sábado, 14 de octubre de 2006

Tercera generación de gratuitos

Como para confirmar que el futuro de la prensa gráfica pasa por la distribución -y el pasado y el presente- apareció en Copenhague la tercera generación de gratuitos: no se distribuyen en dispensers ni en la mano de los conmuters, no se entregan en transportes públicos ni a los conductores en los semáforos. Llegan a todas las casas del área donde circulan por abajo de la puerta. Si antes ocupaban el tiempo del viaje de casa a la oficina, ahora van a quedarse con el tiempo de los matutinos de pago. Desde la cama a la calle: el desayuno, que fue siempre propiedad de los clásicos.

Todo comenzó a principios de este año con el anuncio del grupo islandés Dagsbrún de que en otoño lanzaría un diario gratuito de calidad que sería distribuido directamente en 500.000 hogares de Copenhague. Esto llevó a los grupos más importantes de prensa danesa a lanzar sus propios gratuitos por abajo de las puertas para adelantársele en el mercado. El Nyhedsavisen apareció el 6 de octubre. Det Berlingske Officin, que publica el periódico pago Berlingske Tidende y el gratuito Urban, lanzó el Dato el 16 de agosto, un gratuito que se distribuye en todas las esquinas de Copenhague y directamente en los domicilios de las grandes ciudades de Dinamarca. Un día después del lanzamiento de Dato, JP/Politiken Hus, que publica Ekstra Bladet, Jyllands-Posten y Politiken, lanzó su propio diario gratuito, 24Timer, que se distribuye cada día en los hogares de Copenhague, Arhus y otras ciudades danesas. También MetroXpress, el gratuito de Metro International que circula en Copenhague desde el 2001, entra ahora por debajo de las puertas de las casas hasta 100 kilómetros del centro de Copenhague. Metro de Chile está empezando a ensayar lo mismo en Santiago.

Si tienen músculo para aguantar el costo de la distribución, la guerra se librará en el campo de las tarifas y la publicidad. Mientras, los matutinos de pago deberán trabajar urgente sus agendas para convencer a sus lectores de que vale la pena pagar por esos contenidos. No hay que ser Mandrake el mago para profetizar que lo que se muere no es la prensa gráfica sino la prensa de pago. Quizá él mismo se lo pueda avisar a Philip Meyer para la próxima edición de The Vanishing Newspaper.
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