de Ruiz, hay que decir que después de muchos años del paradigma de la asepsia hemos caído en la cuenta de que el periodismo no debe ser distante de los problemas, de las mentiras, de la corrupción, de la inseguridad, de la pobreza, o de la violencia y de muchas otras lacras humanas. El periodismo debe involucrarse con la realidad, porque es parte de esos problemas y parte de su solución.

La otra consecuencia del Día del Periodista fue el debate generalizado entre los profesionales preocupados por la precariedad laboral o por los bajos sueldos, ni más ni menos que las consecuencias de la crisis económica que afecta a todas las profesiones, a todos los salarios y a todas las industrias. El periodismo es una pasión, es el arte afiebrado de buscar la verdad, encontrarla contrarreloj y expresarla con maestría. El dinero es lo que menos nos importa, aunque haya una industria que explota esa pasión y de algo haya que vivir. Y está confirmado por muchos casos que cuando un periodista decide ser a la vez periodista y empresario, entonces se pierda una de las dos condiciones.

Nadie es periodista para ganar dinero sino para buscar apasionadamente la verdad –esa verdad que todos necesitamos como el aire para respirar– aun a costa de sufrir las consecuencias de enfrentarse con el poder, porque la verdad molesta a quienes la esconden, que casi siempre es el poder en cualquiera de sus formas. Debería llamarse periodismo prócer, pero prefiero solo periodismo, sin adjetivos.

*Publicado en El Territorio el 11 de junio de 2023.

miércoles, 7 de junio de 2023

Día del periodista de inclusión social

Con motivo del Día del Periodista en la Argentina y con el permiso expreso de Fernando Ruiz, copio este artículo que aparece hoy en Infobae (todavía de libre acceso). Tiene algo que ver con la desinformación, uno de los defectos del periodismo a los que se refiere Francisco en el post anterior. 

Fernando es profesor de Periodismo y Democracia en la Universidad Austral de Buenos Aires, expresidente de FOPEA y miembro de la Academia Nacional de Periodismo.


El periodismo y las medias verdades 

Si el periodismo quiere contar la realidad latinoamericana con rigor profesional, la tiene que contar socialmente completa

 

El contexto de este nuevo Día del Periodista es que las repúblicas independientes de América Latina están cumpliendo sus dos siglos de vida y sus desigualdades sociales extremas también.

Hoy la más masiva violación a los derechos humanos en la región se da por la desigualdad social, y sus causas no son un tema central de la cobertura periodística. Hay opiniones, hay interpretaciones, pero falta periodismo.

Quizás existe la percepción de que la realidad social está cristalizada y forma parte del paisaje no modificable. Y sabemos que solo moviliza nuestros esfuerzos lo que creemos modificable.

Hoy el periodismo pone mucho más énfasis en la defensa de los derechos civiles y políticos que en los derechos sociales. Estos pasan por ser derechos de segunda, como si fueran derechos disminuidos, o cuasi derechos, aunque nuestras constituciones no hagan esa distinción.

Esa actitud periodística tiene una lógica. Las construcciones de nuestros hogares nacionales democráticos exigieron una secuencia de expectativas. Había que consolidar primero los cimientos de los derechos civiles y políticos para luego concentrarse en avanzar en los pisos superiores de los derechos sociales.

Pero las transiciones democráticas no pueden ser eternas. En algún momento tiene que enfrentarse a la desigualdad social extrema y persistente. Además, sabemos que si no tenemos los derechos sociales básicos tampoco tenemos libertades, dado que nuestras carencias fundamentales hacen que nuestro nivel de dependencia personal sea extremo, y podemos ser fácilmente clientelizados. Si el desarrollo es la “expansión de las libertades sustantivas”, es una ilusión creer que vamos a ejercer nuestra ciudadanía plena si nuestro déficit de derechos sociales es gravísimo.

El periodismo nunca es el mismo. Hay una adecuación a las necesidades de cada época. Y en estos momentos es necesario una era social de la profesión. Lo bueno es que coincide con la visión de los periodistas, dado que, en una reciente encuesta a periodistas de América Latina, la gran mayoría expresó su vocación de promover el cambio social.

Por eso, el periodismo está cambiando. Crece el consenso en el mundo de los periodistas acerca de que la construcción democrática tiene que ser integral. Toda una nueva generación de medios digitales tiene a la desigualdad social como uno de sus ejes centrales: Animal Político, La Silla Vacía, Plaza Pública, El Faro, Red/Acción o Connectas; y también en medios principales, como el programa de corresponsales en la periferia que impulsa la Folha de Sao Paulo.

