El CEO de WPP, el mayor grupo publicitario del mundo, asegura que la contracción del sector diarios y revistas debe seguir para eliminar el exceso de oferta informativa y de inventario publicitario. Es la pura ley del mercado. La misma que nos ha llevado a la presente crisis financiera y que se llevó por delante instituciones que parecían insumergibles como Lehman Brothers. La cuestión es ¿a qué precio?
Sorrell no es neutral en este escenario y lo pinta como le viene bien a su sector.
Via AdAge
sábado, 7 de noviembre de 2009
viernes, 6 de noviembre de 2009
Gaceta es moneda
Por fin descubro que gaceta quiere decir moneda. Explica su origen Juan Luis Cebrián en este capítulo de El pianista del burdel que podemos leer gratis gracias a que lo publicó elpaís.com
Los diccionarios de idiomas traducen gazzetta como gaceta o diario. Pero lo confirmé en el Zingarelli* y confieso que fue por teléfono y que sabía que estaba en la casa de LD y AMF: Moneta de mistura del valore di due soldi coniata a Venezia dal sec. XVI.
Todo empezó con el Times-Picayune y el post sobre los diarios del futuro... y sus nombres más largos. En los comentarios, un anónimo de Reus, transcribe el origen del nombre de Il Resto del Carlino de Bolonia:
Así fue como me enteré, por fin, de dónde viene la palabra gaceta, que es, más o menos, lo mismo que picayune y carlino. Es un aporte al debate sobre el pago por contenidos...
*IL NUOVO ZINGARELLI
VOCABOLARIO DELLA LINGUA ITALIANA di Nicola Zingarelli
Undicesima edizione a cura di Miro Dogliotti e Luigi Rosiello
Los diccionarios de idiomas traducen gazzetta como gaceta o diario. Pero lo confirmé en el Zingarelli* y confieso que fue por teléfono y que sabía que estaba en la casa de LD y AMF: Moneta de mistura del valore di due soldi coniata a Venezia dal sec. XVI.
Todo empezó con el Times-Picayune y el post sobre los diarios del futuro... y sus nombres más largos. En los comentarios, un anónimo de Reus, transcribe el origen del nombre de Il Resto del Carlino de Bolonia:
Bologna non è molto lontana da Firenze. Nel capoluogo fiorentino circola già nel 1885 un giornale di nome Il Resto al sigaro. Viene venduto nelle tabaccherie al prezzo di 2 centesimi. Siccome un sigaro costa 8 centesimi, è facile per gli esercenti abbinare la vendita dei due prodotti e rendersi così promotori del giornale. Alcuni bolognesi prendono l'idea e nel giro di due mesi la portano a Bologna. I loro nomi sono: Cesare Chiusoli, Giulio Padovani e Alberto Carboni. Tutti e tre hanno alle spalle studi di giurisprudenza e un'attività consolidata di giornalismo in altri quotidiani cittadini (Stella d'Italia, La Patria).
Il loro giornale esce con le stesse dimensioni e con lo stesso prezzo del foglio fiorentino. Costa due centesimi (invece dei 5 della stampa "seria" e di quella sportiva) ed ha un formato di 19 × 29 cm, addirittura più piccolo dell'attuale A4. Secondo i canoni dell'epoca la pagina "a lenzuolo" (broadsheet) è tipica della stampa d'informazione; invece i fogli cittadini popolari adottano un formato ridotto. I fondatori scelgono questo secondo formato poiché il nuovo giornale non deve fare concorrenza alla stampa "seria", ma inserirsi nel mercato delle letture leggere.
Rimane ora da scegliere il nome. Ovviamente non può essere uguale a quello del foglio ispiratore fiorentino. Ma deve mantenere un tono originale, scanzonato e bizzarro. Nella Bologna ottocentesca la moda giornalistica impone nomi come "La Striglia", "La Frusta", "Lo scappellotto". I fondatori scelgono "il Resto… del Carlino", dove i puntini di sospensione non sono messi a caso. La testata si rifà infatti a un diffuso modo di dire locale: "dare il resto del carlino" significa "dare ad ognuno il suo avere", "regolare i conti" e, per estensione, "pungolare i potenti e fustigare i prepotenti".
