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domingo, 22 de enero de 2017

Cómo sacar al periodismo de la crisis durante la época Trump


Nos arrepentiremos cuando Trump acabe su mandato. En serio: nos arrepentiremos. Mientras los profes no ven en este momento más que la llegada de una Edad Oscura para el periodismo, la gente corriente y moliente ha comenzado a recuperar sus suscripciones, vuelve a abonarse a las noticias de pago de la tele, compra más ediciones impresas en el quiosco e incluso invierte de nuevo en medios (sapristi!). Por su parte, los medios, al menos algunos, contratan más periodistas (incluso MUCHOS más) y arman nuevos equipos para cubrir el mandato presidencial:
Otros están dispuestos a darlo todo como nunca. ¿Qué Edad Oscura ni qué niño muerto?

Jack Shafer también se ha pronunciado: Trump is making journalism great again. Hay que hacerle caso. Más todavía. El bueno (es un decir) de Shafer, asegura que esta presidencia no es el invierno que les gustaría a algunos agoreros. Jay Rosen, por ejemplo, agudo profe de NYU, lleva como desde 1991 pronosticando el apocalipsis del periodismo si no le hacemos caso. No le hemos hecho mucho caso, la verdad, y el apocalipsis nunca acaba de llegar. Quizá mañana.

Rosen sigue ahí, sin embargo, corriendo en su rueda del hámster, chillando Winter Is Coming! Winter Is Coming! Uno quiere ser honesto y le avisa: todos los que le hicieron caso acabaron mal, desde el Charlotte Observer con la Citizens' Agenda en 1992, Arianna Huffington con Off the Bus en 2007 o Digital First Media, que le tenía en el consejo de administración desde 2011… hasta que se fundió la compañía.

El periodismo no necesita otro Platón. (Seamos justos: Rosen, como Jarvis, Shirky y otros, es un profe admirable, anota buenos puntos, hace pensar y vale la pena seguirlo, aunque no sea necesario creérselo del todo ni rezarle estampas).

Shafer, en cambio, saluda la inauguración de Trump como el Día de la Liberación del Periodismo. El columnista de medios de Politico, avisa de algo que reporteros y editores saben: Trump es un hombre con un pasado denso e intenso y su actitud divisiva y adversaria dejará muertos y heridos. Serán centenares de damnificados que querrán explicar sus casos a la prensa, que no necesitará vivir en la Casa Blanca o tener acceso al aparato presidencial para obtener información de primera.

Entre las oportunidades que ofrece la rica cornucopia de problemas, líos y enredos pasados, presentes y futuros de Trump, dos serán fuente permanente y caudalosa de información e historias durante todo su mandato.

Una, los expedientes –que son públicos– sobre los cargos nombrados por el presidente. La documentación sobre el pasado de esas señoras y esos caballeros es tan abundante que hace crujir el suelo de la Oficina de Ética del Gobierno, encantada de colaborar con los periodistas que quieran explicar el tipo de sicofantes y sicofantas (o no) que Trump elige.

Otra, las deudas de Trump, que suman 1.500 millones de dólares con 150 bancos y demás por todo el mundo. Oiga, lo dice The Wall Street Journal, no Mother Jones. Ese fangote de guita no es algo que se resuelve mañana tirando de la plata que llevas en la billetera eh. Sólo el hotel de Washington DC, recién inaugurado, ya incumple media constitución de los EE.UU. Imagínate el resto. Lo que puede esconderse ahí, madre mía.

Por no mencionar la gestión que harán los Trump hijos de la fortuna de papá, asunto que él solo merece una agencia de noticias desde hoy hasta que papá termine el mandato.

Todo eso no necesita ruedas de prensa, comunicados oficiales, cenas de corresponsales, paseítos por el South Lawn, etcètera. Ni siquiera un presidente simpático. Y mucho menos taaaaaaan cool como Obama, con quien los reporteros quizá intimaron demasiado.

Así que nada, nada. Es una oportunidad de oro para pasarle el trapo al periodismo y sacarle brillo. Al periodismo en serio, no a la cosa de estar siguiendo la agenda que los poderes quieren, legítimamente, imponer, y saltar como delfines en cautividad cuando nos echan un pescadito al aire.

Más vale hacerlo bien y aprovechar el momento. La gente por ahí está bastante de uñas y, claro, se fía poquísimo de nosotros:

Otros ya han comenzado a arrebatar a los medios el periodismo que antes tenían en régimen de monopolio (uno ya tiene dicho que el periodismo es hoy demasiado importante para dejarlo solo en manos de los medios). Si no se espabilan, los medios tradicionales morirán.

Uno es siempre optimista o muy optimista. Eso no me da ni más ciencia ni más razón, porque el optimismo es un estado de ánimo que uno elige. Pero es la actitud mental exacta que permite verla medio llena. Le doy una señal clara: The New York Times invertirá cinco palos/kilos más en periodismo para cubrir la presidencia de Trump.