El cambio social está creciendo en el horizonte editorial de los medios. Y no solo en América Latina. Dos de los medios más importantes del mundo realizaron proyectos muy ambiciosos para analizar las raíces estructurales de la desigualdad social en sus respectivos países. The New York Times hizo el proyecto 1619, que fue el año en que ingresaron los primeros esclavos negros a las entonces colonias inglesas; y The Guardian inició el proyecto Cotton Capital, que incluso revisa la relación entre los orígenes de ese medio y la esclavitud. Son decisiones editoriales de los medios de referencia mundial que comienzan a marcar una nueva era, donde la lucha contra la desigualdad social vuelve a estar en el centro, como ya lo estuvo en otros momentos de la historia, por ejemplo, cuando surgió el periodismo de investigación en Estados Unidos, a fines del siglo diecinueve, con los famosos muckrakers.

Los medios principales hacen coberturas aisladas de la desigualdad social, pero esos esfuerzos profesionales no tienen la persistencia ni la centralidad de otros temas. Por su parte, el periodismo de investigación está más volcado a la corrupción administrativa, pero menos a la desigualdad social. Apenas en forma indirecta se dice que ese dinero que se roba se les resta a los pobres. No es frecuente que se investigue el rol de las grandes instituciones sociales en la reproducción de la desigualdad social. “Las disparidades permanecen arraigadas en las instituciones formales e informales, resistiendo el cambio”, dicen los profesores brasileños Criselli Montipó y Jorge Kanehide Ijuim.

El periodismo se debe al presente, no al pasado. Por eso, surgen olas de “nuevos periodismos” con adjetivos orientadores, como fueron el periodismo ciudadano, cívico, público, interactivo o de soluciones. En una reciente investigación se enumeraron en los últimos treinta años más de 150 nuevos periodismos con adjetivos. Pero es que en cada época se proponen énfasis diferentes. Y hoy necesitamos en América Latina un periodismo de inclusión social, que haga más hincapié en las necesidades sociales.

Por eso, no es un periodismo para siempre. Es un periodismo de emergencia para un continente socialmente quebrado, con una fisura que lo pone en un riesgo permanente de autodestrucción. Y no debería ser un periodismo militante, sino muy profesional. Combatir la desigualdad requiere hacer periodismo de calidad, pero para todos, no para unos pocos. La percepción de las víctimas de la desigualdad social es que el periodismo los mira con “negligencia crónica”, como quien te mira y juzga de lejos sin intención de acercarse, como señaló un informe reciente del Reuters Institute.

Anita Varma, una profesora de la Universidad de Texas, dice que el periodismo está constitucionalmente protegido solo porque está para servir al interés público, alineado con el ideal de dignidad para todos”.

Nuestro foco es la sociedad, no la política, ni el gobierno. El periodismo tiene que monitorear al poder, y la manifestación central del poder suelen ser los gobiernos, pero esa luz que el periodismo intenta poner sobre el gobierno y la política es instrumental para servir a la sociedad, que es nuestro fin principal. Nos ocupamos del gobierno y de la política porque nos interesa la sociedad.

Pero nuestra práctica de monitorear al poder muchas veces nos lleva a entablar diálogos cerrados con las elites del poder, y podemos perder la conexión con quienes viven la injusticia social.

Cuando se produjeron recientes discusiones sobre los regímenes de salud en Colombia y en Chile, o la discusión sobre el régimen jubilatorio en Argentina, el eje principal de las coberturas fueron los efectos políticos sobre un gobierno o un plan económico, más que los efectos sociales sobre la desigualdad estructural que sufre la región. Lo mismo suele ocurrir cuando en cada parlamento regional se debate la ley de presupuesto general del Estado. Nuestro monitoreo constante sobre el poder –que es clave- nos saca de lo más importante, que es finalmente el beneficio social.

Si el periodismo quiere contar la realidad latinoamericana con rigor profesional, la tiene que contar socialmente completa. Si no, su mirada tendrá un sesgo clasista, lo que sería, por lo menos, una media verdad.


