Mostrando entradas con la etiqueta Steward Brand. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Steward Brand. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de noviembre de 2017

La información busca ser gratuita


Ya sabíamos eso del título desde la época de Steward Brand. Pero igual le aviso que le puede deprimir... esta entrada de Leo Piccioli en su sitio de Linkedin. Leo es consultor y anda pescando, pero igual el artículo es refuerte para los que hacemos periódicos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Los dos mundos de la letra impresa

Para tí, Lucía es el último post de Hernán Casciari en Orsai. Describe allí los dos mundos de la letra impresa que de algún modo habían anticipado Steward Brand y luego Nicholas Negroponte hace por lo menos 30 años. Casciari:
El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.
El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.
Lo que se puso viejo, pero viejo de verdad, es el copy-right o derecho de autor, que es esencialmente a Gutenberg artifact, como decía Negroponte en Being Digital (1995). Las editoriales –también las de periódicos– están basadas en el valor de la letra impresa, de la información contenida en el papel. Pero esa información no vale nada. Nunca valió nada, pero mientras vaya unida al papel, a los átomos, hay que transportarla y se puede cobrar. Y se la cobramos al que lo compra, no al que la lee de ojito en el metro o lo pide prestado en el bar. Debíamos saber hace tiempo que la información no se consume con el uso y que quienes venden productos editoriales no venden información sino un objeto con el que el comprador se gratifica. Las editoriales no venden información. Nunca lo hicieron ni lo tienen que hacer, a pesar de lo que digan algunos consultores y otros vendedores de humo. Los que buscan información la buscaban ahí y la seguirán buscando donde sea, pero esos no son sus clientes.

A ellos se aplica lo que dice Negroponte cuando asegura que en la era digital los medios no son más extensiones del hombre, sino diferentes corporizaciones del mismo mensaje. Y no se aplica a los que se dan el gusto de comprar y retener un objeto, como un disco compacto con su librito, una película en su estuche y póster, un libro, una revista... o algo consumible, como un café expreso, un sándwich de jamón y tomate o un plato de gazpacho, bien servidos. Y el periodismo -no la información- tiene mucho que ver con esto.

A eso lo saben, además de Hernán Casciari, Julius Wiedemann y Tyler Brûlé.

Átomos, bits y periodismo, en Paper Papers, 30/12/08

martes, 30 de diciembre de 2008

Átomos, bits y periodismo

En el primer capítulo de Being Digital (1995) Nicholas Negroponte propone distinguir el ADN de la información entre los átomos y los bits. Toda la información puede reducirse a bits (unidad mínima binaria) porque no es material. A pesar de eso recibimos gran parte de ella en átomos de papel. La información no se destruye al usarla, la materia sí. La información no vale nada, la materia sí. La información se trasmite, la materia se transporta. Aunque no lo dice Negroponte, es larga la historia de cómo la información se despega del transporte, desde las señales de humo a bluetooth. Además, algunas de estas ideas ya estaban en el libro de Stewart Brand sobre el trabajo del Laboratorio de Medios del MIT, The Media Lab: inventing de future at MIT, un libro de 1987.

Pero esos no son lo átomos a los que se refiere la metáfora de Juan Varela: los átomos son siempre materia. Ni la de Jeff Jarvis, la del building block. Que, por cierto, hoy pienso que su mejor traducción debería ser la literal: cualquiera de los bloques -ladrillos- del edificio. La unidad más pequeña que compone una construcción y no el pilar, ni la piedra angular, ni el cimiento.

Los bits son la unidad más pequeña de información que se corporiza de diferentes maneras en diferentes medios (de nuevo Negroponte). De información, no de periodismo. El building block del periodismo es la historia, que se corporiza también de diferentes maneras en cada medio y que se trasmite por bits o por lo que toque en cada caso. Los bits y los fonemas no tienen sentido, la historia sí.

Hace tiempo que tengo un Cubo de Rubik en un estante de mi biblioteca. Lo usaba para explicarle a mis alumnos cómo es una noticia. El acontecimento es uno y ocurre una sola vez en el tiempo, mientras la noticia -el relato del acontecimiento- puede ser casi infinta. Y el medio interviene decisivamente en esa variedad. No es igual la misma película en video que en el cine, pero ni siquiera lo es en la misma sala en dos días diferentes. Hasta lo que comemos al verla influye en el mensaje.

Las nuevas tecnologías -que ya no son tan nuevas- han mostrado cabalmente lo que afirma Juan Varela: la noticia (ya) no es el átomo de la información. No lo fue nunca, pero ahora está claro para todos los casos. La noticia es un proceso, un flujo interminable al que todos aportan. Un producto de inteligencia colectiva no solo de una redacción, también del público, aunque a algunos no les guste.

El átomo de la información, en Paper Papers, 29/12/08
La información quiere ser gratis, en Paper Papers, 4/12/05