Dirás que lo triste es que esos cinco millones pueden irse por el desagüe si se invierten en "más de lo mismo" –más reporteros cubriendo la Casa Blanca y la Administración de la misma manera que hasta hoy, con los resultados conocidos. Si haces lo mismo no esperes resultados diferentes, etcétera. Aquí entra un segundo motivo para el optimismo: hay gente que sí sabe cómo gastar ese dineral mejor que Jay Rosen. Por ejemplo, Michael Massing, cuyos consejos no solicitados al director del Times son de lo mejor que uno ha visto so far:
[Dean Baquet, el director del NYT] quiere un diario "mucho más creativo" respecto a la cobertura del país "para que entendamos que la ira y la distancia que muchas personas sienten" y señala la necesidad de prestar más atención "al papel de la religión". 
[...] He aquí un posible enfoque: Trasladar a un periodista de cada una de las secciones de papel couché de gama alta del diario (Estilo, Viajes, Comida, Inmobiliaria, Arte y Ocio y Revista T) a cubrir las zonas descuidadas de America. El Bible Belt puede ser una sección. La persona asignada a ella reportaría regularmente sobre los eventos, debates y actitudes en las aproximadamente 1.300 megaiglesias de la nación (aquellas con 2.000 o más asistentes a los servicios de fin de semana), 200 universidades bíblicas, más de 1.000 emisoras de televisión y docenas de editoriales cristianas, muchas de cuyas producciones aparecen regularmente en las listas de best-sellers, y apenas atraen la atención de la prensa nacional. [...] 
También crearía una sección dedicada a los trabajadores de cuello azul: obreros de las fábricas, carpinteros, plomeros, bomberos, oficiales de policía… Y una sección de negocios que explore el mundo de los restauradores, empresarios, agricultores familiares y nuevas empresas de la variedad no-Silicon Valley; y renovar la sección de Cultura para que no se centre en los estudios de cine, desfiles de moda y subastas de arte, sino en cómo la cultura se consume y es percibida en la base [grassroots] del país. 
Por último, asignaría a alguien a tiempo completo a cubrir la pobreza. Los cerca de 45 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de pobreza fueron casi tan invisibles durante la campaña como la clase obrera blanca. Tener a alguien que regularmente cubre las ciudades del interior, los parques de caravanas y las minas de carbón, puede ayudar a mantener esta "otra América" ​​a la vista del público.
Grande.

Uy, se me olvidaba una pregunta. Si lo que salvará al periodismo es todo eso ¿para qué K necesita una rotativa? (Es broma eh).

lunes, 4 de agosto de 2014

Información no es periodismo (2)

Me pasa MRA este intercambio de tuits entre Jeff Jarvis y Jay Rosen...


Para completarlo voy al link que cita Rosen y confieso que gracias a ese post del blog The Local News Lab descubro el de Jonathan Stray (en Twitter). Lea:
A few years ago, Jonathan Stray argued that “journalism has no theory of change.” He wrote, “I’ve taken to asking editors, ‘what do you want your work to change in society?’ The answer is generally along the lines of, ‘we aren’t here to change things. We are only here to publish information.’” But Stray doesn’t accept that answer, arguing, “Journalism without effect does not deserve the special place in democracy that it tries to claim.”
Hace algunos posts agradecía a internet haber diferenciado la información del periodismo: una dice lo que pasa en el mundo y el otro cambia lo que pasa en el mundo. Y hace un ratito nada más explicaba en una reunión que periodismo es información con intención. Ahora empiezo a leer a Stray...

martes, 19 de julio de 2011

Siete anotaciones sobre el caso Murdoch


Portadas/tapas via Malas Palabras.

I. Periodistas y periodistas.
Brian Cathcart explica que la confusión en el debate sobre la prensa en el Reino Unido se debe a que se usa "periodista" para designar a dos tipos de profesionales: a los que lo son de veras y a esos personajes cuya principal actividad profesional es invadir la privacidad de la gente para publicarla.

Uno de los orígenes de la confusión es el temor a que el Parlamento británico, para defender a los ciudadanos de los abusos de la prensa amarilla, aprobara una legislación restrictiva que afectara también a la prensa periodística. Pensaron que todos juntos –cabras y cabrones– se defenderían mejor.

Error. La diferencia entre ambos es profunda. "El periodismo –sigue Cathcart– tiene un valor demostrable para la sociedad. Nos dice lo que es nuevo, importante e interesante en la vida pública; pide cuentas a las autoridades; promueve un debate informado; entretiene; ilumina. Por supuesto, esto no se hace sin complicaciones. A veces se precipita y es imperfecto. De vez en cuando incluso hace cosas desagradables y hasta ilegales para conseguir sus objetivos. Pero, por lo general, perdonamos ese lado oscuro como parte de la cosa, aunque esté mal, porque el periodismo en su conjunto trabaja por el interés público. El periodismo está bien o, dicho de otro modo, sin él seríamos mucho más pobres.

"En cambio, invadir la vida privada de las personas con intención de publicarla no es bueno, aunque pueda ser un buen negocio. En ese ejercicio, el engaño y la información pagada son rutina, no excepción. Los asuntos de que se habla casi nunca son relevantes –salvo para las víctimas, cuyas vidas suelen verse arruinadas para siempre. Esa actividad se ejerce en la frontera de la legalidad, saltando de un lado a otro de la línea a conveniencia y sin tener en cuenta el interés público para nada. "Es divertido", alegará alguno. Sí. Tanto como las ejecuciones en público", remacha Cathcart.

II. Los 'robustos tabloides' de antaño.
¿Qué debemos pensar del hecho de que, en Gran Bretaña, los medios que practican la intrusión en la vida privada sean los más vendidos –en proporción de cinco a uno– respecto a los medios que procuran practicar el periodismo? Y la situación no es mejor en tantos países donde la mayor difusión corresponde a la prensa que mejor cultiva las vísceras. ¿Es que estamos enfermos?

