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lunes, 18 de noviembre de 2013

El negocio es construir comunidades

En seis puntos resumió Vincent Peyregne, el director general de WAN-IFRA, las presentaciones de la reunión Digital Media Latinoamérica que se realizó en Bogotá los días 30 y 31 de octubre. Pero a mi me dan diez:
1. La audiencia es enorme, así que hay oportunidades de ingresos masivos.

2. No teman arancelar siempre y cuando los contenidos sean relevantes.

3. Utilicen los recursos para producir contenido ineludible y único.

4. La convergencia ha trascendido la redacción.

5. Aprovechen el enorme interés en las tabletas.

6. La organización es secundaria; el público es lo primero.

7. Involúcrense con las comunidades.

8. No estamos en el negocio de las noticias: estamos construyendo comunidades.

9. El mundo móvil está cambiando las reglas del juego.

10. El mundo móvil es muy competitivo.
Varias de ellas no son grandes conclusiones, pero hay una que sí. Por fin las tecnologías están distinguiendo el periodismo de los medios y a pesar de lo que haya dicho Marshall McLuhan (que nunca dijo que el medio es el mensaje tal como lo citamos sin saber).

Construir comunidades es el negocio del periodismo y la información es el negocio de los medios.

* * *

El negocio del periodismo la serie (negociodelperiodismo)

lunes, 16 de febrero de 2009

El negocio del periodismo (2)

En Montecarlo (Misiones) hay un bar en el que es imposible aguantar más de cinco minutos. En cuanto uno llega, el empleado que lo atiende le pregunta a qué vino. Si pide una cerveza le preguntará para qué la quiere y si usted pone cara de extrañeza por el mal trato, le amenazará: si no le gusta, váyase. Alguien me explicó que no quieren extraños en ese local y hasta se tejió una leyenda sobre un posible reducto nazi (los colonos de Montecarlo son alemanes y tienen fama de muy serios). Sea como sea, ya se ve que tienen un concepto bastante peculiar del negocio de la hospitalidad.

Estoy seguro de que Ferran Adrià no contrataría a este señor para mesero en El Bulli, como nadie contrataría a Herodes para dirigir un kindergarten.

Muchas veces dejamos los periódicos en manos de personas que no tienen más pasión que el dinero (se llama codicia). Son los gerentes que recortan los costos echando a los mejores porque son los más caros. Persiguen a los que se equivocan, que son siempre los que más hacen. Miden la productividad por la cantidad de texto y no por el fuego de esas palabras. Pretenden llenar el diario con refritos sacados de Internet y creen que el público es idiota... Si tuvieran un restaurante contratarían al camarero de Montecarlo.

Ignacio Gutiérrez Zaldívar es un marchante argentino que se ha hecho rico y conocido. No es pintor, pero tiene y entiende la pasión de los artistas con quienes trata. Carmen Balcells es la legendaria agente literaria que nunca escribió una novela, pero entendía perfectamente lo que hacían sus autores. Zaldívar y Balcells saben tratar con pintores y escritores y son capaces de hacer lo que nadie: sugerir a unos y otros temas, colores, tamaños, estilos, sin inmiscuirse en la libertad de esos artistas para hacer lo que les plazca. Los artistas saben que están en buenas manos, que los consejos son sabios y que el negocio será rentable también para ellos. No hay nada mejor para un buen pintor que un galerista sagaz y detrás de todo escritor que triunfa hay siempre un editor apasionado (gracias M.R.A por recordarme el nombre de Carmen Balcells).

Hay gente capaz de encauzar en un negocio la pasión del periodismo, como hay quienes saben convertir en energía la corriente del Paraná o el viento de Tarifa. La del periodismo es una pasión de una fuerza descomunal, capaz de cambiar el mundo. Esa fuerza es la de El Quijote de la Mancha, que ha formado más la sociedad iberoamericana actual que la suma de todas las ediciones de nuestros diarios desde sus fundaciones.

Algo nos pasó y no sé cuándo, pero fue después de Pulitzer y Hearst. Ahora nos faltan Cervantes y Gerentes y no es porque no existen, es que no los buscamos bien.

Esto es apenas el presupuesto del negocio del periodismo, que va todavía mucho más allá.

Continuará... (negociodelperiodismo)

viernes, 13 de febrero de 2009

El negocio del periodismo (1)

Me quedé pensando en el periodismo deportivo. Hace tiempo escribí sobre esta realidad que implica toda una definición del negocio del periodismo. La he utilizado muchas veces, pero me temo que no se entiende tan fácilmente, así que ahora lo intento con el pie que me da TP y los contertulios nocturnos del DF.

