jueves, 11 de enero de 2007

El síndrome de la biblioteca

Las bibliotecas son los lugares más acogedores del universo. Pero toda su magia se pierde por culpa de los bibliotecarios. Es un género y una profesión que habría que desterrar, como la de los correctores. El síndrome de la biblioteca ataca a los correctores, a la seguridad y al departamento de sistemas de los diarios. También ocurre en otras muchas industrias, pero esto es un blog sobre diarios de papel y de sangre y fuego.

El trabajo de los bibliotecarios (el masculino es pura generalización del castellano) consiste en la protección de los libros que clasifican y atesoran entre sus anaqueles. Pero resulta que esa protección impide muchas veces la lectura, que es el fin de cualquier libro y también de la biblioteca. Si los bibliotecarios fueran menos cuidadosos, las bibliotecas cumplirían mucho mejor su función. Y los libros cumplirían su misión: fecundar cerebros con ideas. Es preferible un libro perdido o robado a un libro no leído.

Bibliotecarios, guardias, informáticos y correctores tienen el mismo gen: crecen en la inseguridad, los errores y los virus, como los peces en el agua. Esas lacras son su razón de ser, como la muerte para los funebreros. Los dueños de las empresas de seguridad se frotan las manos cada vez que hay un secuestro. Asustan con virus y desgracias sin cuento los informáticos, para tener trabajo y no hacer lo que deben, que es aprovechar al máximo las prestaciones de las computadoras. A los correctores les conviene que haya errores, y si no los hay, corregirán igual los textos de los redactores, hasta dejarlos bastante peor.

Ante cada nuevo error que se cuela, virus que amenaza o robo de un bolígrafo, en lugar de asumir su responsabilidad, piden más empleados. Si no ocurre nada, dicen que es porque están ellos. Cuando se los quiere reducir, extorsionan con los virus, los errores o los robos. Medran con el miedo, y toman como rehenes a los mismos dueños y directivos de los periódicos. Como en la corrección, si se lo sabe hacer, no ocurre nada cuando se reduce al mínimo indispensable (o a cero) el número de los informáticos o del personal de seguridad.

Debe impedirse a toda costa que la seguridad, la informática y la corrección se conviertan en un ámbito de poder dentro de los periódicos. Si las hay, deben servir de la calidad de los contenidos, como los bibliotecarios, que deben facilitar la lectura de los libros, nunca impedirla.

La corrección es un nudo en el fujo de los contenidos, en Paper Papers, 31/12/06
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