Más bien nos han enfermado. Los causantes de la plaga son los propietarios, directivos y periodistas que en los 70 y 80 transformaron el vibrante periodismo popular británico en la maloliente covachuela de hoy. Cómo era esa prensa popular lo dejó explicado Hugh Cudlipp, el director del mejor Daily Mirror (1952-1973):
"The robust tabloids [that] flashed the Green Light, were promptly denounced by other newspapers for their gaucherie or vulgarity or lèse majesté, and then were echoed by the very newspapers who had so severely upbraided them for their frankness."
Y también el director del intelectualísimo New Statesman, Kingsley Martin:
"The [Daily] Mirror says openly only what the readers of The News Chronicle and The Guardian say behind their hands."
Los Murdoch y los Maxwell y los Desmond de este mundo se aprovecharon del prestigio de unas cabeceras legendarias y de la buena fe de un público confiado e indefenso para corromper su ciudadanía. Con el aplauso general: ganaban dinero, tenían influencia, eran poderosos. Ellos dicen ¿qué hay de malo en dar a la gente lo que quiere? No hay argumento más podrido. Lo razonó Henry Ford, que no era un intelectual: si hubiera preguntado a sus vecinos que le pintaran el vehículo de sus sueños le habrían descrito una buena diligencia con magníficos caballos… y el automóvil no se habría inventado. Pues eso.

[Si quieren un ejemplo de prensa que  evoluciona en sentido contrario vean los nuevos diarios populares brasileños, que procuran acompañar a sus lectores mientras crecen como ciudadanos en lugar de abusar de ellos, de su poca o mala formación o de sus peores instintos y debilidades para robarles la cartera y corromperles.]

III. I'm shocked, shocked!
Si el negocio de publicar la podredumbre de otros tiene una justificación igualmente podrida, es lógico que quienes lo practican acaben podridos y que pudran todo a su alrededor. La peste sale incluso de templos como The Wall Street JournalThe Sunday Times (¡The Wall Street Journal! ¡The Sunday Times! …pobre Harry, pobre Barney)

No era un arcano que los medios de News International –y otros– practican esas actividades nauseabundas. Y durante años silbaron y miraron al techo buena parte de los medios de la competencia y sus periodistas –quizá porque muchos se dedican a la misma basura– y también un montón de anunciantes, tan ofendidos ellos al descubrir (¿ahora, de repente?) que sus productos se pregonan al lado de una cloaca. Y los políticos, claro, que estimaban necesaria la artillería mediática de News International para establecerse o preferían no molestar: su miedo o su desvergüenza eran mayores que su honestidad.

Todos esos se rasgan ahora las vestiduras. Parecen el capitán Renault de Casablanca, sorprendido de que se juegue en el bar de Rick (I'm shocked, shocked!) mientras él es uno de los principales beneficiarios de las apuestas.

IV. La cultura de la codicia, la mentira y la omertà.
Lo peor es que ese estado de cosas se considera normal en el mercado o en la industria, como queda bien reflejado en dos eventos recientes. En agosto de 2009, James Murdoch, el hijo de, pronunció el discurso central del festival internacional de TV de Edimburgo. Se trataba de una feroz crítica a la BBC cuyas líneas finales son estas:
There is an inescapable conclusion that we must reach if we are to have a better society.

The only reliable, durable, and perpetual guarantor of independence is profit.
Fíjese en "inescapable" y "only". No hay más preguntas, su señoría.

Otro es este texto de Paul Dacre, director del Daily Mail, otro tabloide, para la Society of Editors en 2008. Dice: si no publicamos escándalos de celebridades no generaremos ingresos que nos permitan publicar también las informaciones relevantes. Excusas no pedidas. Crudo cinismo.

Y aún no sabe lo mejor: este Dacre ha sido miembro notable de la Press Complaints Commission entre 1999 y 2008 y desde ese año es el presidente del Comité del Código de Prácticas de los Editores, posición desde la cual firmó el informe de 2009 sobre las escuchas telefónicas que exoneraba a News International y cargaba contra The Guardian. La zorra en el gallinero. Maravilloso. Con razón Kelvin McKenzie, el director que convirtió a The Sun en lo que es hoy, lo consideraba "claramente, el mejor director de Gran Bretaña"… nada menos que en la British Journalism Review.

Ya ve. Paul Dacre no es Hugh Cuddlip. James Murdoch no es Lord Beaverbrook.

Es decir, que no se trata del ocasional comportamiento doloso o negligente de algunos directivos en algunos medios de vez en cuando. David Carr y Jay Rosen se quedan cortos cuando dicen que se ha puesto al descubierto la cultura mentirosa de una corporación. No. Esa cultura, por acción u omisión, es la de buena parte del sector y de su establishment. Consiste en esquivar y/o defraudar las normas que regulan la industria; maltratar, chantajear o ningunear a quienes no se doblan (sean periodistas, políticos, celebridades… cualquiera); pagar, acosar y sobornar para obtener "historias"; aliarse con regímenes represivos, como China, o con negocios sospechosos, como News America; colocar a sus testaferros en lugares clave del gobierno y de la administración pública.

En este entorno, ¿qué tiene de raro que ejecutivos y periodistas de News International se sumaran a la fiesta? Se sentían tan seguros en su burbuja de impunidad que no sólo se olvidaron de la decencia sino de que existe el código penal.

Así, esa codicia del beneficio a costa de las peores fragilidades humanas, esa obsesión salvaje y sin escrúpulos metabolizada en el uso y abuso de cualquier medio para torcer la ley en su favor o ganar un titular de portada ha contaminado al periodismo justo en el momento de su mayor debilidad empresarial y económica –o quizás por eso. Han servido para deteriorar a los "robust tabloids", al periodismo… y a la gente. También fuera de Gran Bretaña.

Sobre la omertà, un botón de muestra: el titular de esta opinión publicada en el… Daily Mail: "Si Ed Miliband es tan héroe ¿por qué no frena la verdadera amenaza para nuestra sociedad: la BBC?"

Juntáronse el codicioso y el tramposo. Esto es lo que hay.