Así fue como me enteré, por fin, de dónde viene la palabra gaceta, que es, más o menos, lo mismo que picayune y carlino. Es un aporte al debate sobre el pago por contenidos...
*IL NUOVO ZINGARELLIVOCABOLARIO DELLA LINGUA ITALIANA di Nicola Zingarelli
Undicesima edizione a cura di Miro Dogliotti e Luigi Rosiello
jueves, 5 de noviembre de 2009
Eliminar los deportes para salvar el NYT
Es una propuesta que llegaron a estudiar en la Dama Gris. Fue descartada –por ahora:
Via Jack Shafer
Les prometo que no lo sabía en Paper Papers 5/2/09
Justo el ajuste en Paper Papers 5/2/09
Para llevar la contraria en Paper Papers 11/2/09
More radical moves, like dropping the sports section, have been rejected because they would undermine the quality of The Times or would not save much money, Keller said.En Marginal Revolution no lo tienen tan claro:
Is Keller trying to say something like: "We also don't think the section is that good, but if we cut it we'll lose those subscribers who take only one paper and still demand minimum sports coverage"? For these subscribers, is it not possible to rent out somebody else's sports section and stick it in the paper with a NYT label on it and maybe an extra article about the Knicks?En Esta Casa ya discutimos esa alternativa.
Via Jack Shafer
Les prometo que no lo sabía en Paper Papers 5/2/09
Justo el ajuste en Paper Papers 5/2/09
Para llevar la contraria en Paper Papers 11/2/09
En el Chronicle están por inventar la revista
Van a imprimir el Chronicle de San Francisco en papel ilustración (couché). Es otra señal del futuro de los diarios... pero todavía no sabemos si se convertirán en revistas (en otras épocas decíamos que se arrevistaban, pero era por su oferta segmentada en suplementos multicolores). Como las revistas están muuuuuuucho mejor que los diarios, a juzgar por el post anterior, los diarios deciden parecérseles.Los diarios tienen mucho que aprender de las revistas, pero el brillo del papel no es la razón principal por la que la gente las compra, ni la segunda, ni la tercera. Solo los anunciantes tienen una relación erótica con el papel couché. Por eso to attract advertisers es la verdadera razón del going glossy (está en el artículo de AP, mal titulado en The Huffington Post):
Besides making the Chronicle more pleasing to read, the magazine-style glossy paper could help the newspaper attract more advertisers looking to make their products shine.
De paso miren los resaltados rojos en la nota sobre el caso Jaycee Dugard en la portada de hoy del Chronicle (clic y amplía).
Gracias MRA* (el asterisco es para molestar)
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El mercado de las revistas en 20 tuits
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miércoles, 4 de noviembre de 2009
Los diarios del futuro
Hace unos cuantos años, cuando estudiaba en España, el diario con nombre más largo era EL CORREO ESPAÑOL EL PUEBLO VASCO. Difícil de vocear una cabecera tan larga que venía comprimida en la mancheta roja. La conserva como emblema, a la izquierda del logo, El Correo de Bilbao. No tardé mucho en saber que era la unión obligada de esos dos títulos en 1938 (puede ver la historía aquí)
Consolidación es la onda que viene después de la convergencia y la integración, por eso los diarios del futuro... tendrán nombres más largos.
No es ninguna novedad para El Correo de Bilbao ni para la mayoría de los diarios norteamericanos desde hace por lo menos 120 años. Joseph Pulitzer consolidó el Dispatch con el Post en St. Louis para crear el St. Louis Post-Dispatch al que luego unió el Democrat (pero ya no le cabía en el banner). [<- clic="" em="">] Cuelgo los mejores consolidiarios que encontré, presididos por el Times-Picayune de Nueva Orleáns, uno de los nombres más graciosos de diarios que conozco*. Algunos conservan en el banner hasta las tipografías diferentes de los originales.