Ese post sobre las coberturas deportivas y la entrevista a Candido Canavò, antiguo director de La Gazzetta dello Sport, me hicieron acordar de uno sobre El Gráfico. En realidad no era sobre esa revista deportiva semanal, editada en Buenos Aires desde el año 1919, sino sobre el negocio del periodismo deportivo. Decía entonces que si la Argentina consigue una desproporcionada cantidad de buenos resultados deportivos se lo debe en gran medida a la revista El Gráfico (ahora aclaro que es desproporcionada respecto de su población y de sus crisis y también que TODOS los deportistas argentinos que destacan lo hacen en especialidades en las que se gana buen dinero).

Lo suelo explicar cuando en una empresa periodística se me quejan de que no hay información deportiva porque el país, la región o la ciudad, no producen resultados deportivos que merezcan la atención y le echan la culpa a las autoridades, a los dirigentes y hasta a la alimentación o la abulia de sus ciudadanos. ¡Pero si es culpa de ustedes! Les contesto y les cuento la historia de El Gráfico que alentaba el deporte y a la vez creaba la necesidad de periodismo deportivo. El Gráfico supo ser –en sus buenos tiempos- la revista imprescindible del deporte argentino.

El negocio de El Gráfico era cambiar el deporte argentino aunque quizá ellos no lo supieran. Y el negocio del periodismo es mejorar el mundo en el que vivimos. Lo demás no es periodismo, aunque se le parezca. Lo que buscan los lectores los lunes en el periódico no es información, es periodismo. Pero es lo mismo que buscan en la portada y en la primera sección y en política y en espectáculos y en economía y en cables y en cada foto que publicamos. Buscan algo que los remueva, que les impacte, que les corte el desayuno y el hipo, que los haga soñar o llorar, sufrir o disfrutar (la prueba del desayuno es veneno para el periodismo).

El negocio del periodismo no es ganar dinero aunque lo gane y el negocio de la información hace agua por todos lados porque information want’s to be free, como nos repitió hace un par de semanas Walter Isaacson en la revista Time (How to save your newspaper). No es una novedad: lo había escrito Steward Brand en 1987 y eso quiere decir que antes lo sabía el Media Lab del MIT. El negocio del periodismo es cambiar el mundo (ya lo he dicho tantas veces, por ejemplo aquí, aquí y aquí también…) Pero es un negocio complicado porque a los que quieren cambiar el mundo nunca les ha interesado el dinero y es bastante lógico porque da un placer tanto mayor (si es que el dinero lo da).

En el fondo, la clave del negocio del periodismo consiste en aprovechar la energía descomunal de los que quieren cambiar la realidad.

Pero hace falta una pasión tan grande como el periodismo.

Continuará… (negociodelperiodismo)

miércoles, 18 de febrero de 2009

El negocio del periodismo (3)

A un periodista de Buenos Aires una vez le ofrecieron dinero para atacar a un personaje de la vida política argentina. Aceptó y se fue volando a ver a quien tenía que atacar a contárselo, así que consiguió el doble del dinero que le ofrecieron ¡para no hacer nada! Pudo ser así como nacieron los prenseros: gente que se dedica a imponer temas en la agenda de los medios a cambio de unos honorarios. Muchos de ellos han sido antes periodistas. En casi todo el mundo, quien quiera influir en la opinión pública tiene que contratar un prensero y pagarle el doble, por las dudas (no pagar es peligrosísimo). Hay prenseros que trabajan por su cuenta. Otros están a sueldo del poder. Y otros han formado sus propias empresas de opinión pública o de prensa, o trabajan para alguna de ellas.

A los periódicos se les escapa muchísima energía por los huecos que dejan en las redacciones. Por allí han florecido negocios redondos -como el de los prenseros- que hacen lo que no hacen los periodistas y muchas veces deshonestamente. Suelen corromper a los periodistas, que terminan trabajando para las fuentes más que para el periódico.

A los prenseros no se les escapa ni una línea enterrada en la página 54. Son más perseverantes y pesados que cuatro copy editors trabajando juntos. Cuando algo no aparece, llaman y llaman. Truecan favores, regalos, viajes y privilegios... por centímetros. Titulan como los dioses. Muerden como perros de presa y son capaces de hacer tres periódicos en un día. Los echamos de las redacciones hace mucho tiempo porque nos molestaban o porque preferimos trabajar con graduados en universidades de postín, de esos que no beben ni fuman pero tampoco saben nada de la vida. A esos yuppies los prenseros los manejan como corderitos mamones que se quedan encantados porque les hacen el diario: ¡Qué fácil es el periodismo! ¡Si te traen todo hecho!

