martes, 10 de septiembre de 2013

La realidad es gris

Cristina Fernández de Kirchner tiene aciertos y errores, como todos los mortales. Pero no todos pensamos así en la Argentina. Para unos, todos son aciertos y para otros todos son errores. El país está dividido por una grieta profunda: de un lado todo es blanco y del otro todo es negro. Y según para donde se corra la grieta, la presidenta se pone más contenta o más… digamos vehemente. Pero hay algo que nadie discute: la viuda de Kirchner es una laburante superlativa de la política, como lo era su marido muerto.

Y en pleno frenesí laboral, cuando se queda un rato sola, se le da por subir mensajes a su cuenta de Twitter. Pero no escribe tuits sino un texto más largo, como este que usted está leyendo, que alguien –quizá ella misma- corta en párrafos de 140 caracteres y manda por la popular red social a sus más de 2.300.000 seguidores. Así que cada andanada de tuits de @CFKArgentina es una sucesión de textos entrecortados que hay que leer de abajo para arriba entreverados con otros tuits de lo más desparejos según lo que uno siga.

Desde San Petersburgo, en Rusia, donde asistía a la reunión del G20, Cristina Fernández de Kirchner tuiteó que los medios argentinos no cubrieron la elección en la intendencia de San Carlos de Bariloche, donde ganó su partido. Y hace dos semanas se enojó también porque los diarios no publicaron con el suficiente destaque que su partido fue el que más votos sacó en las elecciones primarias abiertas y obligatorias… en la Antártida.

Pero lo curioso del enojo de la presidenta con los que no publicaron sus magros triunfos es que el gobierno maneja la mayoría de los medios de comunicación de la Argentina. De los 17 diarios que hay en Buenos Aires solo cuatro no son progobierno. La mayoría de los canales y señales de televisión también responden al gobierno. Así que la presidenta debería enojarse con su propia tropa en lugar de hacerlo con los diarios y emisoras de radio y televisión que la critican.

También se lo puede ver así: los mejores lectores y editores son los funcionarios del poder. Leen hasta la última línea y arman en el aire las tapas de los diarios que les gustaría leer. No saben el trabajo que nos toma a los periodistas hacerlo a gran velocidad, cuando cae la tarde y hay que cerrar el diario. Sepan que a esa hora aceptaríamos felices ideas que expresen la esencia de las historias en unas pocas palabras, lo más cortas posibles, que cuadren en un espacio siempre limitado y que para colmo no rimen ni suenen mal.

Ocurre que, aunque sean muchos, casi nadie lee ni oye ni mira los medios del gobierno… ni siquiera los funcionarios del gobierno. Les preocupa lo que sale en los creíbles, los confiables, los que la gente compra y lee porque informan, analizan, interpretan y opinan con inteligencia… Y porque gratifican como una buena taza, humeante y olorosa, de café expreso.

Esos, los que todos leen y se parecen a un rico café, son los que no están ni a favor ni en contra de nadie porque solo sirven a la verdad. Y la mayoría de las veces la verdad no es blanca o negra. Es gris.

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La primera versión salió el viernes 6 en El Universo de Guayaquil y esta el domingo 8 en El Territorio de Posadas.
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