THE NEW YORK TIMES THE WALL STREET JOURNAL (35 letras), le puede ganar en el libro Guiness a EL CORREO ESPAÑOL EL PUEBLO VASCO (28 letras):

*Picayune, del francés picaillon, es una monedita, calderilla, y el diario valía eso: a picayune.->
No es ninguna novedad para El Correo de Bilbao ni para la mayoría de los diarios norteamericanos desde hace por lo menos 120 años. Joseph Pulitzer consolidó el Dispatch con el Post en St. Louis para crear el St. Louis Post-Dispatch al que luego unió el Democrat (pero ya no le cabía en el banner). [<- clic="" em="">] Cuelgo los mejores consolidiarios que encontré, presididos por el Times-Picayune de Nueva Orleáns, uno de los nombres más graciosos de diarios que conozco*. Algunos conservan en el banner hasta las tipografías diferentes de los originales.THE NEW YORK TIMES THE WALL STREET JOURNAL (35 letras), le puede ganar en el libro Guiness a EL CORREO ESPAÑOL EL PUEBLO VASCO (28 letras):

*Picayune, del francés picaillon, es una monedita, calderilla, y el diario valía eso: a picayune.->
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martes, 3 de noviembre de 2009
¿Te interesa Britney Spears? No somos tu medio
Jim O'Shea [^], al frente de su cooperativa de viejos sabuesos, veteranos del Chicago Tribune, lo tiene clarísimo:"Si estás interesado en Britney Spears no somos tu sitio. A la gente le interesan las noticias. No interesan a todo el mundo, pero es que tampoco quiero atraer a todo el mundo".Chicago News Cooperative cobra una tarifa semanal de dos dólares. La suscripción anual al WSJ online cuesta 102 dólares. Más o menos igual.
"Tratan de crear un nuevo modelo de negocio más que un nuevo modelo de periodismo", dice James Ettema, un communications professor en Northwestern University experto en nuevos medios y periodismo público. Centrando la redacción en los asuntos más interesantes, como el gobierno municipal, la cooperativa puede salirse con la suya, agrega.
"Hay mercado para sostenerla si se centran y ofrecen un producto que la audiencia más atenta reclama". Y si cobrar por el acceso online aún no está muy claro, donantes y mecenas del estilo de los que contribuyen a la radio y tv públicas [en EEUU] pueden cubrir los agujeros en los ingresos, según Ettema. A ver.
Via Chicago Business.
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domingo, 1 de noviembre de 2009
El País y el periodismo de sospecha
Es una de las grandes especialidades de ese diario: periodismo que apenas prueba o informa de nada pero que hace pensar de todo. Cocina delicada: exige componer certeramente insinuaciones, dobles sentidos, medias verdades, calificativos y, por supuesto, fuentes anónimas A-Las-Que-Es-Imposible-Identificar-Por-Temor-A-Represalias, etc.
Las víctimas suelen ser personas o instituciones que contrarían, molestan o desafían sus expectativas y prejuicios ideológicos y, sin embargo, son eficientes o llevan buena vida o son socialmente apreciadas.
Es decir, deberían ser malas, pues no encajan en la línea del diario y/o el prejuicio del periodista… pero resulta difícil o imposible demostrarlo. Empieza entonces la siembra de suspicacias sin pruebas, sin fuentes y sin datos. El prejuicio se erige en norma de juicio.
Le tocó el turno al monasterio de Clarisas de clausura de Lerma, que ha pasado de 23 a 134 monjas y novicias en 25 años. Un récord, por lo visto. El País Semanal dedica más de 4.200 palabras a desvelar “el secreto mejor guardado de la Iglesia”, como dice la primera frase del reportaje.
