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viernes, 24 de julio de 2020

Cerró El Telégrafo de Guayaquil


Última edición en papel de El Telégrafo de Guayaquil, decano de la prensa ecuatoriana, que fue fundado el 16 de febrero de 1884 (hace 136 años) por Juan Murillo Miró. Después de varios cambios de propiedad y en plena crisis financiera del Ecuador, cayó en manos del banquero Fernando Azpiazu Seminario. Al quebrar el Banco del Progreso pasó a la Agencia de Garantía de Depósitos. El estado ecuatoriano lo relanzó en 2008 como diario estatal y ahora lo cierra, después de algunos anuncios fallidos.

Bonus track sobre medios públicos

En la última edición de El Telégrafo viene esta columna de Tatiana Hidrovo que expresa la justificación de los medios públicos. La subo como bouns track al post del cierre.

viernes, 21 de febrero de 2020

El Telégrafo se libra de su propia tipografía

Por fin El Telégrafo (diario público del Ecuador) se libró de un error notable de su diseño anterior, cuando decidieron abandonar su cabecera diseñada con la misma tipografía de los títulos.

Ayer

Conserva las minúsculas y la diferencia de valor entre el artículo y el sustantivo. El artículo siempre ha sido un problema complicado de resolver en casi todos los diarios del mundo, pero sobre todo en castellano porque la mayúscula en ambos términos le da mucha fuerza al artículo. Esta de El Telégrafo es una de las soluciones. 

Hoy

Algo más. Basta con entrar a El Telégrafo de Guayaquil (en la lista de vínculos de la derecha) para sorprenderse con la cantidad de veces que hay rediseñado este diario... con el dinero de los contribuyentes, claro.

viernes, 10 de marzo de 2017

Entre el terrorismo y el cinismo


Es el típico caso de terrorismo informativo. O periodismo por aproximación. Una desgracia que hace muy mal al periodismo. Para no gastar su dinero y el mío Mauricio Macri viaja en un avión de línea a una visita de estado a España y otro pasajero del mismo avión contrabandea un alijo de éxtasis, así que Macri viajó con 64 pastillas de éxtasis... 

Pero mire este otro de El Telégrafo, el diario del gobierno en el Ecuador. El cinismo les da para publicar una encuesta mentirosa en favor del candidato del poder político y también para mentir descaradamente con el gráfico:

lunes, 26 de enero de 2015

No hay que ganar dinero para ser independientes


A raíz del post del miércoles pasado sobre el crowdfounding de El Español me escribe Sergio Sotelo para contarme que en El Telégrafo de Guayaquil se publicó esta columna suya sobre el periodismo non profit que ahora sube a su blog El pez de hojalata.

La clave está en mantenerse independiente en los contenidos, ser libres para decir lo que queremos decir, cosa imposible sin independencia económica. Pero resulta que solo se puede tener dinero para ser independientes si no queremos ganar dinero. Toda una paradoja.

Prometo estudiar la idea del ultimo párrafo de la columna de Sergio con la idea de Lee Smith. El modelo de las universidades no es para nada una mala idea. Pueden ser accionistas de medios o tener en propiedad uno o varios de ellos. Muchas tienen emisoras de radio. Pero permítanme darle una vuelta de rosca a la idea:

Las universidades son muy parecidas al negocio del periodismo. Su negocio es el de las ideas y con ellas quieren cambiar el mundo y no se conciben sin libertad. Algunas tienen como fin ganar dinero, pero esas no son las más ricas ni las más independientes.

Las universidades son una prueba de que no hace falta ganar dinero para ser independientes y tienen ya casi mil años. No hay que ganar dinero, pero hay que tenerlo y hay modos de conseguirlo que no son la publicidad.

Más sobre periodismo sin fines de lucro en Paper Papers. Y sobre la universidad como modelo:

Non profit media, en Paper Papers, 29/5/2008
Periódicos sin fines de lucro, en Paper Papers, 19/2/2008