V. Yo no quiero ser como tú.
Ahora se viene en Gran Bretaña una investigación sobre las prácticas de la "prensa" de la que se seguirá nueva legislación. De nuevo se confunden cabras y cabrones bajo el mismo nombre y se considera "periodismo" todo lo que se imprime a diario. Como en el arranque de Silverado (cito de memoria):
—Empezamos mal, Latimer. Llega usted tarde.
—Empezamos mal, sí. Yo no me llamo Latimer.
De esta tenemos que aprender a llamar a las cosas por su nombre y a exigir a los políticos –que como clase tienen la cola de paja y son parte del problema– que no nos mezclen con los fulleros, tahúres y chantajistas que se hacen llamar periodistas para aprovecharse de la reputación –poca o mucha– de la profesión y vestir su mona de seda para enriquecerse a costa de la gente. Esos no son de los nuestros. En una de sus giras, Robe Iniesta, el cantante de Extremoduro, vestía una camiseta donde se leía: "Yo no quiero ser como tú". Eso.

VI. Legislen lo menos posible, please.
Una nota más, por si los señores comunes británicos tienen la tentación de aprovechar la futura regulación para arrearle una patada a los periodistas en el culo de los tabloides impostores:
Lawbreaking companies and marauding journalists are a fact of life: they should be punished. But […] the real abuse of power—and the real threat to democracy—comes when commercial interest becomes intertwined with the state. A noisy press, no matter how unpopular it seems at the moment, is the best protection against that.
¿No es este caso –pues es The Guardian, un diario, quien ha desencadenado esta catarsis– un ejemplo de lo que debería ser? Los periodistas británicos ya se han movilizado.

VII. Saldremos de ésta.
Siempre, siempre hay periodistas que deciden seguir siéndolo y cuyas virtudes profesionales –hay que tenerlas y bien puestas: el periodismo no es solo una técnica– vencen a su temor, a su cinismo o a su pereza. Vean acá cómo Alan Rusbridger, el director de The Guardian, explica a Howard Kurtz por qué y cómo decidieron seguir con el caso del espionaje telefónico contra todos y contra todo. Pueden leer aquí su propio recuento de cómo Nick Davies siguió el asunto hasta el final. Chapeau!

viernes, 10 de septiembre de 2010

Intersect: ¿cuál es tu historia?

Como los periodistas hemos dejado de escribirlas, la gente se organiza para recuperarlas. Sus historias. Intersect. Buenísimo:



Via Jay Rosen

martes, 15 de junio de 2010

La rendición del algoritmo

“This page was generated entirely by computer algorithms without human editors. No humans were harmed or even used in the creation of this page”.

Aviso en cada una de la páginas de Google News
durante sus primeros meses, 2002.

“People come to us because we break news, we are authoritative and we help readers understand how Washington really works”.
Jim VandeHei, Politico Executive Editor, 4.05.2010

“Ninguna pericia técnica sustituirá la mediación de una persona competente”
Jesús María Aguirre, en el inicio de curso UCAB-EN, Caracas, 7.05.2010

“The authority of the reporter always comes down to: 'I'm there, you're not. Let me tell you about it'”.
Jay Rosen, tuit del 16.05.2010

GoogleNews runs experiment with human editors
PaidContent, 15.06.2010

domingo, 30 de mayo de 2010

Cómo hundir el periodismo: con impuestos

Es lo que propone el último borrador [pdf] de Potential Policy Recommendations To Support The Reinvention of Journalism, que discute la Comisión Federal de Comercio (FTC) de los Estados Unidos de América. O sea, que la gente paguemos los desaguisados ocasionados por la cortedad de miras de los gestores –y de parte de los profesionales– del periodismo. Genial.

El pretexto es el de siempre: salvar el periodismo, base del diálogo ciudadano que está en la raíz de la democracia, etc.

Esa milonga no se la creen ya ni los propios ciudadanos, que hace rato hemos decidido que si queremos hablar entre nosotros preferimos otros lugares menos inhóspitos que la prensa. Ellos dicen: la conversación no es de tanta calidad. Ya. Por ahora y depende de dónde se meta Vd. a conversar. Y además, es más nuestra. Aprenderemos, a pesar de ellos y de los gurús que nos dicen qué tenemos que hacer un día sí y otro también.

Del papel de la FTC da buena cuenta Jeff Jarvis, otro que tampoco propone nada viable pero es un excelente crítico (además hay que aguantarle otra vez lo de AP como Gran Satán y todo eso). No lo tenía difícil: según los sabios de la FTC, la reinvención del periodismo consiste en conceder más subsidios, exenciones y tasas a las empresas impresoras de diarios.

O sea, que Tú & Yo sigamos pagando una fiesta de la que los invitados se apresuran a marcharse.

Asombroso. Ni reconocen errores ni aprenden de ellos. Ni siquiera piden subirse al coche escoba de esta revolución que hace años está en marcha.

En España, la Asociación de Editores de Diarios Españoles propone sin ninguna vergüenza lo mismo que la FTC aún discute. Podrían hacer cien, mil cosas útiles –tienen toda la potencia– y… no. Se dedican a atrincherarse en su pasado reclamando más y más privilegios, lejos de donde están ya los ciudadanos y sus intereses. Y en plena crisis y ajuste. Vaya rostro.

Todo este tipo de soluciones son pan para hoy y hambre para mañana. Primero porque perpetúan un modelo de negocio zombie, evitan el desarrollo de empresas y productos de futuro y lastran el progreso de la sociedad (Tú & Yo). Es como si en 1900 los estados hubieran decidido subsidiar a los fabricantes de carruajes. ¿No es mejor que el dinero de todos se emplee mejor?