Ya. Un secreto que se deja escribir en casi 27.000 caracteres (con espacios)… no debe ser tan secreto. El mismo autor asegura que el monasterio
Una sola de las fuentes es identificada. Una sola entre 134 monjas ha hablado con el autor, quien cuenta, además, que las superioras se niegan a atenderle. Se pregunta uno si, en estas condiciones, el retrato del monasterio puede ser siquiera aproximado, algo profesional.
Tampoco es difícil adivinar el sesgo del reportero. Cuando explica que sor Verónica, la superiora milagrosa del convento, tomó los hábitos a los 18 años, agrega: “Era casi una niña”. Claro. Si te haces monja a los 18 eres casi una niña. Pero si quieres abortar a esa edad eres madura. Y es que, más adelante, otro sacerdote anónimo dice de ella: “Cuando entró en el convento tenía ideas propias. No era una tontita”. ¿En qué quedamos?
El resto es técnica conocida. Consiste en cocinar dudas en el lector indefenso combinando aquellos ingredientes (insinuaciones, dobles sentidos…), de modo que se hace sospechosa a la víctima mientras se procura que no quede así escrito literalmente. Conseguir el efecto sin que se note el cuidado.
Un modo rudimentario de hacerlo es asociar la entidad o persona intachable con otras a la que el consenso social o el prejuicio de los míos tiene estigmatizadas. Automáticamente, aquella entidad queda contaminada por ese estigma.
Es el patrono cavernícola que llamaba comunista al empleado que pedía trato justo. O los comunistas que calificaban de socialfascistas a los socialistas. Unos y otros abonaban los prejuicios de su entorno, los dirigían contra sus enemigos y se beneficiaban del rechazo que generaban esas falsas etiquetas.
Así es aquí también. ¿A usted qué le parece una entidad “apoyada por el Vaticano, mimada por los monseñores, financiada por los poderosos y jaleada por los movimientos neoconservadores”? Un horror ¿no? Parece que haya regresado la Inquisición de caricatura decimonónica. Pues así se describe el monasterio de Lerma. ¿Qué les habrá parecido Lerma a los lectores de El País Semanal? Exacto: un horror comparable a Les Caves du Vatican de Gide.
El uso de calificativos, expresiones y tópicos cargados peyorativamente pero con aparente sentido objetivo es otro método típico del periodismo de sospecha. Unas muestras del reportaje:
Este periodismo suspicaz deja indefectiblemente al lector con la mosca tras la oreja. Acaba pensando que hasta lo más recto o noble refleja una postura torcida disfrazada de integridad (“Ojo con ella”, dice el autor de la Superiora).
Ciertamente, estas monjas son una diana clásica: siguen la ortodoxia católica y no encajan en el prejuicio: no son caraduras, hipócritas, encubridoras, iluminadas o pederastas. “Son urbanas y con estudios. Ninguna es inmigrante”, explica el reportaje.
¿Molestan el monasterio y sus monjas al autor del reportaje o a El País? Porque las trata como versión moderna y católica de las Brujas de Salem. ¿Es eso lo que pretende o sólo lo parece?
A los periodistas de la sospecha le cuesta aceptar la rectitud o el esfuerzo por comportarse bien. Les parece imposible. Dice de ellos un amigo: imaginan el mal antes que nada, lo presuponen sin prueba alguna. Y cita a un clásico: Cuando descubren claramente el bien, escudriñan para examinar si hay además algún mal oculto. Lástima.
Las víctimas suelen ser personas o instituciones que contrarían, molestan o desafían sus expectativas y prejuicios ideológicos y, sin embargo, son eficientes o llevan buena vida o son socialmente apreciadas.
Es decir, deberían ser malas, pues no encajan en la línea del diario y/o el prejuicio del periodista… pero resulta difícil o imposible demostrarlo. Empieza entonces la siembra de suspicacias sin pruebas, sin fuentes y sin datos. El prejuicio se erige en norma de juicio.
Le tocó el turno al monasterio de Clarisas de clausura de Lerma, que ha pasado de 23 a 134 monjas y novicias en 25 años. Un récord, por lo visto. El País Semanal dedica más de 4.200 palabras a desvelar “el secreto mejor guardado de la Iglesia”, como dice la primera frase del reportaje.