jueves, 15 de diciembre de 2011

Independientes, militantes y prostitutas

Lo escribí para El Universo de Guayaquil el viernes 2 de diciembre (y provocó iras en El Telégrafo). Después lo levantó La República y Esto es Tucumán. Pero nació en dos post de Paper Papers (este y este). Se los paso con breves reformas y un título más sugestivo.
No me gusta ponerle adjetivos a los periodistas ni a los periodismos. Ni siquiera me gusta la distinción entre competencias dentro de la profesión: la política, el deporte, los crímenes o los espectáculos son diferentes ámbitos de la misma realidad que describe el periodismo. Es un fuego sagrado que los periodistas alimentan cuando respiran, cuando duermen, cuando comen y también cuando cubren un acontecimiento. Bueno, el verbo cubrir es a todas luces desacertado para esta actividad, además de ambiguo (y no sigo por el horario de protección a los menores). El periodismo es una actividad genética que descubre lo que está oculto a la mayoría de los mortales, porque los periodistas tienen esa capacidad, casi siempre innata, de ver lo que la mayoría no ve. Y la especialización es apenas una circunstancia que puede tocar a lo largo de la carrera profesional.  
Pero si hay adjetivos que no me gustan para el periodismo son los que los califican de militantes, independientes, oficialistas, chupamedias, fanáticos o partidarios de lo que sea. Tampoco me gusta la expresión periodismo de investigación, que supone que hay uno de segunda clase, que no investiga. El periodismo siempre supone la investigación, la confirmación de los hechos, el valor agregado y la averiguación de datos que la gente no conoce. Si no es así, no es periodismo.
Resulta que, a pesar de mis gustos, en la Argentina se ha impuesto últimamente el periodismo militante como si fuera una virtud. Lanzó la idea el actual vicegobernador de Buenos Aires. Gabriel Mariotto, que desde que era el jacobino Secretario de Medios del Gobierno Nacional repite el participio militante cada diez palabras que usa: no concibe otra forma de vida que no sea la trinchera política y la artillería mediática. Lo secundó Martín García, director de la agencia oficial Télam, que llegó a comparar al periodismo con la prostitución: los periodistas alquilan su pluma para placer de los que pagan por ella. Para estos señores la esencia del periodismo no es la curiosidad insaciable sino la militancia y la billetera: entienden el periodismo como un servicio a la política o al dinero. 
Hace unos días, Ernesto Tenembaum, uno de los periodistas más lúcidos de la Argentina, comentó ante una pregunta de una redactora de La Nación de Buenos Aires que mientras los militantes solo alaban al poder político, el periodismo independiente descubre los abusos de los poderosos: “La mejor cobertura sobre el Grupo Clarín fue la de Perfil y la de Graciela Mochkofsky en el libro "Pecado Original" y las grandes investigaciones y denuncias sobre el Grupo Clarín fueron hechas por la prensa privada: Julio Ramos, Jorge Fontevecchia, Jorge Asís en una novela y Jorge Lanata, que mandó un fotógrafo a sacarle una foto a Magnetto” (Héctor Magnetto es el Director Ejecutivo y propietario del Grupo Clarín y Enemigo Número Uno del Gobierno).
Denunciar los abusos del poder es misión de la prensa. Pero de todo el poder, no solo del poder político. Y lo tiene que hacer publicando la verdad: lo que sucede, ni más ni menos, y con valentía. Todos dependen de los anuncios de los que tienen poder y todos los que tienen poder han aprendido a usar la publicidad para inclinar la balanza de los medios y de algunos periodistas a su favor. Y también hay que decir que muchos medios y muchos periodistas –por desgracia muchos más de los que parece- han sido cómplices de la misma situación que denuncian.
Fernando Ruiz, un gran profesor de periodismo, acaba de aportar lo suyo al debate caliente entre periodistas independientes y militantes: “Así como hay medios oficialistas que tienen una mirada sesgada y militante, sin matices, hay medios opositores que hicieron lo mismo desde el lado inverso. Los contendientes se terminan pareciendo. Es la estrategia menos inteligente de los medios de comunicación independientes, porque se meten de lleno en el terreno de la política. Es cierto que los medios siempre han sido actores políticos, pero hay una dimensión profesional que respetar, y hoy muchos columnistas no hacen periodismo, sino política”.
[…]
“La polarización es una técnica de acumulación de voluntades que da frutos políticos, por eso se mantiene. Salir de este enfrentamiento no es una decisión del periodismo. Otro problema es que el periodismo construido con fondos oficiales depende de la continuación de la guerra. Y sólo tendrán fondos si la guerra continúa”. 
Al final el periodismo militante sirve a la construcción de poder y es un negocio magnífico para los proveedores de prensa del gobierno, que lucran con el conflicto que ellos mismos alientan, como los vendedores de armas hacen con las guerras. Será por eso que ya nos hemos dado cuenta de que esos periodistas que bajaron a la trinchera política más que militantes del poder son obedientes del dinero, o prostitutas… como le gusta a Martín García.