Segundo, cuando los gestores del periodismo piden que otros (Tú & Yo, Google, las redes sociales...) les resolvamos el chandrío, renuncian a ejercer aquello para lo que les pagan: gestionar, managear y salir del atolladero ellos. Eso en un negocio donde más de la mitad de los costes son fijos —dicho en cristiano: sólo tienes que encargarte de menos de la mitad de los líos que tienen otras compañías. Oigan: si no quieren trabajar, no roben. Si no saben, váyanse. Es un mínimo exigible de decencia.

Los medios informativos clásicos –la prensa, vamos– han desperdiciado buena parte de la legitimidad que tenían como representación de la ciudadanía. Por sus propios errores. Si no han sido capaces de estar a la altura de su misión y de las necesidades de la gente, al menos tengan la vergüenza de no meter mano a nuestro bolsillo. No nos hagan pagar sus desaguisados.

Jay Rosen (¡Otro Prensáfobo!) recomienda salvar el periodismo así: subsidiando la banda ancha para todos y sosteniendo la neutralidad de la red. No sé. Las palabras subsidio, subvención y ayudas públicas me ponen nervioso, me inquietan. Me gustan más capital riesgo, iniciativa y emprendedor, por ejemplo.

Uno, que se suma a lo de Rosen con cuidadín, ya presentó en su día esta modesta proposición. Pero le parece mucho más importante hacer lo que sea necesario para que el sistema educativo ponga a las personas de 16 años en condiciones de comprender lo que leen, expresarse de forma inteligible y precisa y tomar decisiones/emitir juicios razonables acerca de lo que leen y escuchan – o al menos conjeturar algo. Si además eso se hace mientras aprenden historia y matemáticas, perfecto. Todo lo demás que se lo expliquen sus papás y mamás, que para eso son sus papás y sus mamás.

De todo esto –la escuela como factoría de ciudadanos– la prensa apenas se ha preocupado en los últimos 50 años, entretenidos como estaban en amasar dinero fácil con sus monopolios informativos y publicitarios de hecho. Y ni ahora parecen muy dispuestos a ocuparse, entretenidos como están en reclamar privilegios y tocar Tu bolsa y Mi bolsa. Pues nada. Que se banquen.

[Y atención políticos, que detrás de la crisis de los medios como instrumento representativo viene la suya de ustedes y la de las instituciones de-toda-la-vida. Se les va a acabar su cuentito también. Resulta que la ciudadanía puede darse una democracia que no necesite elecciones cada cuatro o cinco años –pueden ser cada día– o una cámara con 350 diputados –podemos serlo todos. No sé cómo será pero ese debate, ese lío, esa movida… se viene. Apúrense, no sea que se les caiga encima. Espero, claro, que no rompamos nada de lo viejo hasta asegurarnos mejor lo nuevo –o sea, lo contrario de lo que estamos haciendo con los diarios.]

Una propuesta para la AEDE en Paper Papers 26/3/10
Qué cara más dura en Paper Papers 4/3/10
WAN-IFRA-AEPA-ADIRA-etc. en Paper Papers 25/6/09
A por uvas en Paper Papers 11/6/10

martes, 6 de abril de 2010

La CNN en la tostadora

Tremendo debate sobre la CNN: si es su fin, si es una crisis temporal, si deben imitar a Fox News o a MSNBC –dejarse de noticias y ofrecer más comentarios, tertulias, puntos de vista, dar caña… Que si deben abandonar la cobertura del planeta. Que si debe regresar a sus raíces: hard news sin parar. Que sí, que no, que caiga un chaparrón.

La verdad es que desde hace un año los ratings de la CNN no levantan cabeza, mientras Fox sube y sube. En octubre pasado ya estaba en último lugar entre los canales noticiosos de cable. Muchos de los periodistas que consideran a esta cadena parte de su educación profesional lo viven como un drama. Dicen: a la gente le gusta que le digan lo que debe pensar en lugar de recibir información con la que tomar sus propias decisiones. Algo de eso hay.

Michael Hirschorn suma otros factores:
[…] It’s easy to forget that CNN was once revolutionary. Founded in 1980 […] it was, in terms of cultural impact, the Google of its day. Its gonzo “fluid news” style, low-cost methods, and disdain for the woolly orthodoxies of traditional TV news- gathering terrified the big three, and attracted their most forward-thinking journos. And the internal contradictions in Turner’s vision (public service vs profit growth) were for years obfuscated by the extraordinary cash-spewing awesomeness of the cable business. By 2000, CNN was making $300 million.

It’s hard to see the fervor of early CNN in today’s product, with chummy King cozying up to out-of-date celebrities and […]. CNN’s best work and workers (Sanjay Gupta, Christiane Amanpour, Fareed Zakaria) strain to break through a stultifying smog of midmarket general-interestness […].

CNN’s biggest problem may actually be its founding principles. In an era when news flows like water—available everywhere, all the time, instantly—a network devoted to providing headlines topped with a touch of analysis no longer seems quite so useful. […] What was very urgent in 1980 or on 9/11 no longer seems crucial when we’re drowning in news. CNN’s decline may be, in Wall Street analyst-speak, secular as opposed to cyclical.
Andrew Cohen, en Vanity Fair, está de acuerdo pero –a diferencia del amigo Michael– aún le queda fe:
I find myself […] annoyed by its cheesy anchors, unsatisfied by its guests, frustrated by the lack of attention and detail paid to too many serious stories.[…] CNN at its best was never about personalities; it was always more about getting the pictures and the stories on the air quickly and with a sort of honorable earnestness. It clearly has lost its way.