Ya. Un secreto que se deja escribir en casi 27.000 caracteres (con espacios)… no debe ser tan secreto. El mismo autor asegura que el monasterio
“está replet[o]. Acoge cada fin de semana a centenares de jóvenes peregrinos en autobuses fletados por parroquias y colegios religiosos […]. Sus puertas siempre están abiertas para los buenos cristianos”.O la Iglesia no sabe guardar secretos o el autor no sabe que un secreto es “cosa que cuidadosamente se tiene reservada y oculta”. O tal vez no es un "buen cristiano".
Una sola de las fuentes es identificada. Una sola entre 134 monjas ha hablado con el autor, quien cuenta, además, que las superioras se niegan a atenderle. Se pregunta uno si, en estas condiciones, el retrato del monasterio puede ser siquiera aproximado, algo profesional.
Tampoco es difícil adivinar el sesgo del reportero. Cuando explica que sor Verónica, la superiora milagrosa del convento, tomó los hábitos a los 18 años, agrega: “Era casi una niña”. Claro. Si te haces monja a los 18 eres casi una niña. Pero si quieres abortar a esa edad eres madura. Y es que, más adelante, otro sacerdote anónimo dice de ella: “Cuando entró en el convento tenía ideas propias. No era una tontita”. ¿En qué quedamos?
El resto es técnica conocida. Consiste en cocinar dudas en el lector indefenso combinando aquellos ingredientes (insinuaciones, dobles sentidos…), de modo que se hace sospechosa a la víctima mientras se procura que no quede así escrito literalmente. Conseguir el efecto sin que se note el cuidado.
Un modo rudimentario de hacerlo es asociar la entidad o persona intachable con otras a la que el consenso social o el prejuicio de los míos tiene estigmatizadas. Automáticamente, aquella entidad queda contaminada por ese estigma.
Es el patrono cavernícola que llamaba comunista al empleado que pedía trato justo. O los comunistas que calificaban de socialfascistas a los socialistas. Unos y otros abonaban los prejuicios de su entorno, los dirigían contra sus enemigos y se beneficiaban del rechazo que generaban esas falsas etiquetas.
Así es aquí también. ¿A usted qué le parece una entidad “apoyada por el Vaticano, mimada por los monseñores, financiada por los poderosos y jaleada por los movimientos neoconservadores”? Un horror ¿no? Parece que haya regresado la Inquisición de caricatura decimonónica. Pues así se describe el monasterio de Lerma. ¿Qué les habrá parecido Lerma a los lectores de El País Semanal? Exacto: un horror comparable a Les Caves du Vatican de Gide.
El uso de calificativos, expresiones y tópicos cargados peyorativamente pero con aparente sentido objetivo es otro método típico del periodismo de sospecha. Unas muestras del reportaje:
–“gélido zaguán [del convento]”, “basto hábito”, “fría celda”En fin. Algunas de estas perlas son topicazos del subgénero novelita comecuras que hizo fama a caballo de los siglos XIX y XX. Da pena verlas impresas en ese couché.
–“[el convento] que había albergado tras sus barrotes […] sería su hogar y su tumba”
–“aislada del mundo por muros y rejas”
–“El tiempo se había detenido cuatro siglos antes en el monasterio”
–“importan monjas sin papeles […] para evitar el cierre de conventos habitados por ancianitas”,
–“curillas de alzacuellos y bocadillo”
–“mezclan los ritos más conservadores […] con la atractiva mística […] y una puesta en escena […] algo infantil, surgida de su brillante mente de coreógrafa. […] Verónica domina”.
–“No son crías incultas provenientes del entorno rural en busca de subsistencia. […]. No son monjitas de escasa teología, pastas y agua de limón,”
–“la comunidad [es] ‘una olla de grillos intelectual difícil de gobernar’ […] dada la disparidad de los movimientos neocon que la nutren”
–“En la Iglesia nadie entiende nada de nada. Lerma ha roto sus esquemas”.