jueves, 19 de mayo de 2011

Necedad de autoritario

Es verdad que me comprenden las generales de la ley, pero mi comentario de ayer era en defensa de las correcciones. Porque corregir los errores es de sabios y no hacerlo, de necios. El editorial de hoy de El Telégrafo de Guayaquil, un diario incautado por el gobierno del Ecuador, critica con amargura la fe de erratas de El Universo de ayer. Como no puede criticar la buena fe de El Universo critica la tardanza en hacerlo. Para el mundo corregir un error es una fortaleza, para el autoritarismo es un defecto. La razón es económica: para hacer su negocio, estos señores necesitan que el poder esté peleado con la prensa independiente.



jueves, 7 de abril de 2011

El Telégrafo ahora parece un diario

El 1 de abril apareció el nuevo diseño de El Telégrafo de Guayaquil, de Ariel Garófalo. Se los presento (clic -> amplía):


Buen trabajo, sobre todo a la vista del adefesio que habían hecho en la anterior administración, con el dinero de los contribuyentes, claro. Mucho mejor el logo y la imagen. Ahora parece un diario, aunque sea el de Irigoyen.


Y no hago más comentarios porque me comprenden por los cuatro costados las generales de la ley. Juzgue usted mismo.




*****



Tapa y doble central del cuerpo principal del martes pasado, de solo ocho páginas...

jueves, 18 de noviembre de 2010

Diario para unos pocos

Es de las cosas más graciosas que he visto en los últimos años. El Telégrafo de Guayaquil inicia en su tapa del lunes esta entrevista a un asesor en contra de dos diarios independientes, El Universo y Súper. Sigue en la doble central:


El martes siguió con esta nota en la página 4.


¿Por qué contesta José Orús –un asesor que cobra casi U$ 12.000 por mes– desde la tapa de El Telégrafo, si los escasos lectores de El Telégrafo no leen El Universo? ¿Por qué publica ¡seis fotos! de Orús?

Es que no es un mensaje a los lectores de El Telégrafo sino a los directores de El Universo, que publicó el domingo 7 esta nota de una página sobre PP El Verdadero y El Telégrafo los diarios propiedad del estado, pagados con los recursos de los ciudadanos, con su dinero y el mío. Es a ellos a quienes mira Orús por arriba de sus gafas de leer.

Es curioso que con estas notas El Telégrafo confirme lo contrario de lo que intenta decir.

sábado, 10 de abril de 2010

Ya lo descubrirán

Es de lo más difícil para conseguir: un gerente de periódico que entienda el negocio del periodismo. Ahora insisto en que los responsables de El Telégrafo de Guayaquil están aprendiendo por las bravas el oficio. Lean estos fragmentos de la entrevista emitida por Ecuador TV (canal de estado) a los actuales responsables del diario. Transcribo frases de Máximo García, Director Encargado (un funcionario del estado) y Nancy Bravo, integrante del directorio:

El 95% del tiraje de 40 mil ejemplares se regala.

La Gerencia de Ventas no cobraba las facturas y se regalaba hasta la publicidad.

Con tanta irregularidad que se cometió se dañó la marca El Telégrafo.

Se decía que es el periódico que se regala y que nadie lee.

Se desperdiciaron recursos haciendo un proyecto que la mayoría no entendía.

Estaba bien en el área de opinión, pero que esas páginas no son el todo del periódico.

Se había convertido en un diario temático, se podían encontrar temas repetidos y hasta con títulos iguales.

Había ocho tipos de portada y era una camisa de fuerza.

Había monotonía, todas las páginas tenían el mismo diseño.

No había creatividad.


Al final van a descubrir que el diario debe controlar al poder y que es mejor que no sea del estado.

viernes, 2 de abril de 2010

Censura documentada 3

Está en la página 8 de El Telégrafo de ayer. Asombra que la hayan publicado ¿O fue otro golpe bajo a la propietaria que escapó a los controles?

El periodismo del estado es contradictorio ¿Publicaría usted algo en contra de mi persona, de mis ideas, de mi familia, en mi diario? ¿Si lo consiguiera hacer una vez, dos, tres... pretendería quedarse y seguir escribiendo en contra de mis principios?

El Jefe del Estado es el jefe de la administración y ejerce el poder sobre los bienes públicos (dominio eminente lo llaman los juristas). Y eso es lo que pasó en El Telégrafo. Y hubiera pasado en El Comercio y en El Territorio y en El Mercurio y en Clarín... con cualquier editor rebelde.

