La mayor sintonía, previa a la triste balacera, debe haber sido una escena robada de un guión de Almodóvar. Cuando los conductores empezaron a informar sobre la irrupción de un grupo vandálico al canal, iban contando con nerviosismo cómo avanzaban por las instalaciones causando destrozos y atacando a los funcionarios hasta llegar al control máster. Ahí, finalmente las tomas mostraron a un grupo de ciudadanos que, rompiendo una puerta de vidrio entran al lobby y se quedan dando vueltas, un grupo de ellos llega al set, y en lugar de provocarse una batalla histérica, de pronto el conductor estaba entrevistando a uno de los invasores, que agradecía el espacio.Estoy buscando esas imágenes para subirlas. Tengan un poco de paciencia.
Era una estudiante de derecho quiteña, María Alejandra Cevallos, quien con un discurso sereno y muy bien articulado, hizo un reclamo al Presidente por romper los acuerdos con los vetos, y por botar a la basura en 3 días el trabajo de todo un año. “Si los policías salieron a protestar, es que están inconformes. Es gente como nosotros. No venimos a matar solo quiero decir que también estoy cansada”. En ese momento algunos recordamos que justamente, la televisión pública es el espacio para la pluralidad y la diversidad que constituye una nación. La presencia pública, el espacio de representación legítimo de las diversas posturas tuvo que darse a la fuerza. No es justificable la forma, pero es legítimo el fin, expresarse como ciudadano en el espacio que le corresponde como ciudadano, el canal público.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Una chica valiente
Es de lo mejor que he leído sobre lo que pasó con la información el jueves pasado en el Ecuador. El artículo de Enrique Rojas en El Universo del domingo. Resalto estos párrafos sobre la chica que irrumpió en el canal público de TV a reclamar libertad:
El nuevo Tiempo y sus pestañas
Ediciones del sábado 2 y domingo 3 de El Tiempo de Bogotá. El rediseño, ya lo saben, es de García Media. Pueden ver detalles, razones y explicaciones en los blog de Mario García y el de Rodrigo Fino.
El diseño es jugado. De esos que hay que esperar para conocer la respuesta del público, que agradecerá que no hayan cambiado el logotipo (hoy almorcé con un empresario colombiano y me decía que no se halla a gusto en ese diario donde no encuentra las cosas).
Las nuevas tres grandes secciones y sus cabeceras las explicada Rodrigo Fino (el resaltado es suyo, las negritas y la corrección en las primeras son mías):
Todo el contenido del diario se agrupó en tres grandes macro secciones: Debes saber, que es la actualidad, lo factual, la información dura. Debes hacer, es un cuadernillo de información más relacionada al comportamiento, al que hacer, al servicio, el espectáculo. Debes leer, allí se agruparán todos los análisis, los contenidos relacionados con la opinión y la profundidad. Los nombres de estas tres secciones (que llevaron un largo e intenso debate sobre si el debes era o no imperativo o incluso si no era muy informal) marcan la intención del periódico de cuál es su selección del día y de todo aquello que los editores creen que es lo más relevante e importante de cada sección. Se le puede poner el nombre que cada uno quiera, pero esa selección estará presente siempre sino no sería un diario. Sin selección no hay edición y se sabe que en toda selección hay siempre y es inevitable una exclusión.Me canso de pellizcar las pestañas y no sale nada. Aplasto los botones de la derecha y menos. No entiendo la interactividad de internet, tomada del papel y luego falseada en el papel. Necesito que me lo expliquen. También el imperativo paternalista, justo ahora que nadie acepta que le digan lo que tiene que hacer (clic para ampliar).
Fíjense lo que les pasó en el primer número:
lo que debes hacer es striptease
El sábado 23 tenemos un seminario con Rodrigo en Buenos Aires. Se lo voy a preguntar...
NOTA 1: agradezco al cielo que no hayan cambiado el logotipo.
NOTA 2: aquí Eduardo Arriagada cuenta parte de la historia de estas pestañas.
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Diseño,
Interactividad
martes, 5 de octubre de 2010
Gugleando
Francesc Pumarola, jefe de Área de Internet de Canalvoz, de la Corporación Voz de Galicia, dedicada a las nuevas tecnologías y la gestión de la edición digital de La Voz– estrena este blog para dar pistas a las empresas sobre estrategia on line. ¡Buena suerte!
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Editores o algoritmos
Un estudio de S. Shyam Sundar y Sampada S. Marathe, profesor y doctorando del Media Effects Research Lab de Penn State University, concluye:
The obvious assumption is people would like more control over what they read. We found when it came to evaluating new stories and quality of content, customization was the preferred method for power users. If you were not a power user, you wanted the system to tailor the news for you.Y también:
When they didn't think the system was secure, they wanted to take control rather than give it up. Once they were assured of privacy, they were all for the personalization.Tomen nota de que, de nuevo, lo que aquí juega como valor esencial es la credibilidad. ¿Cuánta credibilidad genera un algoritmo? ¿Y un editor? Esperemos al próximo trabajo del Media Effects Lab.
