sábado, 10 de agosto de 2013

The Washington Post en manos de un amateur


La familia Graham vendió el Washington Post. Los Sulzberger, dueños del New York Times, se desprendieron del Boston Globe. Rupert Murdoch, Sam Zell y Ted Turner están desbaratando sus conglomerados de medios para separar la industria editorial de la audiovisual. Son señales fuertes para la industria de los medios gráficos de cada rincón del mundo porque lo que ocurre en los medios de comunicación y el periodismo suele ocurrir primero en Nueva York.

Lo sabe cualquier comerciante: las cosas se venden porque alguien las compra y si son caras o baratas depende del momento, porque pueden ser caras mañana cosas que vendemos baratas hoy. El comprador del Boston Globe es John Henry, dueño de los Red Sox, el equipo de béisbol tradicional de Boston, y también del Liverpool de Inglaterra. Y quien compró The Washington Post es Jeff Bezos, el dueño de la principal vendedora on line de los Estados Unidos y el inventor de una de las tabletas electrónicas más usadas, el Kindle.

La irrupción de John Henry y Jeff Bezos en la prensa gráfica son claras señales del cumplimiento de una de las grandes profecías de Marshall McLuhan; quizá la menos conocida, porque no la ocupó para título de uno de sus libros, pero es un clásico… La digo así: quienes cambiarán a los viejos medios de comunicación no son su dueños. Por razones genéticas las familias propietarias de periódicos insisten irremediablemente en las mismas recetas que hicieron grandes a los periódicos centenarios, pero que ya no funcionan. Ningún fabricante de hielo fue capaz de inventar el refrigerador doméstico y quebraron fabricando más hielo, más grande y más frío…

A McLuhan le gusta el caso de Michael Faraday. Dice en El medio es el masaje que Faraday, igual que muchos otros grandes descubridores, llegaron a sus metas por intuición y por caminos laterales. Lo consiguieron por amateurs, por apasionados más que por profesionales. La palabra francesa, impuesta también en castellano y en inglés, es perfecta y describe la situación mucho mejor que la española aficionado. No es la afición sino la pasión la que consigue todos los descubrimientos, todas las innovaciones, todos los éxitos de este mundo. Y no es una novedad ni ahora ni en tiempos del genial McLuhan. La elocuencia es hija de la pasión, dice Lacordaire y tiene razón. Y Virgilio dice en la Eneida que la fortuna ayuda a los audaces

Cuando un multimillonario compra un diario en Sudamérica siempre sospechamos, por lo menos un poquito, que salió a comprar un paraguas. Dice un viejo y riquísimo editor argentino que su diario nunca ganó dinero, pero que le hizo ganar muchísimos buenos negocios. Nos guste o no nos guste, el periodismo –no el medio- es un negocio de poder. Y a cualquier empresario grande le hace falta un pararrayos con el poder. En Europa, Estados Unidos y Canadá nadie se plantea que los otros negocios del dueño de los medios sean incompatibles con el periodismo. O se lo plantean pero les parece lo más bien. El dueño del BBVA (el banco más grande de España) es también dueño de catorce periódicos entre nacionales y regionales y otras 90 empresas de contenidos. En nuestra América, en cambio, prohibimos tener otros negocios a los dueños de los diarios y sus parientes más directos. Es la presunción universal de inocencia contra la de sospecha: nuestros gobernantes sospechan del paraguas y del pararrayos. En realidad sospechan de todos nosotros: somos delincuentes en potencia que andan sueltos, a pesar de todo lo que digan nuestras constituciones en sus declaraciones de garantías.

Dice Bob Woodward que Jeff Bezos es el mejor comprador para el periódico de los Graham. Woodward es ya un viejo periodista del Washington Post, que se hizo famoso gracias al caso Watergate que provocó la caída de Nixon. Bezos es un creativo de la gran siete y va a mejorar el periodismo en el diario. Se lo explico de este modo: las redes sociales han ensanchado el mundo. Lo que antes conocíamos bien hoy se nos escapa y esconde. Tenemos que volver a entrar en los vericuetos perdidos de la Casa Blanca y esos rincones ya no son de cal y canto.


Lo que más vale de The Washington Post es The Washington Post en letras góticas y con todo el glamour hiperamericano de su propia marcha militar compuesta por John Sousa. Bezos compró una marca, un certificador de noticias valiosísimo, y la compró a precio de ganga. Ni los Graham tienen idea de lo que vale, pero la vendieron cansados de perder dinero. Ellos no sabían qué hacer con el periódico, con la marca, con la marcha, ni con toda su redacción llena de periodistas de primera magnitud pero difíciles de tratar. Jeff Bezos, el amateur, sí sabrá qué hacer.

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Publicado hoy en El Universo de Guayaquil (Ecuador).
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