El periodismo también es responsable de nuestros problemas. En esta casa hemos dicho hasta el cansancio que el periodismo debe mojarse, involucrarse, en contra de los que sostienen el periodismo aséptico, el que no debe tomar partido entre la vida y la muerte, entre la seguridad y la inseguridad, entre la pobreza y la riqueza, entre la guerra y la paz...  

miércoles, 26 de octubre de 2022

Peronismo, periodismo y democracia

Otra vez con el permiso presunto de La Nación y de su autor, subo este artículo de Fernando Ruiz, profesor de Periodismo y Democracia en la Universidad Austral, publicado ayer en el diario.
El periodismo frente a Perón y la tradición peronista

La posibilidad de promover un cambio social sostenible depende de que nuestras fuerzas políticas principales coincidan en la valorización de las instituciones democráticas; un indicador clave es su relación con la prensa profesional 
por Fernando Ruiz

Desde que se inventó, el peronismo se casó y divorció varias veces del periodismo profesional. Es una relación picante que pasa veloz del amor al odio. El peronismo nació en la vereda opuesta de los grandes diarios, que eran entonces el núcleo del periodismo profesional. Cuando Juan Domingo Perón inició su carrera política, era amable en público con esos diarios pero hostil en privado. Sabía que los tendría en contra, pero no atacó desde el primer día. Estaba acaparando fuerzas.

“No lea y recomiende a sus amigos que no lean los diarios traidores”, pedía la logia militar que encumbró a Perón desde junio de 1943. Esa misma práctica cautelosa tuvo el general después de ganar las elecciones de 1946 y 1973. En la campaña electoral de 1946 había acusado a los diarios de ser grandes enemigos, pero una vez que ganó repuso la sonrisa amable; hasta que empezaron a surgir las dificultades económicas en ambos mandatos, cuando volvió a orientar sus críticas públicas hacia los diarios.

En 1947, antes de cumplir un año de su primer gobierno, ya se refería a la prensa como su “cuarto enemigo”, después de “oligarcas”, “políticos” y “comunistas”. Y en 1974 –también antes de cumplir un año, de su tercer mandato– empezó a acusarlos de atentar contra el pacto social que promovía su gobierno. Quizá su muerte frenó lo que hubiera sido una nueva campaña crítica contra el periodismo profesional.

Dos semanas antes de morir, dijo irritado en una reunión con dirigentes de la CGT: “No hay día en que en un diario no aparezca una cosa catastrófica en primera plana. Hasta los chistes que se hacen en televisión son siempre intencionados, pero intencionados en contra, nunca intencionados a favor del gobierno. Es decir que aquí hay un proceso armado y, probablemente, proyectado para traerle perturbaciones al pacto social, especialmente”.

El general Perón fue gran esgrimista, boxeador y un profesor de historia de la guerra que, según su relato, participó desde 1922 en la elaboración de todos los planes de operaciones del estado mayor, por lo que iba y venía como un profesional del conflicto. Él se jactaba de eso: “Conozco muy bien los métodos de acción porque soy un hombre que desde los catorce años he sido educado en la lucha, de modo que no ignoro la lucha ni la temo. Observo y comprendo no solo las primeras intenciones, sino que también alcanzo las segundas y las terceras”.

En sus primeros dos mandatos con esos “métodos de acción” Perón casi liquida al periodismo profesional. Y no atacó solamente a “la prensa de la oligarquía”, sino a todo medio que no le fuera afín. Podemos decir que su valoración del periodismo profesional era nula. Como otros autoritarismos de la época, contraponía el periodista trabajador, dando beneficios evidentes con el Estatuto del Periodista, al periodista profesional, convirtiéndolo en lo que los italianos llaman un giornalista dimezzato (periodista por la mitad), al que el control político anula su autonomía. Se vacía su labor profesional, pero se le paga mejor.

Por supuesto, cuando Perón no estaba en el poder redescubría el valor democrático de las libertades periodísticas. En esa situación, como lo hacen hoy los grupos más extremistas, son todos liberales y tienen gran habilidad para generar escándalos para exigir garantías y libertades que los autoritarismos suprimen cuando gobiernan. En la doctrina de Perón los medios eran un poder para ser controlado. No había un respeto doctrinario a la autonomía de una institución clave del espacio cívico. De hecho, en el interior de la prensa propia la disciplina también debía respetarse. En una carta de 1958 Perón ordenó: “Los órganos de prensa del peronismo, por estar encuadrados en la disciplina del movimiento, al servicio de sus tácticas y de su estrategia, son identificados como voces dirigentes y, por lo tanto, se los considera vehículos de las directivas de los organismos superiores”.