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lunes, 4 de octubre de 2010
La publicidad contextual se contagia
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domingo, 3 de octubre de 2010
La prensa gratuita y la hermanitas de la caridad
Todos los próceres americanos han puesto a la prensa en un sitial esencial para las instituciones democráticas y republicanas, empezando por Thomas Jefferson, que se sentía más cómodo en una tiranía con prensa libre que en una democracia sin periodistas. Ahora ha sido José Mujica, presidente del Uruguay, quien acaba de asegurar que la mejor ley de prensa es la que no existe.
No sé si es por eso que hace tiempo que comparo a los medios de comunicación, pero sobre todo a los periódicos diarios, con otras instituciones de nuestras repúblicas de la América mestiza. Como Mujica o Jefferson, a mí tampoco me caben dudas de la condición esencial del periodismo en la defensa de las libertades públicas, en el control de los poderes, en la vigilancia de la gestión del gobierno, en el servicio constante a los ciudadanos y también a quienes ejercen con honestidad el poder.
Hay una antigua institución muy parecida a los periódicos, aunque es bastante anterior a nuestras democracias tal como las conocemos. Es la Universidad. La libertad de cátedra, la creación de inteligencia colectiva, el servicio a la sociedad y la formación del ser de las personas tienen una similitud casi espejada con la prensa independiente. Quizá por eso no me explico por qué a algunos académicos les puede costar entender esa libertad, ese servicio y esa misión excelsas. Y concluyo que quizá sea porque esos profesores son más autoritarios que académicos.
Pero la universidad no es la única institución parecida a los periódicos. Ahora, a raíz del debate entre los contenidos de pago y los gratuitos, o entre los que discuten si puede o no puede haber periodismo sin fines de lucro, me suelo imaginar a los periódicos como casas de comida. Es entonces cuando me pregunto si iría a comer a la fila de los homeless en el convento de las Esclavas de los Sagrados Corazones. Allí las monjitas dan de comer todos los días a una larga fila de desheredados que viven de la caridad en las calles de Buenos Aires. Nunca probé esa pitanza, pero la supongo suculenta y amable, como solo lo puede conseguir la caridad infinita de esas buenas hermanas.
La gratuidad ¿mejora o empeora el gusto de la comida? Les aseguro que agrega vértigo, aunque no sé si catalogarlo de dulce o salado. Lo supe un día que decidí probar que se podía comer gratis en los Estados Unidos: me colaba en los restaurantes de los hoteles cinco estrellas de Miami y comía a mis anchas como si fuera uno más de los pasajeros alojados en el hotel. Nadie pregunta nada si uno lo hace con decisión y está más o menos limpio y arreglado (ya lo de peinado no corre). Pero la mayoría de nosotros, cuando decidimos comer afuera de casa, elegimos el restaurante, pagamos lo que comemos y dejamos propina a los mozos que nos han servido. Y algo más que tiene un interés muy especial para la prensa: elegimos casi siempre el mismo restaurante.
¿Por qué pagamos un restaurante si las monjitas dan de comer gratis? Ya. Está bien. Hay otras razones. Entonces hagamos la pregunta de otro modo: ¿Por qué elegimos a veces Burger King y otras La Bourgogne? ¿Por qué pagamos contentos un buen vino tinto y nos molesta que nos cobren una cerveza mal enfriada? La metáfora del restaurante se aplica casi perfecta al periodismo y a la industria de los periódicos. Sin ser adivino ni hacer curso de mago estoy en condiciones de asegurar que habrá periódicos sin fines de lucro el día que los restaurantes sean todos propiedad de las Esclavas de los Sagrados Corazones.
Así son los periódicos. Como restaurantes y como universidades. Los elegimos por su calidad y por el producto que nos dan, elaborado para nosotros con toda la pasión del mundo. Los buenos periódicos, como los buenos restaurantes y las buenas universidades, son también buenos negocios. Y también hay buenas universidades y buenos medios de comunicación del estado y sin fines de lucro, igual que se puede comer donde las monjitas de la plaza Vicente López o robar desayunos en los hoteles de Miami.
¿Cuál es mejor la universidad y el mejor almuerzo?
La respuesta es muy sencilla: depende de lo que elija el respetable público, soberano mandante del gobierno, de la educación, de los almuerzos y de información pública. Claro, en un sistema democrático y republicano. Como el nuestro.
(Este artículo se publicó el viernes pasado en El Universo de Guayaquil. Solo modifiqué algunos términos y el título).
