viernes, 11 de marzo de 2016

Mario Vargas Llosa y la prensa

Ayer aparecieron entrevistas a Mario Vargas Llosa en Clarín y La Nación de Buenos Aires. Cosas que pasan... lo curioso es que Vargas Llosa tiene la misma ropa en las dos, lo que indicaría que tiene poca ropa o que las hizo con muy poco tiempo de diferencia entre una y otra. Y para más inri resulta que casi todos los temas de portada de los dos diarios son iguales, entre ellos la inauguración de la ExpoAgro, que es un emprendimiento conjunto.


El motivo de la nota es la aparición de su última novela, Cinco esquinas, que presentará en Buenos Aires en la Feria del Libro el próximo mes de abril. Y como la novela trata en gran parte del periodismo, les paso algunas preguntas de Ezequiel Martínez (Clarín) y Martín Rodríguez Yebra (La Nación) y las respuestas de don Mario. 

La Nación

-¿Cómo interpreta el momento crítico que vive la prensa en el mundo?
-Es un período muy malo para el periodismo. Por una parte hay una información universal que no conoce barreras. Eso que parece maravilloso crea una gran confusión porque como no hay una valoración de la seriedad de la información se puede hacer pasar gato por liebre con facilidad. No se sabe si el periodismo de papel va a sobrevivir. Felizmente creo que los libros sí van a sobrevivir.
-¿Por qué?
-La gente ha descubierto que prefiere leer los libros en papel. Me alegro porque si las pantallas se hubieran impuesto la literatura ya no habría sido lo mismo: se habría vuelto mucho más superficial.
Clarín

–En "Los nuestros", el libro que publicó en 1966 con los perfiles de quienes protagonizarían el boom de la literatura latinoamericana, el ensayista Luis Harss le dedica a usted este párrafo: “El escándalo y la publicidad son lo último que a uno se le ocurriría asociar con Vargas Llosa”. Y hoy (por ayer) un diario español titula la crónica de la presentación de su novela así: “Vargas Llosa alardeó de sexo ante las íntimas de Isabel”.
–Pues así es la vida: el escándalo y la publicidad me han salido al encuentro, no lo he buscado yo. Desgraciadamente es un fenómeno de nuestro tiempo, ya no existe lo privado, todo es pasto de la chismografía que se ha colado hasta en los medios más serios. Yo tuve que protestarle a The New York Times, que entró en esta chismografía estúpida con una calumnia donde informaba de un Twitter que no tengo ni nunca tendré donde yo hacía publicidad de mi vida privada, que además dijo que había vendido a la revista Hola toda mi chismografía sentimental y que había cobrado 180 mil dólares, ¡una cosa verdaderamente infame! ¡El New York Times, que se supone que es un periódico serio, de repente me baña de invenciones!
–Uno de los ejes de la novela es, precisamente, una crítica a la prensa sensacionalista. Usted terminó de revisar el manuscrito en el medio…
–...de este desbarajuste, sí. Pero todo lo que tiene que ver con estos pasquines lo había escrito antes, siempre fue uno de los temas centrales de la historia. No tiene sentido asociar la novela con mi vida sentimental. Pero justo me vi envuelto en toda esta publicidad al mismo tiempo que se publicaba la novela y eso ha creado una imagen muy inexacta de lo que es Cinco esquinas. Es una crítica muy radical de lo que son las dictaduras y de cómo se valen de los medios de prensa para callar las críticas y para impedir que se ejerza la oposición en condiciones más o menos de equidad, de normalidad.
–¿Y lo de la prensa sensacionalista?
–Quería contar algo relacionado con lo que fue la utilización del periodismo amarillo por la dictadura de Fujimori. Cómo utilizó el periodismo de escándalo para intimidar a los críticos, para hundir en la mugre a sus adversarios, lo que fue una política sistemática que llevó a cabo su jefe de Inteligencia, Vladimir Montesinos, que financiaba estos pasquines y se jactaba de ponerles los titulares a estos periodiquitos que se colgaban en los quioscos, en las calles, con los que le interesaba llegar al gran público. Y la verdad es que lo consiguió, porque bañaron de mugre a todo el que se atrevía a criticar al régimen.
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