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martes, 31 de marzo de 2015

Noticias de Número Cero


Había en Posadas un semanario que chantajeaba igual que Peccorelli/Vimecarte, lo hacía con un anuncio en el diario El Territorio en el que anticipaba un título de la publicación que después salía a favor o en contra, según le pagara o no el chantajeado. La publicación se terminó el día que le rechazamos sus avisos. Esos periodistas siguen existiendo, en Posadas y en todo el mundo. Es el tema de la nueva novela de Umberto Eco que saldrá el próximo 9 de abril en castellano. Aquí la entrevista sobre Número Cero de Juan Cruz en El País de Madrid.


Lea estos párrafos sobre la crisis y el futuro del periodismo y de los periódicos:

Internet puede haber tomado el puesto del periodismo malo… Si sabes que estás leyendo un periódico como
El País, La Repubblica, Il Corriere della Sera…, puedes pensar que existe un cierto control de la noticia y te fías. En cambio, si lees un periódico como aquellos ingleses de la tarde, sensacionalistas, no te fías. Con Internet ocurre al contrario: te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan solo en el éxito que tiene en Internet cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio. ¡Pero la crisis del periodismo en el mundo empezó en los cincuenta y sesenta, justo cuando llegó la televisión, antes de que ellos desaparecieran! Hasta entonces el periódico te contaba lo que pasaba la tarde anterior, por eso muchos se llamaban diarios de la tarde: Corriere della Sera, Le Soir, La Tarde, Evening Standard… Desde la invención de la televisión, el periódico te dice por la mañana lo que tú ya sabías. Y ahora pasa igual.

¿Qué debe hacer un diario? Tiene que convertirse en un semanal. Porque un semanal tiene tiempo, son siete días para construir sus reportajes. Si lees
Time o Newsweek ves que varias personas han contribuido a una historia concreta, que han trabajado en ello semanas o ­me­ses, mientras que en un diario todo se hace de la noche a la mañana. Un periódico que en 1944 tenía 4 páginas hoy tiene 64, con lo cual tiene que rellenar obsesivamente con ­noticias repetidas, cae en el cotilleo, no ­puede evitarlo… La crisis del periodismo, entonces, ha empezado hace casi cincuenta años y es un problema muy grave e importante. Porque es cierto que, como decía Hegel, la lectura de los periódicos es la oración de la mañana del hombre moderno. Y yo no consigo tomarme mi café de la mañana si no hojeo el diario; pero es un ritual casi afectivo y religioso, porque lo hojeo mirando los titulares, y por ellos me doy cuenta de que casi todo lo había sabido la noche anterior. Como mucho, me leo un editorial o un artículo de opinión. Esta es la crisis del periodismo contemporáneo. ¡Y de aquí no se sale!

El periodismo podría tener otra función. Estoy pensando en uno que haga una crítica cotidiana de Internet, y es algo que ocurre poquísimo. Un periodismo que me diga: “Mira qué hay en Internet, mira qué cosas falsas se están diciendo, reacciona ante ello, yo te lo muestro”. Y eso se puede hacer tranquilamente. Sin embargo, se piensa aún que el diario está hecho para que lo lean unos señores viejos –ya que los jóvenes no leen—que además no usan Internet. Habría que hacer, pues, un periódico que se convierta no solo en la crítica de la realidad cotidiana, sino también en la crítica de la realidad virtual. Este es un posible futuro para un buen periodismo.

...para no morir el periódico tiene que saber cambiar y adaptarse. No puede limitarse solamente a hablar del mundo, puesto que de ello ya habla la televisión. Ya lo he dicho: tiene que opinar mucho más del mundo virtual. Un periódico que sepa analizar y criticar lo que aparece en Internet hoy tendría una función, y a lo mejor incluso un chico o una chica jóvenes lo leerían para entender si lo que encuentra online es verdadero o falso. En cambio, creo que el diario funciona todavía como si la Red no existiera. Si miras el periódico de hoy, como mucho encontrarás una o dos noticias que hablan de la Red. ¡Es como si los rotativos no se ocuparan nunca de su mayor adversario!

lunes, 27 de octubre de 2008

Cruz, periodismo, diarios e internet

Ayer leí en 233grados -gracias a Google Reader- las palabras textuales de Juan Cruz, levantadas del sitio periodismociudadano.com. Esa entrevista es de EFE, pero está levantada, a su vez, del sitio de Público de Madrid. Clarín de ayer publicó otra entrevista -realizada por Fernando García- sobre la última novela de Juan Cruz, Muchas veces me pediste que te contara esos años.

Menos lobos, Caperucita, que la cosa no era tan grave. Todo lo contrario. Va lo más interesante de esas declaraciones que aclaran, espero, las de EFE, o por lo menos las completan. Me parece que a alguien le molestó lo del lodazal...

-Escribe que "escuchar conversaciones de adultos" fue su primer trabajo de periodista. ¿Por qué?

Es que es eso es el periodismo, contar la vida de los otros. "La vida de los otros", esa película, es periodismo, periodismo perverso. Debemos enterarnos de lo que hacen los otros no para denunciarlos sino para entender el drama humano.

-Deme un ejemplo real de periodismo perverso...

Internet, que le está haciendo un daño enorme al periodismo. Internet es la confusión. No puede ser el medio, el periodismo es el medio. Uno entra a Internet como a las playas del Caribe: sabiendo que puede haber tiburones en el agua. Acuérdate lo que se decía de la radio cuando llegó la tele... Como dijo (Umberto) Eco todo se hace para que volvamos a ver cine.

-Quiere decir que todo lo que se escribe en la Red es para volver a leer el diario?

No te quepa la menor duda. Yo no creo que la gente lea menos por Internet. El problema es habernos creído que las historias no tienen que ser noticias.

-Cómo se superponen esas redacciones bohemias de Tenerife que rememora en el libro con las informatizadas de hoy?

Yo tengo melancolía sentimental de aquello porque me divertía pues. Pero eran tiempos oscuros donde lo que regía era la prohibición. Sin embargo había un sabor... y yo creo que los periodistas nos hemos acomodado demasiado. Las redacciones se parecen cada vez más a un proyecto burocrático que a una convivencia de ideas. En los años 30 y 40, los redactores de La Vanguardia se comunicaban por carta con su jefe. Ahora es igual: se mandan mails... la alta informática ha llevado al silencio.


Es la línea de García Márquez, Eloy Martínez o Galeano.

Comparadas unas con otras, son más trogloditas las declaraciones de Pierre Assouline sobre los diarios, publicadas en La Vanguardia de anteayer, que 233grados también destaca como para retrucar a Juan Cruz.