Desde 1963, Perón expandió su popularidad como un outsider de la clase política local, con un perfil moderno, en contraposición, primero, al presidente Arturo Illia y, luego, al general Juan Carlos Onganía. Las cada vez más importantes revistas argentinas mandaban a sus principales periodistas, quienes tenían largos diálogos en Madrid. Sus competencias comunicativas siempre fueron excepcionales, por lo que el resultado solía ser que caían en el campo magnético de Perón y la entrevista diseminaba su capacidad de seducción.

Cuando, en abril de 1971, un enviado del presidente Alejandro Lanusse fue a negociar una salida política a Puerta de Hierro, le comentó a Perón que le habían consultado si convenía pasar una entrevista por televisión y radio que le habían hecho en 1965. Se pensaba como una señal de apertura. Pero el coronel Francisco Cornicelli le confesó, ante las risas de Isabel y López Rega, que observaban, que él recomendó no transmitirla “porque estuvo tan simpático en esa oportunidad que casi me convence”. “Si lo pasamos llena la Plaza de Mayo enseguida”, dijo Cornicelli.

Perón disparaba sin parar desde Madrid; como le dijo al periodista Miguel Pérez Gaudio, de la publicación cordobesa Aquí y Ahora: “Mire, Miguel, nunca lo olvide: el arma más segura es la escopeta”. En su relación con el periodismo, Perón aplicaba las categorías de la guerra. No era el mismo discurso cuando estaba en una ofensiva estratégica que en una defensa estratégica, en un ataque convergente o una ruptura estratégica. El discurso es en la política una de las acciones guerreras principales, por lo que el conductor la usaba de acuerdo con su plan de batalla. Pedirle coherencia en el discurso era exigirle que se atara a una táctica.

Además, lo hacía con flexibilidad: “Pega, pero escucha”, decía Perón citando a Licurgo, el legislador de Esparta, quien era un gobernante histórico muy citado por él. La ambigüedad y el engaño son mellizos, y tanto la historia militar como la política se nutren de ellos. En el Museo Histórico Nacional, en Parque Lezama, está la grabadora Grundig TK23 que usaba Perón para mandar mensajes desde Puerta de Hierro. Esas cintas circulaban en los laberintos partidarios en una partida de ajedrez que lo devolvería al poder en marzo de 1973.

La clave de su relación con el periodismo es que Perón nunca vio a la democracia liberal y su división de poderes como una fuerza transformadora; al contrario, pensaba que sus instituciones centrales –entre ellas, los medios– eran defensoras del statu quo más que promotoras del cambio social. Esa era una “democracia estática”, como dijo en su campaña de 1946. Esa visión no la inventó él, pero sí contribuyó a cristalizarla y ayudó a que esa idea tenga persistente y anacrónica actualidad.

Siempre hubo sectores del peronismo que valoraron el equilibrio de poderes y la prensa como parte necesaria del progreso social: desde aquellos peronistas originarios influenciados por el laborismo inglés y Harold Laski hasta la propia renovación peronista y el Frepaso, que se presentó en 1995 con José Octavio Bordón y Carlos “Chacho” Álvarez. Además, el modelo alemán de posguerra fue siempre inspirador para el peronismo, desde Perón en Madrid citando a Ludwig Erhard hasta las menciones de Cristina Kirchner, pero nunca rescataron la dimensión liberal de ese modelo. Hoy los peronistas que creen en el liberalismo político están en otras fuerzas políticas, o en el Frente de Todos con un perfil más bajo ante el actual liderazgo kirchnerista, que es más cercano a las prácticas antiliberales de Perón.

Ahora el peronismo es una tradición histórica transversal, como lo son el radicalismo, el socialismo, el liberalismo o el conservadurismo, y todas en su interior tienen corrientes más favorables y otras menos hacia el periodismo profesional. Son transversales porque la misma puede nutrir a varias fuerzas políticas. De hecho, hay radicales, conservadores, peronistas y socialistas de los dos lados de la grieta, y también por fuera de ella.

Por eso, a dos siglos de nuestra construcción democrática, la posibilidad de promover un cambio social sostenible depende de que nuestras fuerzas políticas principales coincidan al menos en la valorización de las instituciones democráticas, y uno de los indicadores claves es su relación con el periodismo profesional.

miércoles, 19 de abril de 2017

Las noticias falsas y el futuro del periodismo


Decía el viejo Borges que los textos se imprimen para dejar de corregirlos.

