jueves, 19 de mayo de 2016

Empresarios de medios o de periodismo


No sé de dónde salió en castellano el término redacción para nombrar al colectivo que trabaja en la confección de un periódico o al local en que ese grupo de personas trabaja, pero supongo que es el apócope de sala de redacción. Hace años los periodistas que trabajábamos en un diario nos llamábamos redactores y el escalafón llevaba esos nombres como los tenientes o sargentos de un ejército: redactor, redactor principal, redactor mayor, redactor general...

La redacción no es el cerebro ni el corazón de un medio (estoy pensando en un diario), la redacción es todo. El resto es absolutamente prescindible y cada vez está más claro. Pero no estaba tan claro hace unos cuantos años, cuando, igual que ahora, un periódico es una inmensa industria gráfica y de logística pegada a una pequeña sala de revoltosos que lo llenan de contenidos.

Las redacciones casi no han cambiado. Son idénticas las de hace 100 años a las de hoy. Solo hay computadoras donde antes había máquinas de escribir.


Bueno. Resulta que, aunque todavía muchos empresarios de medios no lo entiendan, el negocio del periodismo consiste básicamente en tener una redacción capaz de fabricar las historias que la gente busca. Y la ventaja competitiva de mi medio respecto de los otros depende del talento de mi redacción y ya no más de ninguna cuestión técnica o logística.

Los empresarios de medios no entienden esto: piensan que el periodismo es una industria gráfica, manufactura y no mentefactura y en lugar de gestionar talento capaz de producir contenidos indispensbales gestionan data-entries y copy-pasters, camiones de papel, Heildelbergs, barriles de tinta y logística de paquetes.

Los empresarios de medios están perdidos. Los de periodismo, en cambio, saben a donde van.

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