CNN can’t compete anymore with the audacity/irresponsibility of Fox News without losing more of its journalistic credibility. And it shouldn’t try to compete with the star power drawn to MSNBC through its dominant and vibrant uncle, NBC News. CNN should instead go back to being what it once was—an un-slick, un-stylish venue for serious people who want breaking news done well.
[…] Just because it’s live television news doesn’t mean it’s watchable television news. I’ll take good tape and deep thoughts over inane banter any day of the week—wouldn’t you?
Pero, amigos, no todos tienen tanta esperanza ni son tan optimistas. Michael Calderone, antes de marcharse a Yahoo! News dejó esta pieza (Cómo arreglar CNN) en Politico.com. Entrevista a una docena de cracks de la cosa y…
Their near consensus: It has to change, get more personality, no longer be —as one media critic called it— “the view from nowhere.” Exactly how to do that was not so easy to agree on […].
Y, por último, el profe Rosen ofrece una nueva parrilla/grilla de programación para el prime-time. Estelar.

viernes, 22 de enero de 2010

La conversión del Falso Paco

El otro día acompañé al Falso Paco al aeropuerto y salió el asunto del periodismo ciudadano. Ya son ganas, pero fue así como se lo digo. Cuando Jay Rosen (un profe de NYU que aún sigue con esa matraca) propuso el asunto, allá por 1992, Paco se convirtió en un fan de la cosa, que entonces se llamaba Periodismo Público, se hacía sin Twitter ni Facebook y era más cansado (o sea, daba más trabajo).

En 1993 invitaron a nuestro Paco a conferenciar en Monterrey (ya saben: Nuevo León, México). Los periodistas presentes se entusiasmaron con su sesión sobre la cobertura electoral pública de Diario de Burgos. Hubo vítores, aplausos y ovaciones. Todos los presentes juraron que, desde ese día y para siempre, harían eso mismo, pero exactamente lo mismo, en sus diarios.

—No podía salir de la sala: la gente no paraba de felicitarme y preguntar –recordaba Paco.

Hasta que se encontró a Luis, que le abrazó y le dijo al oido:

—Vaya parida eso tuyo. ¿Qué mierda de periodista soy yo si tengo que preguntar a la gente cuáles son los asuntos de interés público?

Dice Paco que en ese momento vio la luz y abjuró del periodismo público o ciudadano y de sus pompas y sus obras. Bien.

Es así nomás. ¡Vuelve, Luis!

jueves, 21 de enero de 2010

Una propuesta para los académicos

En lugar de inventar la pólvora como, por ejemplo, hace Jay Rosen con explainthis.org, los profes podrían hacer de profes y ayudarnos a resolver este guirigay que propone CW Anderson (el otro Chris Anderson) en el Nieman Lab a propósito del pago por contenidos:
So there’s more to the New York Times’ decisions on meters and paywalls than just the question of whether the strategy will succeed economically. There are questions about how the internet has already changed the Times, and how the dawning world of niche-reader taxation will change journalists’ ideas about what they do and who they write for. And there are questions about how we ourselves see the “public” we are a part of. We live in a world where were our “nicheness” has never been more obvious, and one of the great questions in the years ahead is whether we are still capable of seeing ourselves as a part of something more. In order to do so, I think we need to radically rethink what we mean when we say the word “public.” Down with structural notions like “public spheres,” or even phrases “networked publics!”
Piensen, piensen, que al resto del gremio nos viene muy bien. La comunicología tiene muchas más aplicaciones prácticas de las que piensan los mismos académicos y muchos periodistas, que al oír estas cosas responden sacudiendo la cabeza: "perdona que no te escuche… es que tengo que cerrar unos breves" o bien "disculpa, tengo que llamar a Sarajevo".

sábado, 19 de septiembre de 2009

Periodismo ciudadano: vino para quedarse

El periodismo ciudadano ha venido para quedarse y los periodistas deben buscar el modo de trabajar con el contenido generado por los usuarios, concluye el columnista del WaPo John Kelly en este estudio para el Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford.

Kelly insiste en que la relación de los periodistas con su audiencia ha cambiado esencialmente y la participación ciudadana es parte de ella.

Según ese trabajo, el periodismo ciudadano puede beneficiar a la empresas informativas reduciendo costes, agregando puntos de vista en asuntos complejos, ampliando el campo de cobertura y haciendo más transparente el proceso periodístico.

Jay Rosen, que definió casi toda la teoría al respecto con su civic journalism, aparece citado incidentalmente. Es una injusticia. Cierto, fracasó –a juicio de uno– en Off The Bus, su grandilocuente experimento (¡A New Era Begins!) de cobertura electoral ciudadana con el HuffPo. Pero eso, de momento, no hace el concepto malo –aunque sea una pésima señal. Sólo confirma que profes, consultores, activistas y aficionados son [casi] siempre malos periodistas. Ojo: pe-rio-dis-tas.

Es necesaria la intervención de profesionales capacitados para reportear o editar. Profesionales del interés ciudadano.

Lean el estudio, que aborda todos esos asuntos y vale la pena. Está aquí.

Lo último en periodismo ciudadano en Paper Papers 17/9/09

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Futuro del Periodismo

Apoyen esta idea de Matt Thompson con todo entusiasmo: un panel sobre El Futuro Del Contexto. O lo que es lo mismo: El Futuro Del Periodismo, porque Información + Contexto = Periodismo es una idea que Esta Casa defiende con uñas y dientes. Y propongan nombres de periodistas o informadores y empresarios de la información, intelectuales y lectores porque como hablen solamente los propuestos… acabaremos con la cabeza caliente y los pies fríos.