¡Se imprime! gritamos en la redacción del diario cuando está lista la portada. Ese hecho que hoy puede parecer antiguo es una de las garantías de credibilidad de nuestras cabeceras.

La impresión fija los textos mientras que internet es una edición eterna. Hay que animarse a imprimir y a poner el sello que dice a esto lo digo yo.

Y por eso los periódicos han sido y parece que seguirán siendo marcas curadoras de periodismo.

Las noticias falsas son una prueba de esto y una garantía del renacer del periodismo y de las cabeceras que ofrecen credibilidad. También de los periodistas individuales que con sus nombres certifican lo que dicen en los medios para los que escriben o en sus cuentas personales de internet.

Coincide con esta idea de revalorización de periodismo Fernando Ruiz, para quien las noticias falsas tienen tres causas:
1. La revolución en el sistema de medios (con fenómenos digitales que rearticulan el sistema de la verdad).

2. El crecimiento en el mundo de los movimientos populistas y autoritarios (que “tienen una relación de amor libre con la mentira”).

3. La tendencia de las audiencias a buscar informaciones que sostengan sus creencias previas.
No puedo estar más de acuerdo. Aquí la nota completa del debate organizado por ADEPA.

miércoles, 30 de octubre de 2013

30 años de democracia y periodismo en la Argentina



Interesantísimo aporte de Fernando Ruiz que encuentro por casualidad en el sitio de CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina). Hoy se cumplen 30 años de la elección de Raúl Alfonsín que marcó la vuelta a la democracia después de 53 de alternancia de gobiernos legales más o menos débiles con regímenes cívico-militares de facto nacidos de golpes de estado.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Tenemos a nuestros lectores con nosotros


En septiembre de 1999 cuatro chicas, estudiantes de periodismo en la Universidad Austral, entrevistaron a Jacobo Timerman en La Biela, un conocido bar de Buenos Aires que él llamaba "mi partenón". Cuando era pasante en el diario La Nación, Sofía Amado supo que Graciela Mochkofsky trabajaba en la biografía de Timerman y le ofreció la entrevista que tenía granada en dos microcasettes. Fue la última que le hicieran a uno de los más grandes periodistas argentinos: murió dos meses después. Las otras estudiantes eran María Elizalde, María Saravia y Ángeles Ugarte y entrevistaban a Timerman a pedido del profesor Fernando Ruiz, que preparaba entonces al historia del diario La Opinión que se publicó como "Las palabras son acciones".

Graciela Mochkofsky acaba de publicar la desgrabación en "El Puercoespín". Coincide con el lanzamiento de la segunda edición –la definitiva– de su biografía de Timerman, que tengo que ponerme a leer ya mismo. Vale la pena leerla completa y ver esta promoción de Planeta que contiene algunas de las frases que dijo don Jacobo en esa entrevista.



Elegí la frase que más me gustó de Jacobo Timerman para el título de este post. El párrafo completo es este y está al final de la entrevista:
Un día amenaza de bomba. Entonces ordeno evacuar el edificio pero yo me quedo con mi hijo. Sentados los dos. Porque algún ejemplo de que uno enfrentaba había que dar. Entonces me dijo: “Papi, estamos muy solos”. Le digo: “No; tenemos a nuestros lectores con nosotros”. Ese instante cubre todo lo que me queda de emoción, de ideas. Haber podido vivir ese instante. Como decía Goethe: “Oh, instante, detente, eres tan hermoso”
Pero lea este otro párrafo. Es genial y terrible a la vez. Toda una clase de periodismo en diez líneas:
Todos los años en el cementerio de la Tablada profanan tumbas. Anteayer 70, 50 o 40. La Nación sacó hoy un editorial protestando. Ahora, supongamos que La Nación hubiera puesto a sus periodistas a investigar, porque hay muchos elementos de investigación. Yo también he investigado. Ahí viene tu pregunta: “interpretar o investigar”. Todo eso se mezcla. Interpretás que fue un atentado a la sociedad e investigás qué es lo que ocurrió. Cinco periodistas de La Nación colocados por tres días en ese barrio, recorriendo casa por casa, las comisarías, inmediatamente te dicen lo que pasó. Quiénes fueron, cómo se llaman, fue Pepe, fue el Banana, todos los conocen, todos los policías los conocen. Pero no, hicieron un editorial. ¿Qué es un editorial? Un editorial es aquello que nadie lee. Nadie lo lee. En el diario La Opinión, que yo tenía, no había editoriales.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Independientes, militantes y prostitutas