El periodismo es independiente de los poderes o no es periodismo. Se puede ejercer donde se quiera mientras se respete la línea editorial que marca quien paga los sueldos y se juega su patrimonio en pos de sus banderas. Pero casi siempre es al revés: vamos a dónde nos sentimos cómodos y nos vamos de donde nos sentimos incómodos. Y las tecnologías no han hecho más que potenciar la independencia de cada uno de los periodistas.

Y no me tachen de liberal, que estoy defendiendo a Rafael Correa, publisher de El Telégrafo de Guayaquil.

domingo, 28 de marzo de 2010

Censura y código genético

Encuentro en Facebook estas dos páginas de El Telégrafo de Guayaquil de hoy. A la izquierda la que iba a salir. A la derecha, la que salió, sin el agradecimiento de Mariuxi León a Rubén Montoya y a David Sosa. La foto en Facebook tiene cientos de etiquetas a modo de adhesiones. El texto que la acompaña termina lacónico: "el dia de hoy ya no dejaron entrar a Mariuxi al diario a pesar de ser la editora de turno".

Da vértigo -escalofríos- reconocer el código genético escondido en los diarios. Es como su alma, su espíritu escondido en algún lugar del edificio que se nos impone y nos convierte en lo que tenemos que ser. O somos nosotros que nos despertamos de un letargo y descubrimos esa fibra que tienen los verdaderos periodistas. Debe ser la mezcla de las dos cosas, que no hay una sin la otra.

Periodistas del Ecuador, no están solos. Muchos los estamos siguiendo y los apoyamos con nuestra solidaridad.

El código genético de Clarín, en Paper Papers, 13/5/08
El código genético de los diarios, en Paper Papers, 5/11/06

viernes, 26 de marzo de 2010

El Telégrafo, tercer acto

Rubén Montoya ha dejado El Telégrafo de Guayaquil. En este blog lo dijimos hace casi dos meses, cuando empezó la rebelión de la dignidad en ese diario (ya sabe, léalo antes en Paper Papers).

Ahora lamento confirmarlo y sé que no es una sorpresa para Montoya ni para nadie en la redacción del diario más antiguo del Ecuador.

Solo quiero añadir dos cosas:

1. No se puede hacer periodismo desde el poder. Ya lo sabíamos, pero se engañaron con eso del diario público. El poder intentará siempre manipular el periodismo: si lo hace con los que quieren ser independientes, pensar que no lo va a hacer con sus propias reparticiones es una ilusión ingenua. Y no estoy hablando solo de los gobiernos autoritarios...

2. Es muy difícil volver al periodismo independiente. Quien ha trabajado para el poder queda marcado, aunque lo haya hecho convencido o por la nobilísima razón de mejorar su salario y el bienestar de su familia.

Ahora sí, mi solidaridad para Rubén.

martes, 9 de febrero de 2010

PPP en el Ecuador

Como si hubiera leído Paper Papers, Fernando Alvarado está a punto de crear la prensa PPP en el Ecuador. Pero no se trata de Prensa Proveedora del Poder, que esa es la privada que sirve al gobierno como un contratista de obras públicas, sino de la prensa Pública Pero Popular.

¿Qué querrá decir?

Lo trata de desentrañar anteayer Mauro Cerbino ¡en El Telégrafo de Guayaquil! (y ahora aviso que eso dará para otro post, ya que es paradójico que el diario del gobierno, el público pero elitista supongo, parece que tiene su código genético todavía vivo en algún lugar de su viejo edificio de la esquina de 10 de Agosto y Boyacá).

Se están refiriendo a la próxima aparición de El Compañerito, el diario público y popular que lanzará el estado (el gobierno) del Ecuador con el dinero de los contribuyentes, en los propios talleres y redacción de El Telégrafo de Guayaquil. Fundado en 1884, el gobierno de Rafael Correa se quedó definitivamente con El Telégrafo a través de la Agencia para la Garantía de los Depósitos (AGD) años después de la quiebra de su último propietario privado, el banquero Fernando Azpiazu.

Tranquilo, Herodes nos cuida, en Paper Papers, 11/6/09

viernes, 29 de enero de 2010

El Telégrafo, segundo acto

La carta que firma hoy Rubén Montoya en la página 2 de El Telégrafo de Guayaquil es el segundo acto de la rebelión de su director y de casi todos sus columnistas contra la decisión del gobierno de convertir a la empresa en editora de El Compañerito, un popular oficial para propaganda del poder. El proyecto muestra los dientes del poder detrás del diario público y la pérdida de interés del gobierno de Correa hacia un diario para debatir ideas.