Thompson tiene dos interesantes explicaciones de la cosa en su sitio: esta y esta. Léalas para saber más.

Tratando de este asunto, Jay Rosen se hace la esto un lío y concluye que primero es la explicación (el contexto) y luego la información. Bueeeeeeno. Claro que es al revés. Pero no se lo tomen en cuenta: se ha pasado la vida encerrado en una Escuela de Periodismo. Y el ejemplo que cita como bandera (un reportaje de This American Life de la NPR que explica la crisis de las subprime) ya lo desarrolló por estos pagos el gurú campechano Leopoldo Abadía sin necesidad de tanta cosa como la NPR. Igual vale la pena leer a Rosen: siempre hace pensar.

viernes, 17 de julio de 2009

La Periodismofobia

Dice e insiste Jeff Jarvis citando un tweet de Dave Winer:
la gente importante en las noticias son las fuentes y los testigos
El sobreetendido es que no son los periodistas. Menuda novedad. Pero a él eso le sirve para construir una pieza cuyo asunto es éste:
[…] La prensa se ha convertido en la maldición del periodismo, no sólo porque ahora supone una carga de costes tremenda, sino porque nos condujo a todos estos mitos: que nosotros, los periodistas, poseemos las noticias; que somos necesarios para hacerlas: que podemos empaquetar el mundo cada día en una caja y ponerle un lacito; que lo que hacemos es perfecto (con raras, creo, excepciones); que el mundo debería de acudir a nosotros para estar informado; que nos merecemos ser pagados por este servicio; que el mundo nos necesita.
¿Qué periodista cree esos mitos hoy? Algún estúpido –nunca faltan. Pero quien considera representativo a un estúpido pone en berlina su propia capacidad de juicio.

Es pura y dura Periodismofobia. Médiaparanoïa lo llama Laurent Joffrin. Eso es lo que promueven con ahínco Jeff Jarvis, Dave Winer, Jay Rosen y cía. Los colegas reales y verdaderos –que también escarnecen al establishment mediático, ven errores y soberbias, ponen el dedo en las llagas de la profesión…– no son periodismófobos. Están demasiado ocupados construyendo el periodismo del futuro. Mientras, los antecitados no tienen más ocupación que inflar sus blogs atacando molinos de viento (como el narcisismo periodístico, por ejemplo) o fabricando conceptos y definiciones vacías, sin demostrar, sin argumento ni razón (¡Economía De La Abundancia! ¡Crowdsourcing! Etc.).

Siembran sospechas sobre todo el periodismo y todos los periodistas –sobre todo de los diarios–, a quienes sólo conceden existencia para humillarlos, molestarlos o descalificarlos. Ni respeto por la historia tienen. Gritan tanto que no oyen lo que otros tienen que decir. Hablan sólo entre ellos: ya no están en este mundo.

Qué saña. Cuesta pensar bien. Si dijera que expulsan su rencor y su resentimiento porque fracasaron como reporteros o editores y cobijaron su frustración en universidades de segunda fila donde han incubado estrafalarias teorías… Todo eso sería una enormidad y un error. No se puede. Y sin embargo así obran ellos: juzgan intenciones y conciencias, expiden licencias de periodismo bueno y periodismo malo, sueltan teóricas inaplicables... Nos perdonan la vida.

Al grano. Lo importante no son sólo las fuentes y los testigos. Eso es sólo el principio. A eso hay que agregar la capacidad de depurar esas fuentes y esos testigos, valorar el relieve de su información y construir un relato veraz y adecuado: al público, al medio, al momento.

Necesitamos profesionales con esas capacidades. Gente formada para eso. No sirve cualquiera, por muy ciudadano que sea.

Decir lo que dicen Jarvis, Winer, Rosen y cía es una sinvergonzonería intelectual del mismo calibre que juzgar idénticos al curandero de la tribu que el cirujano del hospital; el albañil del pueblo que el arquitecto municipal; un robot que cuida niños o el cariño de su madre. ¿Usted a quien está dispuesto a pagar, al curandero o al médico? ¿A su vecino que le cuenta en su blog cómo fue el consejo escolar o al profesional que lo pone en contexto? Ajá.

¿Internet amplía el número de fuentes y testigos que pueden ofrecer directamente su versión? Claro. ¿Devuelve a los ciudadanos buena parte de su capacidad de intervenir en el debate público, de ser parte de la cadena de valor periodística? Claro. Y muchas cosas más y lo que te rondaré morena. Todo eso no destruye el periodismo, lo mejora.

Lo que no cambia es la necesidad de tener profesionales dedicados a buscar y levantar las noticias, definidas á la Northcliffe: lo que alguien hace en alguna parte que no quiere que sea publicado. Todo lo demás es propaganda.

¿Elimina Internet a esos que no quieren que la gente sepa? Claro que no. Sería tan absurdo como suprimir a la policía porque existe un sistema más rápido y seguro para identificar, denunciar y prender a los criminales que puede ser manejado por cualquiera. O pensar: se acabó la tiranía de los jueces –o bien: los jueces son la maldición de la justicia– y ya no los necesitamos pues unos algoritmos emparejan pruebas a favor y en contra, definen el delito y deciden la pena. Es de 1984, vamos.

¿Hay que decir estas cosas tan… elementales? Uno malicia que por detrás de ese vinagre de los gurús hay algún trauma del pasado que les ciega… En fin. Dejémoslo estar. No tengo derecho.