Lo escribí para El Universo de Guayaquil el viernes 2 de diciembre (y provocó iras en El Telégrafo). Después lo levantó La República y Esto es Tucumán. Pero nació en dos post de Paper Papers (este y este). Se los paso con breves reformas y un título más sugestivo.
No me gusta ponerle adjetivos a los periodistas ni a los periodismos. Ni siquiera me gusta la distinción entre competencias dentro de la profesión: la política, el deporte, los crímenes o los espectáculos son diferentes ámbitos de la misma realidad que describe el periodismo. Es un fuego sagrado que los periodistas alimentan cuando respiran, cuando duermen, cuando comen y también cuando cubren un acontecimiento. Bueno, el verbo cubrir es a todas luces desacertado para esta actividad, además de ambiguo (y no sigo por el horario de protección a los menores). El periodismo es una actividad genética que descubre lo que está oculto a la mayoría de los mortales, porque los periodistas tienen esa capacidad, casi siempre innata, de ver lo que la mayoría no ve. Y la especialización es apenas una circunstancia que puede tocar a lo largo de la carrera profesional.  
Pero si hay adjetivos que no me gustan para el periodismo son los que los califican de militantes, independientes, oficialistas, chupamedias, fanáticos o partidarios de lo que sea. Tampoco me gusta la expresión periodismo de investigación, que supone que hay uno de segunda clase, que no investiga. El periodismo siempre supone la investigación, la confirmación de los hechos, el valor agregado y la averiguación de datos que la gente no conoce. Si no es así, no es periodismo.
Resulta que, a pesar de mis gustos, en la Argentina se ha impuesto últimamente el periodismo militante como si fuera una virtud. Lanzó la idea el actual vicegobernador de Buenos Aires. Gabriel Mariotto, que desde que era el jacobino Secretario de Medios del Gobierno Nacional repite el participio militante cada diez palabras que usa: no concibe otra forma de vida que no sea la trinchera política y la artillería mediática. Lo secundó Martín García, director de la agencia oficial Télam, que llegó a comparar al periodismo con la prostitución: los periodistas alquilan su pluma para placer de los que pagan por ella. Para estos señores la esencia del periodismo no es la curiosidad insaciable sino la militancia y la billetera: entienden el periodismo como un servicio a la política o al dinero. 
Hace unos días, Ernesto Tenembaum, uno de los periodistas más lúcidos de la Argentina, comentó ante una pregunta de una redactora de La Nación de Buenos Aires que mientras los militantes solo alaban al poder político, el periodismo independiente descubre los abusos de los poderosos: “La mejor cobertura sobre el Grupo Clarín fue la de Perfil y la de Graciela Mochkofsky en el libro "Pecado Original" y las grandes investigaciones y denuncias sobre el Grupo Clarín fueron hechas por la prensa privada: Julio Ramos, Jorge Fontevecchia, Jorge Asís en una novela y Jorge Lanata, que mandó un fotógrafo a sacarle una foto a Magnetto” (Héctor Magnetto es el Director Ejecutivo y propietario del Grupo Clarín y Enemigo Número Uno del Gobierno).
Denunciar los abusos del poder es misión de la prensa. Pero de todo el poder, no solo del poder político. Y lo tiene que hacer publicando la verdad: lo que sucede, ni más ni menos, y con valentía. Todos dependen de los anuncios de los que tienen poder y todos los que tienen poder han aprendido a usar la publicidad para inclinar la balanza de los medios y de algunos periodistas a su favor. Y también hay que decir que muchos medios y muchos periodistas –por desgracia muchos más de los que parece- han sido cómplices de la misma situación que denuncian.
Fernando Ruiz, un gran profesor de periodismo, acaba de aportar lo suyo al debate caliente entre periodistas independientes y militantes: “Así como hay medios oficialistas que tienen una mirada sesgada y militante, sin matices, hay medios opositores que hicieron lo mismo desde el lado inverso. Los contendientes se terminan pareciendo. Es la estrategia menos inteligente de los medios de comunicación independientes, porque se meten de lleno en el terreno de la política. Es cierto que los medios siempre han sido actores políticos, pero hay una dimensión profesional que respetar, y hoy muchos columnistas no hacen periodismo, sino política”.
[…]
“La polarización es una técnica de acumulación de voluntades que da frutos políticos, por eso se mantiene. Salir de este enfrentamiento no es una decisión del periodismo. Otro problema es que el periodismo construido con fondos oficiales depende de la continuación de la guerra. Y sólo tendrán fondos si la guerra continúa”. 
Al final el periodismo militante sirve a la construcción de poder y es un negocio magnífico para los proveedores de prensa del gobierno, que lucran con el conflicto que ellos mismos alientan, como los vendedores de armas hacen con las guerras. Será por eso que ya nos hemos dado cuenta de que esos periodistas que bajaron a la trinchera política más que militantes del poder son obedientes del dinero, o prostitutas… como le gusta a Martín García.