Los prenseros saben bastante más que casi todos los gerentes del negocio del periodismo. Pero eso no es todo.

Continuará... (negociodelperiodismo)

sábado, 21 de febrero de 2009

El negocio del periodismo (4)

Joseph Pulitzer fundó la segunda escuela de periodismo (o la primera, según cómo se mire) en la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. Es que, a diferencia de la primera, la de Missouri en la ciudad de Columbia, está dedicada a potenciar periodistas profesionales y no a dar títulos de periodistas a quienes no lo son.

Las universidades han resultado bastante responsables de la falta de periodistas y también de la carencia de conocedores del negocio. Las cosas empezaron a fallar cuando crearon escuelas o facultades que intentaron enseñar una enfermedad, como si eso fuera posible. Pero más grave es que creyeron que lo lograban. Antes de las escuelas se distinguía a los periodistas a tres leguas, en cambio ahora cualquiera dice que es periodista y eso confunde a todos.

Para hacer periodismo hay que contratar periodistas, no graduados (aunque a veces coinciden).

Pero algunos consultores tienen tanta culpa como las escuelas del fracaso del negocio del periodismo. Los consultores tratan con los gerentes y les venden ilusiones, fuegos artificiales y mentiritas piadosas, como los vendedores de autos usados. Los gerentes compran cualquier cosa, perdidos como están. Los consultores dejan el tendal y huyen hacia adelante, allí donde nadie sabe nada de ellos. Sacan soluciones de un cajón multipropósito y manejan con codicia la función de buscar y reemplazar del procesador de texto.

El negocio del periodismo no pasa por el diseño, ni por la convergencia o la integración de sus redacciones. Esas son cuestiones formales, secundarias, que quizá ayuden a ganar eficacia o ahorrar un poco dinero o de tiempo. No es cuestión de arquitectura ni de muebles, tampoco de tecnologías ni de consejos, por más útiles que parezcan.

Si quiere tener éxito en el negocio del periodismo no busque consultores, contrate periodistas.

Continuará... (negociodelperiodismo)

El negocio del periodismo (la serie)

viernes, 27 de febrero de 2009

El negocio del periodismo (y 5)

Cuando llueve se venden paraguas; en verano trajes de baño y cuando hace frío ropa abrigada. No se le vende miel al colmenero ni se le piden peras al olmo. Son leyes elementales de la microeconomía, porque ya se sabe que hay oportunidades para cada negocio. Y también es cierto que a la oportunidad la pintan calva.

No fue la revolución industrial la que engendró los diarios populares, fue el nacimiento de la clase media a partir de la revolución industrial. Los grandes cambios tecnológicos no engendran diarios, los producen los grandes cambios sociales. Los periódicos acompañaron o lideraron esos cambios. Así nacieron los diarios de la transición española, los nuevos diarios en la antigua Unión Soviética y los que aparecerán en Cuba cuando se la isla recupere su libertad.

No es buena idea basar un negocio periodístico en una revolución tecnológica. Siempre, en cambio, habrá negocios detrás de los cambios sociales que esa revolución apareja. Pero el negocio del periodismo no consiste en ganar dinero, sino en prestar un servicio fundamental a la sociedad, en el medio que sea.

Ese servicio no es la información. No es decirles que ganó San Lorenzo, Colo Colo o la Real Sociedad; ni dar el pronóstico meteorológico, los horarios de los trenes o las farmacias de turno, o explicarles cómo funciona el tocadiscos. No lo es aunque sea parte de la misión de los medios y del periodismo, como también es información y servicio la publicidad.

El negocio del periodismo no consiste en ganar dinero y esto no es una novedad en ninguna actividad humana honesta: los que tienen éxito no son los codiciosos sino los apasionados y solo los ladrones y los extorsionadores tienen como fin único el dinero (el ajeno, claro).

Unos por codiciosos y otros por impacientes, muchos empresarios han entendido mal el imperativo de la independencia y se volvieron extorsionadores. Es otro negocio, que no periodismo, vertiginoso y cortoplacista, porque se somete a los caprichos del poder. Esos editores renunciaron al sagrado deber de mejorar el mundo y lo único que cambian es el grosor de sus billeteras a costa de las de sus hijos. Lo entendieron mal o se lo explicaron así algunos consultores que justifican con eso de la independencia su propia codicia.

Ganar dinero es crucial, pero secundario, para ser independientes y cambiar el mundo, que es lo primero. Lo que se entiende con cierta dificultad es esta escala de prioridades. Y no hay negocio más rentable -estoy hablando de dinero- que cambiar la realidad de acuerdo a las propias convicciones.

El negocio del periodismo la serie (negociodelperiodismo)