El pago, garantía de credibilidad, en Paper Papers, 27/9/10
No sé si es por eso que hace tiempo que comparo a los medios de comunicación, pero sobre todo a los periódicos diarios, con otras instituciones de nuestras repúblicas de la América mestiza. Como Mujica o Jefferson, a mí tampoco me caben dudas de la condición esencial del periodismo en la defensa de las libertades públicas, en el control de los poderes, en la vigilancia de la gestión del gobierno, en el servicio constante a los ciudadanos y también a quienes ejercen con honestidad el poder.
Hay una antigua institución muy parecida a los periódicos, aunque es bastante anterior a nuestras democracias tal como las conocemos. Es la Universidad. La libertad de cátedra, la creación de inteligencia colectiva, el servicio a la sociedad y la formación del ser de las personas tienen una similitud casi espejada con la prensa independiente. Quizá por eso no me explico por qué a algunos académicos les puede costar entender esa libertad, ese servicio y esa misión excelsas. Y concluyo que quizá sea porque esos profesores son más autoritarios que académicos.
Pero la universidad no es la única institución parecida a los periódicos. Ahora, a raíz del debate entre los contenidos de pago y los gratuitos, o entre los que discuten si puede o no puede haber periodismo sin fines de lucro, me suelo imaginar a los periódicos como casas de comida. Es entonces cuando me pregunto si iría a comer a la fila de los homeless en el convento de las Esclavas de los Sagrados Corazones. Allí las monjitas dan de comer todos los días a una larga fila de desheredados que viven de la caridad en las calles de Buenos Aires. Nunca probé esa pitanza, pero la supongo suculenta y amable, como solo lo puede conseguir la caridad infinita de esas buenas hermanas.
La gratuidad ¿mejora o empeora el gusto de la comida? Les aseguro que agrega vértigo, aunque no sé si catalogarlo de dulce o salado. Lo supe un día que decidí probar que se podía comer gratis en los Estados Unidos: me colaba en los restaurantes de los hoteles cinco estrellas de Miami y comía a mis anchas como si fuera uno más de los pasajeros alojados en el hotel. Nadie pregunta nada si uno lo hace con decisión y está más o menos limpio y arreglado (ya lo de peinado no corre). Pero la mayoría de nosotros, cuando decidimos comer afuera de casa, elegimos el restaurante, pagamos lo que comemos y dejamos propina a los mozos que nos han servido. Y algo más que tiene un interés muy especial para la prensa: elegimos casi siempre el mismo restaurante.
¿Por qué pagamos un restaurante si las monjitas dan de comer gratis? Ya. Está bien. Hay otras razones. Entonces hagamos la pregunta de otro modo: ¿Por qué elegimos a veces Burger King y otras La Bourgogne? ¿Por qué pagamos contentos un buen vino tinto y nos molesta que nos cobren una cerveza mal enfriada? La metáfora del restaurante se aplica casi perfecta al periodismo y a la industria de los periódicos. Sin ser adivino ni hacer curso de mago estoy en condiciones de asegurar que habrá periódicos sin fines de lucro el día que los restaurantes sean todos propiedad de las Esclavas de los Sagrados Corazones.
Así son los periódicos. Como restaurantes y como universidades. Los elegimos por su calidad y por el producto que nos dan, elaborado para nosotros con toda la pasión del mundo. Los buenos periódicos, como los buenos restaurantes y las buenas universidades, son también buenos negocios. Y también hay buenas universidades y buenos medios de comunicación del estado y sin fines de lucro, igual que se puede comer donde las monjitas de la plaza Vicente López o robar desayunos en los hoteles de Miami.
¿Cuál es mejor la universidad y el mejor almuerzo?
La respuesta es muy sencilla: depende de lo que elija el respetable público, soberano mandante del gobierno, de la educación, de los almuerzos y de información pública. Claro, en un sistema democrático y republicano. Como el nuestro.
(Este artículo se publicó el viernes pasado en El Universo de Guayaquil. Solo modifiqué algunos términos y el título).
El pago, garantía de credibilidad, en Paper Papers, 27/9/10
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Pago
La entrevista era falsa; el premio es verdadero
Ignacio Ramonet ha obtenido el Premio Antonio Asensio de Periodismo «por su lucha constante a favor de que otro mundo sea posible, un mundo donde la libertad se apoye sobre la justicia como forma de convivencia mundial».El jurado de la cosa estaba compuesto por Antonio Asensio Mosbah, presidente del Grupo Zeta e hijo de fundador; Francisco Matosas, consejero del grupo; Miguel Ángel Liso, director editorial; Enric Hernàndez, director de El Periódico; la periodista Rosa Cullell(ex directora general de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals); Emma Riverola, periodista y profesora; Ramon Mateu, director general de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals, y Alfonso S. Palomares, que actuó como secretario.
