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martes, 19 de agosto de 2025

La lección de Erich Salomon a los periodistas de hoy


Desde la cumbre de Potsdam de 1945 no había una reunión de líderes mundiales tan importante como la de ayer en Washington. 

Tal como acostumbra hacerlo, el New York Times publica tres fotos del encuentro en lugar de una, aunque privilegia la foto de familia con un enfoque oblicuo. A mi juicio es mucho mejor la foto de la mesa, en la que los protagonistas no están posando sino que están haciendo lo que fueron a hacer.


El periódico Ouest France, de Rennes, publica esa misma foto con algún segundo de diferencia, pero entera, en la que caben todos los que están sentados a la mesa, con Giorgia Meloni, Ursula von der Leyen y Friedrich Merz, que el New York Times obvió, entre otras cosas porque ya están en la foto de familia que abre la nota.



No es mi intención hablar del contenido de esas cumbres sino de la cobertura periodística y sobre todo fotográfica, que me recuerda a Erich Solomon (1886-1944) el fundador del fotoperiodismo como todavía lo conocemos. 

Salomon se colaba en las reuniones de políticos y diplomáticos vestido como ellos. Era uno más en las cumbres, difícil de distinguir como periodista para quienes no lo conocían o para los que de tanto verlo en esas reuniones pensaban que era un ministro más. Como era discreto y hacía bien su trabajo, los personajes que retrataba en esas reuniones también lo respetaban.

Aquí abajo un conocido autorretrato de Salomon, vestido de frac y con su cámara Ermanox, tomado desde una puerta entreabiera y usando un espejo.


Reunión de líderes europeos el 2 de enero de 1928 en el Hotel Splendid de Lugano (Suiza), entre los que se distingue a Gustav Stresemann, Austen Chamberlain y Aristide Briand.


Pasajeros dormidos (1929):


Es muy conocida también la foto que congela el momento en el que Aristide Briand lo descubre en una recepción y cuentan que dijo mientras lo señalaba: Ah, le voila? Le roi des indiscretes!


O estas dos de una conversación informal (las que realmente valen) en la Conferencia de La Haya de 1930:


Willian Randolph Hearst en 1930:


Recepción y banquete en la Cancillería del Reich en honor de invitados británicos. Max Planck, James Ramsay MacDonald, Albert Einstein, Hermann Schmitz, Hermann Dietrich y Hans Luther, el 27 de julio de 1931:


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Erich Salomon nació en Alemania en 1886. Aprendió a hacer fotos con la luz del ambiente usando una cámara Ermanox que tenía un tamaño como para pasar inadvertida. Su carrera comenzó primero como afición y luego tomando fotos para periódicos a escondidas en las audiencias de un par de juicios por asesinatos en Alemania. En 1934 emigró a los Países Bajos, sabedor de que, por ser judío, su vida correría peligro en Alemania. En 1940 los nazis lo descubrieron  cerca de La Haya y lo deportaron al campo Theresienstadt. Junto a su esposa y su hijo Dirk fue asesinado en Auschwitz en 1944.

En el sitio de Getty Images se pueden ver todas las fotos conocidas de Salomon.

La historia de Salomon es una lección para muchos fotógrafos de hoy. Los reconocemos a la legua por lo zaparrastrosos que van a cubrir los eventos en lugar de mimetizarse son los protagonistas: despeinados, sucios, en bermudas, terminan todos juntos en el corral, haciendo la misma foto para medios distintos que un día se darán cuenta que es mucho más barato que uno solo de ellos les haga las fotos para todos.


Pienso que Miguel Urabayen habría disfrutado con esta cumbre y también que le habría recordado a Erich Salomon. Sus clases sobre Cultura de la Imagen Periodística eran geniales. Subo esta foto en la que estamos juntos en un taller en la Universidad Austral de Buenos Aires.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Vale saber que mienten


Una nota en la página 2 de El Territorio dio lugar es este post. Y el post a la columna que publica hoy El Universo de Guayaquil. Un lector enojado me recuerda que ese material es robado. Y aunque no sé si la ha entendido yo le contesto que es como la ley del off the record. Si un funcionario o un político me dice off the record lo contrario de lo que me acaba de declarar oficialmente ¿qué es lo que vale? ¿la mentira oficial o la verdad robada? Yo no tengo dudas: Vale, sobre todo, saber que mienten.

Va el artículo con un pequeño agregado:

Julian Assange es Lisbeth Salander

Cuando Mario Vargas Llosa terminó de leer la trilogía Millenium de Stieg Larsson escribió que Lisbeth Salander, la anti heroína de la saga, una hacker esmirriada, híper tatuada, llena de piercing, es una persona real que debe existir en algún lugar del planeta. Una persona capaz de vengarse de empresarios inescrupulosos o de sus propios asesinos armada solo con una computadora.