martes, 29 de noviembre de 2011

¿Quién tiene el poder?

Sí. Ya sé que es tarde. El reportaje Periodistas vs Periodistas de Astrid Pikielny salió el domingo 13 de noviembre en el suplemento Enfoques de La Nación. Vale la pena. Léalo. Hay opiniones de todo tipo, pero de nuevo prefiero la de Ernesto Tenembaum citada así por Pikielny (ya decía lo de los periodistas obedientes más que militantes):
"Cuando matan a Ferreyra, ¿quién abrió las preguntas que finalmente fueron respondidas por la Justicia? La prensa privada. ¿Quién le hizo las preguntas a Aníbal Fernández sobre la zona liberada que generó la policía? Longobardi", enumera Tenembaum y no elude referirse al caso Herrera Noble que involucra a la dueña del Grupo Clarín, para el que él trabaja. "La mejor cobertura fue la de Perfil y la de Graciela Mochkofsky en el libro "Pecado Original". Incluso en TN hicimos una cobertura muy favorable a que los hijos se hagan los análisis. Y las grandes investigaciones y denuncias sobre el grupo Clarín fueron hechas por la prensa privada: Julio Ramos, Jorge Fontevecchia, Jorge Asís en una novela y Jorge Lanata, que mandó un fotógrafo a sacarle una foto a Magnetto. En la prensa pública sólo hay obediencia".
También destaco las opiniones de periodistas de diarios del interior, de esos que Magdalena Ruiz Guiñazú metió sin mucho criterio en la bolsa de los oficialistas. Entre ellas prefiero la pregunta que se hace Julio Rutman, de Radio Nacional Mendoza:

¿Quién tiene el poder en la Argentina?

Ahí está la esencia del problema. Denunciar los abusos del poder es misión de la prensa. Pero de todo el poder, no solo del político. Todos, pero sobre todo los medios del interior, dependemos de los anuncios de los que tienen poder. Y todos los que tienen poder han aprendido a usar la publicidad para inclinar la balanza de los medios y de algunos periodistas a su favor. Y los que les enseñamos a hacerlo fuimos nosotros que somos en gran parte cómplices de la misma situación que denunciamos.

El reportaje se completa con un artículo de Raquel San Martín, que también recomiendo, con abundantes citas de dos encuentros sobre periodismo militante o independiente. Destaco dos de Fernando Ruiz:
Así como hay medios oficialistas que tienen una mirada sesgada y militante, sin matices, hay medios opositores que hicieron lo mismo desde el lado inverso. Los contendientes se terminan pareciendo. Es la estrategia menos inteligente de los medios de comunicación independientes, porque se meten de lleno en el terreno de la política. Es cierto que los medios siempre han sido actores políticos, pero hay una dimensión profesional que respetar, y hoy muchos columnistas no hacen periodismo, sino política.
[…] 
La polarización es una técnica de acumulación de voluntades que da frutos políticos, por eso se mantiene. Salir de este enfrentamiento no es una decisión del periodismo. Otro problema es que el periodismo construido con fondos oficiales depende de la continuación de la guerra. Sólo tendrán fondos si la guerra continúa.

viernes, 16 de julio de 2010

27 años por tomar fotos

Era la condena que cumplía Omar Rodríguez Saludes, uno de los presos políticos liberados de la cárcel anteayer por el régimen de los Castro en Cuba. Además fueron dejados en libertad (bueno, fueron expulsados de su propio país inmediatamente, junto con sus familias) los periodistas Ricardo González Alfonso y Normando Hernández. A veces me dan vergüenza nuestros problemas y nuestras luchas me parecen un juego. Estoy leyendo Otra grieta en la pared, el libro de Fernando Ruiz (aquí en pdf). De ahí subo la noticia del proceso torbellino de Rodríguez Saludes tal como la dio The Miami Herald el 8 de abril de 2003:
CUBA CASTIGA DISIDENTES CON PRISIÓN
FISCALES LOS ACUSAN DE COLABORAR CON LOS DIPLOMÁTICOS ESTADOUNIDENSES