Este Ignacio Ramonet es el mismo autor de "Cien horas con Fidel", una entrevista falsa a Fidel Castro donde copia, con ligerísimas adaptaciones, discursos y otros textos antiguos del comandante cubano como "respuestas" a sus "preguntas".
La entrevista era falsa. El premio, verdadero. Así se las ponían a Fernando VII.
Si Antonio Asensio levantara la cabeza…
Gracias a @montsedoval por la referencia de @malaprensa
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Cantamañanas
sábado, 2 de octubre de 2010
Los límites de las redes sociales
Malcolm Gladwell se está ganando la enemiga del hooliganismo digital con "Why the revolution will not be tweeted", una pieza muy elaborada sobre las fronteras de las redes sociales, ese nuevo Mesías. Gladwell pone en su sitio a todo el entusiasmo 3.0 y argumenta (ar-gu-men-ta), entre otras cosas, que la fragilidad de los vínculos que crean Facebook, Twitter y cía difícilmente las hará capaces de promover cambios sistémicos en la sociedad. Extractos:
Social nets are effective at increasing participation—by lessening the level of motivation that participation requires.The drawbacks of networks scarcely matter if the network isn’t interested in systemic change—if it just wants to frighten or humiliate or make a splash—or if it doesn’t need to think strategically. But if you’re taking on a powerful and organized establishment you have to be a hierarchy.
This is the second crucial distinction between traditional activism and its online variant: social media are not about this kind of hierarchical organization. Facebook and the like are tools for building networks, which are the opposite, in structure and character, of hierarchies. Unlike hierarchies, with their rules and procedures, networks aren’t controlled by a single central authority. Decisions are made through consensus, and the ties that bind people to the group are loose.
There are many things, though, that networks don’t do well. Car companies sensibly use a network to organize their hundreds of suppliers, but not to design their cars. No one believes that the articulation of a coherent design philosophy is best handled by a sprawling, leaderless organizational system. Because networks don’t have a centralized leadership structure and clear lines of authority, they have real difficulty reaching consensus and setting goals. They can’t think strategically; they are chronically prone to conflict and error. How do you make difficult choices about tactics or strategy or philosophical direction when everyone has an equal say?
If Martin Luther King, Jr., had tried to do a wiki-boycott in Montgomery, he would have been steamrollered by the white power structure. And of what use would a digital communication tool be in a town where ninety-eight per cent of the black community could be reached every Sunday morning at church? The things that King needed in Birmingham—discipline and strategy—were things that online social media cannot provide.
Traslademos todo esto al mundo de la información: el periodismo requiere organización y, sobre todo, editores, en el sentido estricto de esta palabra –profesionales que seleccionan, valoran y presentan la información. Los martinlutherkings del periodismo.
¿Deben hoy esos editores tener en cuenta el flujo social? Claro y no sólo como fuente. Otra cosa es y sería suicida. Pero nunca deben ser sustituidos por ese flujo ni por el crowdsourcing ni por los periodistas ciudadanos ni por el mejor algoritmo ni por la conversación. Ni deben ni pueden: los medios se convertirían en un fluido inerte y estéril. Perderíamos todos.
Lean a Gladwell ahora mismo (aquí está en español). Y para retarse, lean también esta réplica que aparece en The Guardian –aunque tendremos que esperar alguna cosa mejor.
ACTUALIZACIÓN 06.10 I La cosa mejor ya llegó: Room to Debate, NYT
ACTUALIZACIÓN 06.10 I La cosa mejor ya llegó: Room to Debate, NYT
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viernes, 1 de octubre de 2010
Portadas Antecessor
La inestimable contribución de JFB* me ha hecho descubrir lo siguiente: la portada/tapa de Jornal de Notícias que tanto celebré ayer tiene un antecedente inmediato en otra de Ideal, el diario de Granada, del pasado 13 de Mayo. A Ideal, lo que es de Ideal. Aquí está:
En la misma e inestimable contribución, JFB* me señala que la portada/tapa con que aparece Ideal el mismo día de la huelga tampoco es moco de pavo. Verdad. Acá está:
La inestimable contribución de JFB* también me ha hecho descubrir esta entrada del blog de Paco Torres, en el que desvela una Portada Hecha a Mano de El Correo de Andalucía con ocasión de otra huelga… en 1977. Es la Portada Antecessor de la de Público de ayer. Van una y otra:

En la misma e inestimable contribución, JFB* me señala que la portada/tapa con que aparece Ideal el mismo día de la huelga tampoco es moco de pavo. Verdad. Acá está:
La inestimable contribución de JFB* también me ha hecho descubrir esta entrada del blog de Paco Torres, en el que desvela una Portada Hecha a Mano de El Correo de Andalucía con ocasión de otra huelga… en 1977. Es la Portada Antecessor de la de Público de ayer. Van una y otra:
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