Es así nomás y hay que aceptarlo: si el poder es despótico, no le interesa el debate sino la imposición de las ideas. Lo que es fantástico es que se ventile la pelea en las páginas del diario propiedad del gobierno y que sus empleados -funcionarios- lo usen para oponerse al proyecto. Realismo mágico sudamericano...

¿Deben ventilarse estas peleas? ¿No debemos lealtad a nuestros patrones? ¿Son patrones los gobernantes que te pagan el sueldo? ¿Se puede usar el medio que nos dan para denostar a los dueños del medio? ¿No hay que irse antes? En los medios del Ecuador no es el primer caso de un antiguo empleado que se vuelve desleal con quienes le dieron de comer y contribuyeron a hacerlo famoso muchos años.

El tercer acto está cantado.

Tiro por la culata 2, en Paper Papers, 28/1/10

martes, 31 de marzo de 2009

El diario de Irigoyen

Es un mito urbano argentino. Dicen que al presidente Hipólito Irigoyen le hacían un diario aparte, solo para él. Era una confabulación de su entorno para manejarlo con noticias falsas, en épocas en las que otros medios no podían suplir la desinformación o descubir la mentira. Eso ocurre hoy en la Argentina con los diarios oficiales, que son creíbles solo para quienes creen que son creíbles. Me explico: quienes los pagan -que no quienes los hacen- se creen que quienes los leen se tragan lo que dicen. Eso: creen que el pueblo es estúpido, que es una de las premisas básicas de las tiranías.

Me pasó ayer en un hotel de Guayaquil, donde un empleado me mostró riendo la pila de telégrafos cuando yo le pedí El Universo, que no tenían. "Es que El Telégrafo dice las mentiras del gobierno", me justificó la pila. "El Universo, en cambio, dice las verdades que molestan al gobierno". No. El pueblo no es tonto.

Hoy me encuentro en La Nación de Buenos Aires con este artículo buenísmo de Héctor D'Amico sobre el diario de Irigoyen y las mentiras del poder. El gobierno se cree su propio discurso, que elabora en base a las estadísticas que falsea. Es la fábula del rey desnudo. Juegan a que se la creen los que todavía lucran con el poder; los que le pueden sacar algo, aunque sea del búnker del führer. Esos todavía aceptan las mentiras, pero no por cínicos ni estúpidos sino por inmorales.

No hay epidemia de dengue, no hay inseguridad, no hay inflación. Son todas mentiras de los medios y una confabulación destituyente. No importa si mueren los infectados, asesinan inocentes, aumenta la pobreza y el país se desbarranca por el abismo. Imagine un avión de pasajeros en emergencia en el que las azafatas empiezan a dar instrucciones en chino... describe un ex funcionario al gobierno del matrimonio Kirchner.

miércoles, 20 de febrero de 2008

El lucro tampoco es garantía

Imaginemos un diario de interés general propiedad de Greenpeace o de Médicos sin Fronteras. No serían menos que el Washington Times (de la secta Moon) o los medios del gobierno como la agencia EFE o Televisión Española. O los afines a los gobiernos, como la revista argentina Ka y El Telégrafo de Guayaquil. Su fin no es el lucro sino servir para lograr otros objetivos: son paraguas de otros asuntos o negocios. Pero ¿son independientes?

SI porque son independientes de otros poderes, aunque no lo sean de la agenda de sus propietarios. Bienvenidos al club, porque eso es ni más ni menos un medio de comunicación independiente. Difunden las ideas de sus propietarios y tienen audiencias masivas.

NO porque dependen de los negocios de su propietario. De sus gerentes. De los caprichos de su familia... Entonces estamos en el mismo club. No existe un medio de comunicación tan independiente como para sustraerse de estas u otras presiones habituales en la industria.

La independencia de un medio es relativa, como toda libertad humana. Y tenemos súper claro el estándar de independencia suficiente como para declararnos tales. ¿Le podemos decir a cualquier anunciante que se pierda su publicidad por donde le quepa? ¿Podemos criticar al gobierno y aguantar después sus embates? ¿Podemos decir algo –positivo o negativo– de una empresa perteneciente al mismo grupo económico, del propietario o de su familia, sin que nos asuste el fantasma de la autocensura?

La independencia para un medio de comunicación y para un periódico en particular, consiste en poder llegar a la verdad y publicarla cuando las audiencias la necesitan. Da igual si lo hacemos en un medio sin fines de lucro, en una radio pública, en un diario local y familiar, o en un periódico multimillonario.

Periódicos sin fines de lucro, en Paper Papers, 19/2/08