Por Nancy San Martin (nsanmartin@herald.com)

En un intento por sofocar el creciente movimiento opositor, el gobierno de Fidel Castro sentenció el lunes a va rios de los más prominentes críticos de su régimen a penas hasta de 27 años de prisión alegando que colaboraban con diplomáticos estadounidenses para socavar el sistema socialista. Al menos 43 de los acusados fueron sentenciados el lunes en la culminación de un proceso torbellino de arresto, juicio, fallo y castigo que comenzó apenas hace tres semanas con una serie de detenciones [...] Una lista de las sentencias confirmada por la no gubernamental Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, en La Habana, mostró que el castigo más severo hasta ahora fue de 27 años de cárcel para el periodista independiente Omar Rodríguez Saludes. Una figura familiar en la comunidad de la disidencia, Rodríguez Saludes habitualmente iba en su bicicleta a las conferencias de prensa, con una cámara colgando con una cuerda de su cuello. Se espera que los juicios pendientes terminen pronto, y que todas las sentencias sean anunciadas antes del fin de semana.

miércoles, 30 de mayo de 2007

No tan dictador...

Seguí leyendo el prólogo de Mario Diament a Las palabras son acciones, la historia política y profesional de La Opinión de Jacobo Timerman, de Fernando Ruiz:

"La redacción de La Opinión no era, como pronto descubriría, un grupo precisamente armónico. Las personalidades y las ideologías, en un período de extraordinaria ebullición política, producían líneas divisorias tan anchas como profundas. Había peleas histéricas y bromas ácidas y feroces. Al poco tiempo de estar allí, vi a Martín Müller arrojarle un diccionario por la cabeza a Ricardo Halac, lo que interpreté como un acto altamente alegórico de una redacción donde lo que prevalecía era el intelecto. Pero había al mismo tiempo una energía creativa que impregnaba el aire y atizaba la imaginación. Raramente volvería a sentir una atmósfera así en una redacción".

Ya se ve que la dureza de un director es compatible con una redacción creativa. He comprobado que solo puede exigir el Director o el Jefe de Redacción que se exige a sí mismo. Así debía ser Jacobo Timerman, y Félix Laíño, y Allen Neuhrath, y Benjamin Bradlee...

El director/dictador, en Paper Papers, 29/5/07

domingo, 27 de mayo de 2007

Un diario sirve para hacer olas

"Un diario que no hace olas no está cumpliendo su función". Es una vieja máxima del periodismo norteamericano que aparece en el prólogo de Mario Diament del libro Las palabras son acciones de Fernando Ruiz. Lo acabo de ver en la contratapa de Perfil de hoy. En la columna de Jorge Fontevecchia sobre El gran Jacobo a raíz de que la Fundación Konex decidió darle el premio de honor a Timerman casi diez años después de su muerte (la cita como puesta por Diament en boca de don Jacobo).

Fontevecchia ubica a Timerman en una categoría que llama director/dictador. Además de Al Neuharth, fundador del USA Today, creo que debería incluirse a muchísimos directores de diarios de una época de oro. Uno de ellos es don Félix Laiño, que dirigió muchos años La Razón de Buenos Aires, cuando era vespertino, de pago y pasaba los 500.000 ejemplares en dos ediciones (La Razón de hoy es de Clarín, es gratuito y no llega a los 100.000 ejemplares de promedio mensual de lunes a sábados; no aparece los domingos).

Tengo otras anécdotas de don Jacobo Timerman. Todas son coherentes con la máxima de las olas. Fontevecchia cree que es cosa de otra época y que ya no se puede ser director/dictador en un periódico. Me consta que es muy difícil y que a Timerman no hubiera resistido el estilo actual de consenso y de predominio de la propia opinión por sobre todo: el yoyamismo actual conspira contra ese estilo de gobierno en las redacciones. Sería un calvario, pero para Timerman, no para los periodistas. Hoy, para dar una indicación a un periodista hay que pedir permiso a sus abogados (debería ser el tema del próximo post). Pero eso no debe ser una excusa para que los diarios dejen de hacer olas.

Informar es producir hechos, en Paper Papers, 12/10/06