Ahora pareciera que Lisbeth Salander es hombre, nació en Australia y se llama Julian Assange, el creador de WikiLeaks que ha revolucionado el mundo al dar a conocer cientos de miles de informes de la Secretaría de Estado norteamericana. Esos informes secretos no son más que los memos confidenciales que se intercambian entre las embajadas de los Estados Unidos en todo el mundo y la Secretaria de Estado (su ministerio de Relaciones Exteriores, a cargo ahora de Hillary Clinton). Contienen lo que todos sabíamos o por lo menos sospechábamos.

El trabajo de los diplomáticos desde la época de Metternich consiste en representar e informar (representing and reporting dicen los norteamericanos). Conversan en comidas, en cócteles, en reuniones, cuando juegan al golf o al bridge. Platican en bares y restaurantes, en palcos y oficinas, en actos solemnes y casuales. Charlan con presidentes, gobernadores, generales y ministros, también con otros embajadores… y todos saben que después de estas conversaciones, tertulias y charlas mandan informes más o menos jugosos a sus ministerios que servirán para establecer las políticas entre los países. Tanto lo saben que cuando charlan, platican y conversan lo hacen pensando en los memos ajenos. Algunas veces tratan de temas tan importantes como evitar o provocar una guerra y otras tan banales como una foto con Barak Obama a cambio de convencer a Evo Morales para que deje tranquila a la Exxon en Bolivia. Nada nuevo. Bueno: lo nuevo es que estas cosas no se decían en los diarios porque era imposible saberlo, por lo menos hasta que apareció Assange y la información sensible se filtró desde los sótanos de la Secretaría de Estado a los supermercados de la comunicación. Convengamos que era mucho más fácil mantener los secretos cuando todo eso eran papeles archivados. Pero ahora viene la pregunta:

¿Debe guardar secretos el poder?

La transparencia de los actos de gobierno es una de las bases del sistema republicano. El poder necesita del secreto cuando basa su estrategia en la mentira. Y usa la información para acrecentar su poder como los periodistas la usamos para controlar el poder del gobierno. Así funcionan los sistemas republicanos y democráticos y por eso en las dictaduras no hay periodistas ni periódicos. Y por eso cuando el poder tiene algo que esconder, persigue a los periodistas y a la prensa independiente.

Lo que ha hecho Julian Assange con WikiLeaks no es más que dar a conocer lo que hacen los políticos cuando hablan entre ellos y no cuando hablan para nosotros. Y eso es lo que tratamos de hacer los periodistas todo el tiempo: conocer las verdaderas intenciones de los que nos gobiernan, o de los que nos quieren gobernar, para limitar su poder. Porque no son secretos de estado: son secretos de poder y para mantener poder, funcionales muchas veces a la corrupción, la extorsión y los negocios turbios. Son un fraude al pueblo que los vota y paga sus impuestos.

Pero la novedad no es saberlo, es comprobarlo.

Por eso hay que aclarar a los preocupados por estas filtraciones que los Estados Unidos son un país relativamente ingenuo y puritano y que no andan averiguando mucho más de lo que quieren saber las madres sobre las compañías de sus hijos. Quizá a alguien le preocupe que los gringos quieran saber dónde estamos, a qué hora volvemos y con quién salimos. Yo creo que no es nada del otro mundo: el problema de nuestro doble discurso no es que lo sepan o no lo sepan los gringos o que se anuncie por la CNN. El problema, queridos gobernantes, es que ustedes digan una cosa y hagan otra. El problema no es que se sepa, es que es verdad.

No hay que echarle ahora la culpa a los diplomáticos norteamericanos de los desaguisados que hacemos en nuestras salidas nocturnas con los enemigos de nuestros amigos. La culpa no es de los que averiguan la verdad sino de los que no quieren que se sepa, como tampoco es culpa de los periodistas la corrupción que descubren en los gobernantes.

Bienvenido Julian Assange, al que ahora perseguirán como a Lisbeth Salander todos los servicios de inteligencia del mundo para proteger sus secretos y su negocio. Bienvenido WikiLeaks cuando descubre los crímenes de guerra de los Estados Unidos y cuando desbarata el doble discurso de los gobernantes. Bienvenidos todos a un mundo más transparente. Bienvenidas las tecnologías de libertad. Pero de verdad.


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Las fotos que ilustran este post son de Erich Salomon, quien retrató esos momentos en que embajadores y ministros cambian figuritas. En la de arriba captó el instante en que el ministro francés Aristide Briand lo descubre mimetizado entre entre los invitados a una recepción. En la conversación de abajo también aparece Briand a la derecha. Salomon sabía entrar a las recepciones como uno más, vestido de gala, y conseguía las fotos de las conversaciones en las que se cocinaba el futuro de Europa entre las dos guerras mundiales. Murió asesinado junto con su mujer y su hijo en Auschwitz en 1944.