Periodismófobos. Uno prefiere chanzas inteligentes y estimulantes como las de Chesterton:
Periodismo consiste en informar de que ha muerto Lord Thomson a millones de lectores que no sabían que Lord Thomson estuviera vivo.
Los problemas son muy otros, estimados periodismófobos. Y a falta de Chesterton y como no podemos contar con ustedes para resolverlos… por lo menos no metan tanto ruido. No lloren, hagan el favor.

viernes, 20 de febrero de 2009

Newsweek y la supersegmentación

Newsweek ha duplicado el precio de su suscripción anual: de menos de 25 dólares a 40. Ha rediseñado y orientará los contenidos hacia la opinión y el análisis. El papel será más grueso para que los anuncios se vean mejor. El semanario quiere concentrarse en los 1,2 millones de suscriptores que tienen intereses en contenidos de análisis y rentas mayores. "Son nuestros mejores clientes y además pagan mejor", ha dicho el consejero delegado de la revista, Tom Ascheim.

Jay Rosen la ha bautizado ViewsWeek. A The Independent le gustaba llamarse ViewsPaper en mejores tiempos (¡Mucho Mejores! ¡Vuelve Simon!).

Un problema: sus columnistas –Will, Hitchens, Zakaria, Gross, Weisberg…– son buenos y buenísimos pero son muy predecibles –vale, quitemos a Zakaria– y uno puede decir casi con seguridad qué dirán sobre un tema dado –y perdonen la pedantería.

Ya puestos, podrían plantearse ser la versión impresa de Slate. Ambos medios son de la misma casa y Slate le pisa a la revista la mayoría de las firmas… antes. (¡Integración, Integración!).

Es una opción. Uno desea que la publicidad lo entienda.

domingo, 7 de diciembre de 2008

UGC

User Generated Content. Repítalo varias veces y se convertirá en un apóstol del Contenido Distribuido y quizá merezca una mención de Jay Rosen o de Jeff Jarvis. Luego haga el favor de leer este detalle que he encontrado en Not Ye Olde Banners, un reportaje de The Economist del que ya hice mención en PP por otro motivo. Comenta la información sobre las dificultades de YouTube para monetizar (atraer publicidad) sus ingentes audiencia y producto (básicamente UGC) y lo contrapone al relativo éxito publicitario de Hulu (cuyo contenido es profesional):

The lesson appears to be that the problem was not the format but the fact that so much of the footage online, especially on YouTube, is “user-generated”. Brands are wary of putting their ads next to amateur clips because they may be boring or offensive. This is less likely to be a problem with professional content.

Lo anoto para entender mejor aquel post sobre nuestra heroína belga.

Además, Hulu es de la NBC y de Murdoch. Chincha y rabia.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Te quiero Nathalie, pero te quiero camarera

Usted Es Su Propio Periodista. El mantra de los apóstoles 3.0 del contenido distribuido. Ya tienen mártir: Nathalie Lubbe Bakker. La han despedido por explicar en su blog la cogorza que se agarraron el ministro belga de Defensa y su gabinete en el B. Café, un bar belga de Nueva York. Llamó un sicario del ministerio al dueño del bar y pidió que la pusieran de patitas en la calle. Porque había quebrado su obligación profesional de discreción sobre los clientes, etc.

Nathalie [foto] es ¡Una Ciudadana 3.0! ¡Una Citizen Journalist Real! ¡El Pueblo Informándose-A-Sí-Mismo! Es otra víctima más de la fatal colusión entre política y medios.

Me sangra el corazón. Condeno el despido enérgicamente.

Y digo: si quieren de hacer de periodistas que pasen por lo mismo que nosotros. ¿O se creen que por blogueros, lectores de Chris Anderson y fans de Jeff Jarvis se ahorrarán presiones, juego sucio, chantajes, golpes y no sigo porque este blog también lo leen niños?

A las Nathalies de este mundo y a sus promotores les conviene saber que las organizaciones tradicionales de periodistas tenemos muchos defectos, pero sabemos cómo manejar a sinvergüenzas como el ministro de Defensa belga, Pieter de Crem. Y a estos desaprensivos les resulta más complicado machacarnos. Porque el dueño de nuestro trabajo suele vivir de lo mismo que nosotros y sabe que si nos doblan la mano se la doblan a su negocio. En cambio, el dueño de tu bar, querida Nathalie, vive de hervir mejillones y tirar cerveza a gente como tu ministro. Las consecuencias de todo esto ya las conoces.

En fin, que somos profesionales de la cosa. ¿O te crees que esos que mueren en México a manos del narco lo hacen porque se gana más plata escribiendo en los papeles? Por poner un ejemplo.

Nathalie, cuando te falle la tv llama al lampista. Cuando tu coche no arranque haz venir a los del taller. Si tu perrito se enferma llévalo al veterinario. Si te da un cuchuflús vete al tu médico de cabecera. Y si tu ministro se emborracha malgastando fondos públicos (Tuyos & Míos)… llama a los periodistas profesionales. Serás una ciudadana magnífica y conservarás tu empleo.

Ya sé que algunos somos incompetentes, otros corruptos y unos pocos están hechos unos cantamañanas. Pero la mayoría son profesionales. Como el lampista, el mecánico, el veterinario o el médico. La información déjanosla a nosotros –o no, pero entonces ya sabes qué pan se vende aquí.

Tranqui, Nathalie. Sé lo que sientes. Se sufre, pero se aprende.

También puedes escribir a Jay Rosen y pedirle daños y perjuicios. Lo más probable es que te dedique un post en uno de sus blogs. Arianna Huffington te escribirá un email. Jeff Jarvis te citará en una conferencia. Te nombrarán Reina de las Fiestas en varios Campus Parties. Pero no recuperarás tu empleo.

Yo, miserable periodista convencional, en cambio, te quiero bien, pero te quiero camarera y estudiante de cine y lo que tú quieras.