lunes, 16 de mayo de 2016

El Comabte de Iquique y los periódicos


En pleno cambio de tecnologías se libró el combate de Iquique el 21 de mayo de 1879. Se enfrentaron la corbeta chilena Esmeralda al mando de Arturo Prat y el monitor peruano Huáscar de Miguel Grau: ya puede saber qué pasó entre los dos barcos, uno de madera y el otro de acero y a vapor. Aquí la historia (la corbeta Esmeralda era de propulsión mixta: velas y hélice impulsada por una caldera a vapor; su casco tenía una protección antimoluscos de cobre)

Imagine ahora a los periódicos como navíos de tres palos y grandes velas peleando contra una task force de portaaviones y cruceros nucleares (la comparación no es nueva en Paper Papers). Enrique Dans pinta un cuadro parecido en esta interesantísima entrada de su página personal.
Hace mucho tiempo que resulta evidente que prácticamente ningún joven de menos de treinta años tiene especial afinidad por leer una publicación impresa en un trozo de árbol muerto que le da las noticias de ayer y en la que no se puede hacer clic. Las pilas de ejemplares que veo en la entrada de la universidad en la que trabajo (o como si vas a la de Periodismo, incluso, a los que supuestamente podríamos considerar más interesados) lo atestiguan. En el AVE, cuando pasan con la prensa, la pido porque así, cuando llega la bandeja con la comida, me sirve de salvamanteles encima de mi ordenador. Si algún día me llevo los pocos periódicos que aún llegan a la zona de espera del despacho, es porque estoy pintando en casa. El soporte papel ya no tiene más interés que ese, y aferrarse a él en plan romántico y hablar del olor de la tinta y de lo cómodo que es para leerlo en el sofá hace mucho que ya no tiene sentido. Y para las generaciones siguientes, menos aún. Lo del papel les resulta poco menos que marciano. Solo lo usan, los que lo usan, en esas apolilladas instituciones educativas que les obligan a bajar a una versión obsoleta de su sistema operativo cerebral.
Que El País, en pleno ataque de clarividencia, afirme que la edición principal será la online y que la impresa será simplemente lo que salga de darle a imprimir en el momento que toque cerrar la edición es simplemente una cuestión de lógica y supervivencia: el papel persistirá únicamente para lectores mayores, para suscriptores que quieren recibirlo por debajo de la puerta, y posiblemente, algo más de tiempo en algunos regionales en los que confluyen circunstancias como la edad media de los lectores y el prestigio social que parece conllevar el hecho de pagar la suscripción… pero es ya una cuestión ranciamente generacional, que muere a medida que van muriendo sus lectores. Y no, no es porque yo lo diga: ni tengo la culpa, ni se gana nada repitiendo una y otra vez que estoy equivocado. La perspectiva de ya más de dos décadas (mi tesis doctoral sobre el tema la empecé ¡¡en 1996!!) debería enseñarnos alguna cosa.
...
Decir adiós al papel no es nada más que aceptar que una tecnología con miles de años de antigüedad deja paso a otra intrínsecamente superior. Negarse a aceptar esos cambios nunca ha llevado a ningún sitio. Que El País afirme que se dispone a ir abandonando el papel tal ver quiera decir que se acaben de dar cuenta de que “la revolución digital ya está aquí“, pero más bien me parece un simple destello de sentido común. Que entre tantos compañeros de viaje vetustos y apolillados que le acompañan en esa embarcación de tres palos y a vela llamada AEDE, no deja de tener su mérito…
Genial el palo para la AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles) uno de esos puertos para barcos de papel que hay en todos los países en los que la prensa gráfica se sigue enfrentando a flotas galácticas con bonitos veleros, pero del año de la escarapela.


CR* me mandó el link del post de Enrique Dans.
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