–“[…] mujeres, las convidadas de piedra durante siglos de la Iglesia católica”.
–“Verónica tiene mucho poder. Ojo con ella"
–“Todos los eclesiásticos consultados […] alaban la explosión vocacional de esta comunidad: "Es una obra de Dios". A continuación desconfían […]. Otros ven gato encerrado”.
–“Sor Verónica tampoco hace nada por explicarlo”.
–“[…] voz potente y mirada inquisitorial […]”
–“sor Blanca. Que interpreta el papel de poli malo. […] una gran actriz secundaria; ejecutiva, correosa y obstinada […]”
–“Bajo la hábil dirección espiritual de Verónica,”
–“desfile de jóvenes cabizbajas y ataviadas con una especie de uniforme de hospicio de preguerra”
–“Blanca comenzó a mover sus hilos”.
Rouco, que controla todo lo que pasa en la Iglesia española […] la Facultad de Teología de San Dámaso (la más reaccionaria […]). Y ordenó a las parroquias […]. Algo similar hizo la reaccionaria diócesis de Getafe […]”.
–“El nuevo monasterio ha supuesto un paso de gigante en su ambición”.
–“Al caer la tarde, las novicias corretean por la huerta ataviadas con batas grises y tocas blancas mientras juegan al fútbol, al baloncesto o al escondite por prescripción facultativa de sor Verónica”.
–“Mientras se alejaba de Lerma degustando las trufas de chocolate de las clarisas, el cardenal […]”
–“[…] sor Verónica salta como una pantera […]”
Este periodismo suspicaz deja indefectiblemente al lector con la mosca tras la oreja. Acaba pensando que hasta lo más recto o noble refleja una postura torcida disfrazada de integridad (“Ojo con ella”, dice el autor de la Superiora).
Ciertamente, estas monjas son una diana clásica: siguen la ortodoxia católica y no encajan en el prejuicio: no son caraduras, hipócritas, encubridoras, iluminadas o pederastas. “Son urbanas y con estudios. Ninguna es inmigrante”, explica el reportaje.
¿Molestan el monasterio y sus monjas al autor del reportaje o a El País? Porque las trata como versión moderna y católica de las Brujas de Salem. ¿Es eso lo que pretende o sólo lo parece?
A los periodistas de la sospecha le cuesta aceptar la rectitud o el esfuerzo por comportarse bien. Les parece imposible. Dice de ellos un amigo: imaginan el mal antes que nada, lo presuponen sin prueba alguna. Y cita a un clásico: Cuando descubren claramente el bien, escudriñan para examinar si hay además algún mal oculto. Lástima.
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En medio de las peleas políticas de la Argentina, incomprensibles para nosotros mismos y jeroglíficas supongo para quienes no comparten el karma mayúsculo de ser argentinos, la columna de hoy de Joaquín Morales Solá es análisis político superlativo. Eso es periodismo y esa es la misión de un diario como La Nación. También las historias de los sábados de Jorge Fernández Díaz valen con creces el precio del ejemplar.En una de esas librerías increíbles de Buenos Aires encontré una novela que buscaba hace siglos y que ya creía en el Cementerio de los Libros Olvidados. El precio era una broma, tanto que después de pagarlo le dije al librero que valía muchísimo más que el monto ridículo que acababa de entregarle. Se encogió de hombros como si no le importara vender a precio de ganga sus tesoros mejor guardados. Después pensé que si los libros tuvieran sentimientos preferirían fecundar una inteligencia a quedarse para siempre en el anaquel de una libería y que eso era parte de la explicación de su baratura.
No pondría en internet ni la columna de Morales Solá ni las historias de Jorge Fernández Díaz, por lo menos hasta que los quiosqueros devuelvan sus ejemplares.
Y creo que Morales Solá, igual que Mariano Grondona, pierden en la televisión.
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