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viernes, 6 de abril de 2012

Otro que inventa el futuro del periódico


Sumo a Michel Butel a la lista de los que están fabricando el periódico del futuro. Ya saben que estoy seguro que no son los dueños del New York Times ni del Times de Londres.

Butel acaba se lanzar L'Impossible. Lean su historia en
el blog de Javier Errea. De donde copio estas traducciones del manifiesto de Butel:
“Porque los periódicos me han dado, desde pequeño, toda la información sobre el estado del mundo y de la sociedad en la que vivía. Y porque algunos de estos periódicos han conformado mi espíritu crítico (…)”. 
“Porque quiero cambiar el mundo. Cambiar el mundo no es algo que se pueda decidir. Pero sí se puede cambiar el estado de ánimo de los que viven en este mundo. Un día, si las circunstancias lo permiten, ellos contribuirán al verdadero cambio (…)”. 
“Porque la información ha muerto. Se ha vuelto inaudible, invisible… si no es animada por las palabras, por una lengua, por un estilo, por un pensamiento. Un periódico tiene que ser un acontecimiento —en el sentido radical de la palabra— en la vida de cada uno. Tiene que remover. Tiene que inquietar. Tiene que emocionar. Tiene que transmitir energía vital cada día. Y, como una droga beneficiosa, crear adicción (…)”. 
“Porque un periódico debe ser hecho como una obra de arte. Como una escultura, como una novela (…)”.

Butel está redescubriendo el secreto de los periódicos junto con Julius Wiedemann, Hernán Casciari y Tyler Brûlé, quizá sin conocerse y cada uno en su estilo.

Gracias a MRA.

Los dos mundos de la letra impresa, en Paper Papers, 22/12/11

jueves, 22 de diciembre de 2011

Los dos mundos de la letra impresa

Para tí, Lucía es el último post de Hernán Casciari en Orsai. Describe allí los dos mundos de la letra impresa que de algún modo habían anticipado Steward Brand y luego Nicholas Negroponte hace por lo menos 30 años. Casciari:
El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.
El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.
Lo que se puso viejo, pero viejo de verdad, es el copy-right o derecho de autor, que es esencialmente a Gutenberg artifact, como decía Negroponte en Being Digital (1995). Las editoriales –también las de periódicos– están basadas en el valor de la letra impresa, de la información contenida en el papel. Pero esa información no vale nada. Nunca valió nada, pero mientras vaya unida al papel, a los átomos, hay que transportarla y se puede cobrar. Y se la cobramos al que lo compra, no al que la lee de ojito en el metro o lo pide prestado en el bar. Debíamos saber hace tiempo que la información no se consume con el uso y que quienes venden productos editoriales no venden información sino un objeto con el que el comprador se gratifica. Las editoriales no venden información. Nunca lo hicieron ni lo tienen que hacer, a pesar de lo que digan algunos consultores y otros vendedores de humo. Los que buscan información la buscaban ahí y la seguirán buscando donde sea, pero esos no son sus clientes.

A ellos se aplica lo que dice Negroponte cuando asegura que en la era digital los medios no son más extensiones del hombre, sino diferentes corporizaciones del mismo mensaje. Y no se aplica a los que se dan el gusto de comprar y retener un objeto, como un disco compacto con su librito, una película en su estuche y póster, un libro, una revista... o algo consumible, como un café expreso, un sándwich de jamón y tomate o un plato de gazpacho, bien servidos. Y el periodismo -no la información- tiene mucho que ver con esto.

A eso lo saben, además de Hernán Casciari, Julius Wiedemann y Tyler Brûlé.

Átomos, bits y periodismo, en Paper Papers, 30/12/08